March 3, 2006

Comentario:

El problema de los reclusorios

Por Humberto Caspa, PhD.

La pobreza, la criminalidad, el hampa y el caos social que afecta a muchas zonas metropolitanas del país son productos de un proceso de marginación económico que castiga sistemáticamente a los de abajo y beneficia a los de arriba. La precariedad y el problema en las cárceles de Los Angeles, por ejemplo, es una extensión de dicha marginación.

Todo empezó a inicios del mes de Febrero, cuando una trifulca de 2000 presos de un reclusorio del norte de Los Ángeles produjo la muerte de un presidiario de raíces negras. Esta semana, otro altercado motivó la deceso de otro preso negro.

De acuerdo a fuentes periodísticas, hubo 58 homicidios durante el presente año, y muchos de ellos están relacionados a las pandillas. Esas mismas fuentes calculan que tres personas mueren a diario, desde el año nuevo.

La policía de Los Ángeles argumenta que el problema se inició con una orden de jefes de pandilleros latinos, quienes aparentemente habían sufrido la muerte de uno de los suyos por parte de otro grupo de pandilleros negros. El sheriff Lee Baca y otros líderes policiales subrayan que es una cuestión de venganza y racismo. ¡Qué poca idea tienen de lo que sucede!

El problema que se presenta en las cárceles es mucho más grave de lo que se explicita. Evidentemente, como hacen notar algunos medios de comunicación, la situación en los centros penitenciarios es una extensión de los problemas sociales que se presentan en los barrios latinos y el “hood” de los negros. En consecuencia, las peleas entre los grupos pandilleros, la pobreza, el incremento del hampa y la criminalidad en estas zonas son productos del abandono de las políticas del gobierno local, que ha dejado la resolución de los conflictos sociales a la “mano invisible” del mercado o a un sector empresarial que nunca le ha importando resolverlos.

Mientras el gobierno local no intervenga, a través del apoyo económico a organizaciones no lucrativas especializadas o directamente por medio de agencias gubernamentales, la precariedad en las calles de los barrios latinos y de negros continuarán.

Lo que pasa en Los Ángeles me recuerda mucho, aunque todavía yo no existía, lo que aconteció durante la década de los 20 en Nueva York. En ese periodo, las diferencias económicas de los diversos grupos sociales se incrementó notablemente a raíz de las políticas de laissez faire o comúnmente llamadas de libre mercado.

Nueva York se polarizó. La pobreza se extendió diametralmente en las zonas urbanas, aumentado los índices de criminalidad y los otros males sociales que acompañan normalmente a la miseria. Mientras tanto, un grupo pequeño lucraba con la explotación de las masas neoyorquinas. Las diferencias fueron tan graves que finalmente explotó con la caída de la bolsa de valores en 1929, y consiguientemente sobrevino la Gran Depresión.

Entonces, no es ninguna casualidad que el héroe mitológico de Batman haya sido creado a fines de la década de los 1930. Su progenitor, Bob Kane, fue testigo de ese debacle económico durante su adolescencia y experimentó en carne propia la Gran Depresión y los años de desigualdades sociales que la precedieron.

Las políticas intervensionistas del ex presidente Franklin D. Roosevelt pusieron fin a la Gran Depresión y también resolvieron el problema de la pobreza. Uno de sus grandes logros fue crear trabajos a través de recursos nacionales en zonas donde el poder del mercado nunca se atrevió a invertir. Se edificaron escuelas, centros de salubridad y se crearon zonas comerciales en lugares abandonados. Los pobres se levantaron como por arte de magia y los males sociales también desaparecieron.

Lo que sucede en Los Ángeles es similar a lo que aconteció en la Nueva York de los 1920s debido a que existe un paradigma económico con las mismas características.

No podemos pedir la intervención directa del gobierno federal o estatal pero si podemos exigir al gobierno local a que provea con recursos materiales y económicos a grupos especializados en esos problemas.

El enfoque no debe claudicar en una tarea que incluya simplemente deshacerse de las pandillas sino también de darle oportunidades reales de trabajo, estudio, etc. a aquellos jóvenes propensos a los efectos de estos males sociales. De no ser así, seguiremos incrementando el número de presos en nuestras cárceles y tendremos más peleas y crímenes dentro de esos establecimientos correccionales.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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