March 9, 2001


Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante

Director de The Christophers

El Amor Bien Entendido

Mi primo Michael y yo nacimos con un año de diferencia y, como tengo dos hermanas, Michael era como un hermano para mí. Siendo mayor que yo, se sentía mi protector. Vivíamos en Brooklyn, Nueva York, y Michael conocía bien el mundo de la calle —con un sentido de la realidad de la vida que yo no tenía ni en sueños. Michael era rápido, vivo, y yo lo admiraba tanto. Tenía una astucia, una percepción increíbles, podía "captar" a la gente en cuestión de segundos. Era divertido, buen mozo, amable, y cualquier cosa que dijera sonaba como la pura verdad —aún la mentira más grande.

Pero durante la escuela secundaria empezamos a tomar distintos rumbos. Michael se lanzó a un mundo totalmente desconocido para mí —be-biendo en exceso, experimentando con drogas, dándose a todo tipo de diversiones, a veces llegando a perder el control totalmente. Sus padres, sus maestros y hasta algunos amigos trataron de ayudarlo, pero Michael era muy astuto —capaz de mirarlo a uno a los ojos, decir que las drogas y el alcohol eran lo peor que había, y jurar que ya había acabado con ellos. Y al día siguientes estaba totalmente drogado.

Y así fue durante algunos años. Sabíamos que mentía, pero quisimos creer en él y aceptamos lo que tendríamos que haber rechazado. Recuerdo a veces cuando me sentaba con él y le preguntaba cómo iba su "problema" y, como siempre, Michael me aseguraba que —aunque algunos momentos habían sido difíciles— ya estaba mejor encaminado. Una vez hasta me dió las pastillas que acostumbraba tomar. "Tíralas", me dijo, "quiero olvidarme de ellas". Y le creí, hasta que descubrí que me había dado sólo unas pocas de las que tomaba.

En el fondo, siempre sentí que me mentía. Pero es difícil enfrentar al ser querido, oir sus historias y decirle que no le creemos ni una palabra. Quizás yo quería preservar el cariño y la amistad de Michael, en lugar de exponerlo a la cruel verdad.

Hasta que un día, hace unos años atrás, las mentiras y la adicción lo derrotaron. Una noche se drogó más de lo que su organismo pudo soportar y a las pocas horas falleció.

Su muerte fue terrible para toda la familia. Deberíamos haberlo prevenido, pero cerramos los ojos a lo inevitable. Durante el velatorio y el funeral, nuestras emociones eran confusas —rabia contra las drogas, contra Michael, contra Dios. Y si hubiéramos sido honestos, deberíamos haber tenido rabia con nosotros mismos. Porque, en el fondo, sabíamos que podríamos haber hecho algo más por Michael.

El pasado diciembre, cerca de Navidad, pensé en lo que realmente significa "estar con los seres queridos". Divertirnos con ellos, comer con ellos, ir a la iglesia juntos, darles regalos, todo eso es importante y bueno. Pero también debemos usar el tiempo —a lo largo del año— para decirnos las verdades. Aún las verdades inevitables y dolorosas.

Cualquiera que sea el problema —drogas, alcohol, sexo, mentiras, trampas, robo— enfrentar al ser querido con la verdad es la mayor prueba de cariño. Los verdaderos amigos no dicen solamente "Si". Los verdaderos amigos también saben decir "No".

Para obtener una copia gratis de ECOS S-210 "Rompiendo las cadenas de la adicción" escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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