March 18, 2005

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Ricardo J. Galarza

La reforma del Seguro Social golpearía a la comunidad hispana con fuerza arrolladora

La administración Bush ha empezado a ejercer un fuerte lobby en el Congreso y ante la opinión pública con el fin de impulsar la reforma del Seguro Social, proyecto bandera de su segundo mandato.

La reforma del Seguro Social es una vieja pretensión de los conservadores de sustituir el sistema por cuentas privadas de retiro. Y ahora viene precedida de, por lo menos, cinco años de machacar y machacar que “el sistema está en crisis”.

En 1999, se decía que el problema era tal, que tras la jubilación de los llamados “baby boomers”, el sistema entraría en bancarrota para el año 2025. Ahora, según las propias estimaciones del gobierno, la quiebra no se daría hasta el 2042, y los expertos consideran que el sistema podría seguir funcionando perfectamente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo.

Cómo se puede ver en esto una crisis, resulta difícil de comprender.

La crisis ahora parece estar más bien en el galopante déficit fiscal en que ha incurrido la administración y que se sigue incrementando día a día con los desmedidos gastos de defensa y los recortes impositivos a la gente con ingresos superiores al millón de dólares por año. Sólo ésto último le representó al gobierno 270 mil millones de dólares en pérdidas durante el pasado año fiscal.

No es que el sistema del Seguro Social no tenga problemas. De hecho, en 1950 había 16 trabajadores por cada jubilado y hoy hay cuatro. Pero un problema similar se presentó en los 80s y fue solucionado con una inyección pertinente de capital.

Lo mismo se podría hacer ahora, como han sugerido infinidad de economistas, entre ellos nada menos que el Nóbel de economía Paul Krugman, para quien la idea de la crisis en el sistema es una cortina de humo tendida por la administración Bush para distraer la atención de los verdaderos problemas fiscales que enfrenta.

En pocas palabras, nada que no se pueda solucionar utilizando los superávit que generará la economía en los próximos años de estar bien administrada, o eliminando los millonarios recortes impositivos. Pero no, la idea no parece ser salvar el sistema, sino justamente eliminarlo.

Para los conservadores se trata de un tema ideológico. De hecho, han querido dar al traste con el sistema del Seguro Social desde que fuera establecido por Franklin Delano Roosevelt en 1933. Siempre lo han considerado un gigante burocrático, ineficiente y costoso.

No deja de resultar curioso que en los 80 los ideólogos conservadores de la época (entre ellos, el celebrado William F. Buckley) hayan empezado a citar como modelo de privatización del Seguro Social al que adoptara el régimen de Pinochet en Chile en 1980.

Hoy en día, el modelo chileno ya es citado a diario por los defensores de la reforma propuesta por Bush, y repetido por los medios de comunicación, como la gran panacea para todos los males del Seguro Social.

Se ha hablado hasta el cansancio de las bondades del experimento chileno, pero lo que no se menciona son los costos operativos que acarrea, que son 20 veces más altos que los del sistema del Seguro Social. Aproximadamente el 20 por ciento del dinero que aportan los contribuyentes chilenos se va en costos operativos. Y lo que tampoco se dice es que el Estado chileno continúa subsidiando al sistema. Traslademos esto a escala norteamericana y tendremos un monstruo 20 veces mayor que el actual problema del Seguro Social.

Lo que puede funcionar para un país específico en determinadas circunstancias, no tiene por qué ser necesariamente bueno para otro, sobre todo para otro con características tan dispares. Por lo demás, el modelo chileno no protege a los beneficiarios contra la pobreza.

En general, todos los sistemas privatizados del mundo –incluido el chileno- lo que hacen es generar enormes comisiones para la industria inversionista a expensas de los beneficiarios con menores ingresos.

Y sobre ese particular hay dos cosas de las que tampoco se habla y que no existen en Chile (por lo menos no con la voracidad que existen en EEUU): Wall Street y el lobby en el Congreso. Ni bien se privatice el sistema en Estados Unidos, habrá gran presión del lobby financiero para flexibilizar las reglas y generar comisiones. Eso es todo negocio para Wall Street.

Del otro lado de la balanza están los que pierden, que son siempre los mismos: la gente de bajos ingresos. Entre ellos se encuentran la gran mayoría de los trabajadores hispanos, que perciben la mitad que su contraparte anglosajona por el trabajo que realizan.

Además el Seguro Social, como su nombre lo indica, no es sólo un fondo de retiro. También actúa como un seguro para los casos de discapacidad por accidentes de trabajo, algo que desgraciadamente muchos latinos sufren en sus lugares de empleo.

Y si se considera el alto número de hispanos que muchas veces pierde la vida en estos accidentes, el impacto sería devastador para familias enteras. Nuestras mujeres tienden a quedarse en casa de 12 a 15 años, a diferencia de las de otro grupo étnico, y necesitan de esa pensión -sea por viudez o por discapacidad de sus maridos- para criar a sus hijos.

Por último, si el sistema chileno -que no puede proteger a sus beneficiarios contra la pobreza- es el modelo para la reforma de Bush, ¿qué va a pasar con nuestros ancianos pobres? Que, además, son muchos. Basta ir una tarde a EOFULA, o a cualquier hogar de ancianos en Estados Unidos, para constatar la realidad que viven nuestros mayores, muchos de los cuales se las tienen que arreglar con menos de 50 dólares por mes.

El problema del Seguro Social es real y va a necesitar a largo plazo un rescate del gobierno, nada que no se haya hecho antes. Pero desman-telarlo con una reforma privatizadora de dudosas consecuencias sería una locura.

Si desea información y referidos a servicios en su comunidad, llame a su Línea de Ayuda al 1-800-473-3003. Es en español, gratis y confidencial.

Return to the Frontpage