March 5, 2004

Comentario

Los Usos y Abusos en Haití

Por Humberto Caspa, Ph.D

A pocos días de la renuncia del Presidente Jean Bertrand Aristide, y su eventual refugio en la República de África Central, la situación en Haití se ha convertido en un huracán político y social sin control. Aristide se fue y se llevó todo, incluyendo a la democracia de su país, al cual dejó desmantelada, desnuda, a merced de unos forajidos políticos y criminales a sueldo que tuvieron participación directa durante los regímenes dictatoriales de la familia Duvalier y el ex-comandante militar Raul Cedras.

La historia en Haití se vuelve a repetir. Los espíritus de la dictadura vuelven a deambular en las calles de su capital y el Palacio Presidencial; las invasiones virulentas de contingentes militares estadounidenses, que son parte inherente a la desdicha haitiana, vuelven también a hacerse presente. Esta vez, sin embargo, la intervención norteamericana no es por razones económicas o sociales, sino estrictamente por intereses políticos.

A diferencia de algunos países latinoamericanos, Haití no cuenta con recursos naturales vastos que persuadan a la inversión extranjera. La carta del turismo, el cual supuestamente podría ser elemento promisorio por el hecho de localizarse en una latitud prometedora del Caribe, no es un condicionante económico que permitiera el flujo de capitales internacionales. Lo anterior debido a la inestabilidad política, la inseguridad que ha producido la reciente crisis y la falta de infraestructura. Por otra parte, la fuerza de trabajo, técnicamente la más barata de la región, tampoco le interesa al inversionista extranjero. En Haití cuesta más caro entrenar a un trabajador que en cualquier país latinoa-mericano. 55% de su población no sabe leer ni escribir, tiene el nivel más bajo de educación en la región. Asimismo, el Producto Interno Bruto (PIB) es cerca de 12.000 millones de dólares, y el PIB per capita unos 450 dólares anuales; 80% de la población vive en la pobreza; y la agricultura todavía emplea a más de 68% de población económica activa. En consecuencia, no cuenta con un mercado interno urbano, competente como para incentivar la movilización de productos extranjeros.

Sin embargo, a pesar de estos condicionantes económicos, Haití es uno de los países de la región donde los estadounidenses han tenido mayor intervención militar directa. Entonces, ¿Cuáles son los intereses del gobierno norteamericano en ese país?

El entorno de la intervención militar de los Estados Unidos en Haití ha sido por motivos políticos, particularmente en las dos últimas décadas. Después de la deposición del Presidente Aristide en 1991, a raíz de un golpe de estado del comandante Raul Cedras, produjo una oleada de reacciones negativas en las poblaciones Afro-Americanas en nuestro país, particularmente después del flujo migratorio que causó la represión dictatorial.

Inicialmente, la posición del entonces Presidente Bill Clinton fue mantener una política “de baja intensidad” en la región. Sin embargo los balseros haitianos que desembocaron en las playas de Florida, y que luego fueron repatriados abruptamente, causó el reclamo inusitado de los líderes Negros norteamericanos, obligando al Presidente a tomar una medida intervensionista que culminó con la invasión de 2000 marines en 1994. Haití volvió a la normalidad institucional, Jean Bertrand Aristide regresó al poder y finalmente se restauró la democracia en su país.

A pesar de que los años son diferentes, las circunstancias actuales son potencialmente similares a la década anterior. Tal vez la única diferencia es que ahora el gobierno de George W. Bush tácitamente apoya a los rebeldes y no al líder electo a través de las urnas.

Haití continúa siendo el país más pobre de la región. No existe alguna razón económica por la cual el Presidente norteamericano ordene una intervenir militar en la zona. Empero las elecciones presidenciales se avecinan, están a sólo meses de llevarse a cabo, y éste es un elemento político significativo para que George W. Bush busque una política de acuerdo a sus intereses en Haití, especialmente después de tres meses fatídicos de su administración en términos de política doméstica e internacional.

De momento, lo más importante es ofuscar cualquier intento de brote migratorio como ocurriera con los balseros de 1993. La recientemente intervención militar de los marines comprueba que George W. Bush está tratando de evitar que la crisis haitiana se inserte en la política doméstica del país. En el vocablo maquiavélico, es un movimiento “inteligente” que le permite ganar adeptos en la plataforma conservadora de su partido. Pero para los haitianos, que en estos momentos necesitan más del amparo económico que el apoyo moral, es una respuesta contra-producente que no favorece ni a sus instituciones políticas ni a las necesidades de su población.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue Catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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