March 1, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Fabián Doman

¿La Invasión Argentina?

El Departamento de Justicia anunció que a partir del jueves 21 de febrero los argentinos necesitan de una visa de turista para ingresar en territorio norteamericano.

Desde 1996 hasta ahora la Argentina gozó de lo que se conoce como Programa Visa Waiver, por el cual los nacionales podían ingresar y permanecer en Estados Unidos por 90 días sin necesidad de permiso alguno. Otros 28 países en el mundo tienen el mismo privilegio (Uruguay en Latinoa-mérica y la mayoría de las naciones europeas).

Hace meses que en Argentina se sabía que Estados Unidos podía tomar esta decisión. Los sucesos terroristas del 11 de septiembre endurecieron las leyes inmigratorias norteamericanas y por lo tanto a nadie llamó demasiado la atención que el Departamento de Estado anunciará en noviembre que se revisaría el status de seis países del programa Visa Waiver, entre los que se encontraba la Argentina.

Pero imprevistamente y antes de que se anunciaran los resultados de aquella revisión, el Departamento de Justicia en consulta con el Departamento de Estado, resolvió quitarles a los argentinos el régimen Visa Waiver de un día para otro. Tan cruel y vergonzoso ha resultado para los argentinos, la decisión, como las causas que la motivaron. "El colapso económico, la desocupación del 20% y la incertidumbre económica" son algunos de los argumentos —todos ciertos— que justificaron la medida.

Desde el punto de vista estrictamente legal, la decisión final tiene que ver, siempre según las propias autoridades norteamericanas con el hecho de que "los argentinos utilizaron el programa Visa Waiver para ingresar y permanecer en forma ilegal en Estados Unidos por un lapso superior a los 90 días permitidos por la ley".

Samuel Gelblung, conductor de uno de los espacios de radio de mayor suceso en Argentina, cuando se enteró de los motivos por los que Estados Unidos tomaba esta fuerte resolución, solo atinó a reaccionar señalando que "es una noticia que recibimos con dolor y vergüenza al mismo tiempo".

¿Es tan tremendo tener que tramitar una visa en un consulado norteamericano? ¿El procedimiento promete ser tan torturante que ningún argentino lo quiere soportar? ¿Los argentinos somos tan importantes que no estamos en condiciones de tener que hacer una fila frente a un Consulado?

La desilusión no pasa solo por tener que esperar en una fila una noche entera antes de lograr ser entrevistado por un oficial de inmigración nortea-mericano (en los primeros días las filas fuera de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires eran de varias cuadras). La desazón no es la consecuencia de tener que pagar 45 dólares por el trámite, sino la comprobación de que cada día Argentina esta más lejos de Estados Unidos.

El fastidio de tener que comprobar que de aquellas "Relaciones Carnales" del gobierno de Carlos Menem solo queda un recuerdo y las frases de circunstancia "de país aliado" y "nación amiga" son muy poca cosa para un Fondo Monetario que se acordó de ser duro con Argentina cuando las cosas se complicaron, después de haber financiado y aplau-dido durante años la fiesta de la convertibilidad.

Argentina lentamente vuelve a ser o por primera vez es Latinoamérica. Ya no hay lazos como los había a comienzos de siglo con Europa. Buenos Aires no es París. Las relaciones con Washington no son muy distintas que la de cualquier otro país del continente. La participación argentina en la guerra del Golfo es un buen recuerdo de Bush padre, pero no de su hijo.

Como nunca Argentina depende los argentinos y de nadie más. Perfectamente se pudo haber comunicado la decisión de solicitarles nuevamente visa a los argentinos, sin mediar ningún tipo de calificación o explicación alguna sobre el país (sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un Estado, el norteamericano, que deja muchas cosas sin explicar) o mencionando solo el hecho real, de que cada vez más argentinos ingresan y permanecen en forma ilegal con el programa Visa Waiver.

La Argentina es dueña de su destino. No llegó a donde está por designio de nadie ni por la maldad de ninguna nación, sino como consecuencia de una serie de políticas y decisiones equivocadas.

La credibilidad que hemos dilapidado los argentinos es nuestra responsabilidad y eso no esta en discusión.

Lo que más duele no solo es la absoluta falta de compromiso de Estados Unidos con Argentina en el momento más difícil de su historia. Si no que la administración republicana en Washington se congratule y felicite por abandonar, otra vez, a un país Latinoamericano —su "patio trasero"— librado a su suerte.

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