March 12, 2004

Hay Esperanza Para la Mujer Hispana Tratándose de Violencia Doméstica

Por Katia López-Hodoyán

Auque hayan transcurrido varios meses desde que “Lety” dejó a su esposo que la golpeaba, hasta la fecha vive cada día bajo una bruma de dolor y de temor. El temor es su constante compañía, ya sea en el bullicio de la gente al tomar el camión, al caminar por las calles, e inclusive al asistir a misa, revisando los alrededores de la iglesia. La ironía sin embargo, es de que hoy en día vive con mayor libertad de la que le había tocado vivir en años. Siendo una madre soltera del estado de Michoacán, Lety dejó su pueblo en el año 1991, acompañada de su hijo de apenas tres meses de nacido. Esto con las miras de venirse a Estados Unidos. Poco después conoció a “Paco”, el hombre con quien se casó y con el cual tuvo dos hijos (actualmente un niño de 11 años y una niña de seis). Fué así como Lety se encontró vertiginosamente tratando de sobrevivir como esposa, madre, mujer golpeada y sin hablar inglés. Sintiéndose confundida y desamparada, Lety sucumbió a aguantar un desenfrenado abuso tanto físico como mental que la orilló a sentirse totalmente sola por toda una década. Sin embargo, no estaba sola.


Najia Zarif (izquierda) da consejo a una mujer no identificada.

Así como Lety , existen hoy mismo, miles de mujeres que son rehénes del abuso de sus compañeros, y viven aterrorizadas por el temor de la represalia inmediata y a largo plazo, del aislamiento. El Family Violence Prevention Fund (Fondo para la Prevención de la Violencia Familiar) reporta que diariamente, sólo en los Estados Unidos, existe un promedio de más de tres mujeres asesinadas por sus compañeros. El daño va más allá del abuso físico, pues deja a las mujeres emocionalmente vulnerables a las acciones y palabras de su compañero. Lety recuerda demasiado claro cómo Paco le pedía perdón después de cada golpiza, y como por arte de magia, lo perdonaba y regresaba. “Tiene una manera muy especial de convencer a las personas dice Lety de su esposo. “No solamente me convencía de recibirlo de nuevo, pero también convencía a los que nos rodeaban de que no existía problema alguno”.

Lety sentía, además del yugo emocional que Paco ejercía sobre ella, el temor de la posible deportación. Siendo ella residente indocumentada, recuerda la gran aflicción de tomar pasos que la llevaran a ser expulsada del país. Y Paco, totalmente conciente de éste temor, la amenazaba diciéndole que llamaría al Departamente de Inmigración si se atrevía a hablarle para denunciarlo. Este cuadro doméstico no es nada raro para Najia Zarif, asistente legal del San Diego Volunteer Lawyer Program (Programa Voluntario Legal de San Diego), que como asistente trilingüe, trata a diario con clientes de habla hispana en su lucha contra la violencia doméstica.

Posiblemente de igual importancia es que Zarif escucha las historias dolorosas que aminoran la pena de estas mujeres que han callado sus problemas por tanto tiempo. Las mujeres hispanas que forman como la tercera parte de sus clientes, por lo general lo piensan dos veces antes de pedir ayuda. De la manera que se atreven a hacerlo es bajo amenazas del Child Protective Services (Servicio para Protección del Niño) de que les quitarán a sus hijos si no buscan guianza o asistencia. Lety al momento batalla con cuestiones legales pertinentes a la custodia de sus hijos. Paco vive con su hijo de 11 años y con la niña de seis. Aunque Lety tiene el derecho de verlos una vez por semana, teme que la corte le otorgue custodia permanente del hijo de 14 años, debido a la mayor estabilidad económica del marido. Sin embargo ella insiste que eso jamás pasará.

Las mujeres hispanas, como regla general, se acercan a esta ayuda con incertidumbre. Las barreras culturales y linguísticas permean tanto en su ser que a veces llegan a creer que merecen el abuso, por falta de que alguien les diga lo contrario. “El machismo produce en los hombres una situación muy peculiar”, dice Zarif. “Por un lado le atrae a algunas mujeres hispanas, y por otro lado, facilita el maltrato de las mujeres.”

Lety sabe de ésto en carne propia, pues ha sobrevivido golpes, patadas, empujones hasta un cuchillo al cuello y ser violada, pues sinceramente estaba en la creencia que como madre y esposa debía aceptar las acciones de su marido. Los que la rodeaban, reafirmaban esos pensamientos.

“Les decía a mis hermanas acerca de Paco”, comenta Lety, “pero me decían que debería aguantarlo pues era mi marido. Me decían, tú te metiste en ésto”.

El Madge Bradely Family Courthouse (La Corte de Familia Madge Bradely) procesa más de 3,000 órdenes anuales de restricción a través de sus sucursales en Vista, El Cajon, Bahía del Sur y San Diego. El Programa Voluntario Legal provee servicios legales gratuitos tanto para residentes legales como ilegales que buscan consejería en los asuntos legales los servicios sociales. Con el apoyo económico de la Corporación Altria de Sacramento, California, el SDVLP aparentemente ha logrado lo imposible. El centro cuenta con solamente dos empleadas de tiempo completo que reciben ayuda de voluntarios locales que funcionan como pilares del éxito del programa. Evaluaciones de custodia para niños, consejería a corto tiempo para matrimonios, orientación de padres de familia y clases para los mismos, son solo algunos de los servicios que ofrecen. Entre sus muchas metas, la de primordial importancia, es, sin embargo el fin del ciclo de violencia en las presentes y futuras generaciones.

Aunque ya casi borrada de su memoria, Lety recuerda a su papá pegándole a su mamá cuando era niña.

A pesar del recuerdo del dolor de su madre y los esfuerzos para sobrevivir el abuso, aún recuerda a su padre con gran compasión y misericordia. Años después se encuentra viviendo el mismo patrón.

Explica Lety como su hijo de ya 14 años a menudo le falta al respeto y le grita, al igual que su papá. “Quiero tanto a mi hijo”, dice Lety, “pero veo que en sus ojos, su papá no puede hacer nada malo. Hay veces que es como que estoy escuchando a Paco por medio de mi hijo. Nunca me ha pegado, pero hay veces que me dice que quisiera hacerlo.”

Para sanar la continuación del ciclo de violencia a través de las generaciones, Steve Allen del San Diego Domestic Violence Council (Consejo de Violencia Doméstica de San Diego) cree que se deberían de implementar enseñanzas mandatorias y diálogos acerca de la violencia doméstica en las escuelas, para contrarestar el abuso psicológico que va a la par con el físico.

A pesar del esfuerzo constante para sobrevivir su relación abusiva, siente gran consuelo al saber de que sí, en realidad, tiene derechos. Aunque la intimidan los procedimientos legales del país, dice que el SDVLP fué, en realidad, un regalo de Dios.

“Es importante saber que a menudo los inmigrantes no saben cuáles son sus derechos,” dice Carol Poirot, director ejecutivo del SDVLP. “Como no tienen derechos en su país de orígen, suponen, que aquí se aplica la misma regla.”

Si los fondos lo permiten, el SDVLP está en el proceso de emplear a un abogado bilingüe que pueda ayudar a las víctimas de violencia doméstica sin la necesidad de ir a Corte. Poirot reconoce que sólo un pequeño porcentage de las mujeres víctimas van a la Corte, abriendo así, la oportunidad para que las mujeres reciban ayuda sin la necesidad de los procedimientos legales. Es importante tomar nota de que todas las razas son más o menos vulnerables a la violencia, y a pesar de estereotipos, el abuso físico no se limita a las vecindades de escasos recursos ni de hogares de minoría.

Al pasar de los días, la autoestima de Lety mejora rápidamente. Aunque necesariamente exiten nuevos retos, ha logrado, lo que parecía imposible en el pasado. Vive su vida viendo hacia el f uturo, sintiéndose feliz y orgullosa de que lo está logrando. Ha sido un precio alto que pagar, pero, a final de cuentas vale la pena. Si usted o alguien que conoce es víctima de violencia doméstica puede llamar al Programa de Abogados Voluntarios de San Diego al (619) 687-2227.

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