June 29, 2001

Mis Hijas Americanas: Un Relato Dominicano

Demuestra el Drama Entre Padres Inmigrantes y sus Hijas Nacidas en los Estados Unidos

Antonia "Sandra" y Juan "Bautista" Ortiz son inmigrantes muy trabajadores quienes viven una vida humilde en Brooklyn, Nueva York y sueñan en jubilarse e irse a su tierra natal, la República Dominicana. Sus hijas, todas nacidas en los Estados Unidos, tienen ideas y sueños distintos. Bienvenidos a las contradicciones agridulces de la vida contemporánea de inmigrantes como lo es revelado en Mis Hijas Americanas: Un Relato Dominicano (My American Girls: A Dominican Story), un retrato dramático en la vida de una familia dominicana luchando por vivir el sueño americano.

En 1975, Sandra se convirtió en la primera inmigrante de su familia dominicana luchando por vivir el sueño americano.

"My American Girls", un documental de Aaron Matthews, se estrenará el martes, 3 de julio, a las 10 p.m. en la cadena de televión PBS (revise su programación local para el horario).

En 1975, Sandra se convirtió en la primera inmigrante de su familia cuando llegó a Nueva York desde la República Dominicana con la ilusión de mejorar su situación económica. Conoció a Bautista, también un inmigrante dominicano, se casaron y empezaron a traer al resto de sus familiares —menos sus padres— para Brooklyn, Nueva York.

Como es el caso de la mayoría de inmigrantes, Sandra y Bautista trabajan largas horas por sueldos relativamente mínimos comparados a los salarios normales en los Estados Unidos. Y aún así, es suficiente para mantener una vida estable de clase media en Brooklyn dándole a sus hijas las ventajas de ciudadanía y educación Americana. La Familia Ortiz regresa de vez en cuando a la República Dominicana para las reuniones familiares llevando bolsas de regalos. Empiezan a ganar lo suficiente y a juntar dinero para cuando se jubilen construir la casa de sus sueños en su isla querida.

La añoranza de los padres inmigrantes por su tierra natal, su disciplina y ganas de trabajar, tanto como su objetivo claro van en contra de las actitudes independientes de sus tres hijas Dominicana-Americanas. Es el contraste de culturas la cual forma la columna dramática de My American Girls.

Empezamos con Monica, la hija mayor, muy inteligente, quien domina los estudios universitarios, aspira con ser actriz, vive en Manhattan y se siente incómoda con la cultura dominicana. Mayra, la menor, se identifica como "niña del barrio" y tiene problemas en la escuela. Aída, la segunda hija, se preocupa más por ganar dinero para comprar las cosas que quiere y tiene poca paciencia con la situación económica en la que viven sus padres.

Dice el cineasta Matthews: "Cuando ves a la familia Ortiz y observas a lo que tienen que enfrentarse —educación, oportunidades ganadas y perdidas, el papel de la mamá, el lugar de la mujer en la familia, las obligaciones familiares y del trabajo y el logro de los sueños— te das cuenta de que son temas que nos afectan a todos".

En un detalle verdadero, My American Girls pinta un retrato íntimo de la experiencia del inmigrante a los fines del siglo veinte. Al final Sandra se da cuenta de la ironía de su situación: Al jubilarse y regresar a la República Dominicana, abandonará de nuevo a su familia en los Estados Unidos.

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