June 29, 2001

Comentario

La Procuración de la Justicia en México ¿Un Juego Sucio?

Por Lourdes Davis

La esperanza de vivir dentro de una sociedad en que la justicia prevalezca se sigue viendo como una utopía en muchos países de Latinoamérica y México no es la excepción.

En México, en muchas ocasiones la justicia parece inexistente, debido al hecho de que a las autoridades mexicanas les gusta ponerla en "receso" hasta que se establezca cierta jerarquía. Dentro de esta jerarquía, la procuración de la justicia dependerá de quién es la víctima, quién es el acusado y quién se beneficiará al final del proceso.

Si la víctima es un miembro del gobierno de México, la procuración de la justicia se inicia de una manera rápida, sin dilación, aunque los resultados no sean siempre exitosos. Pero es importante que esta víctima pertenezca al partido político en vigencia y que esté en términos amigables con los miembros del partido.

De otra manera, el proceso de investigación se alarga sin tomar en consideración el costo, como está sucediendo con el caso de Luis Donaldo Colosio. La investigación sobre el asesinato de Colosio ya le ha costado al gobierno de México una "pequeña fortuna" y todavía hay preguntas que parece nunca tendrán respuesta.

Este es un tipo de justicia deshumanizado que incita a que jueces, abogados, políticos y miembros de la policía recurran a prácticas injustas, completamente ajenas al orden judicial vigente. Lo anterior sugiere un sistema de justicia en estado de decadencia en el que los intereses políticos toman el papel principal y la ideología de encontrar la verdad y equidad pasan a un plano secundario.

Para que la procuración de la justicia sea efectiva, ésta tiene que ser un proceso rápido y justo, libre de intereses políticos, corrupción e incompetencia. En este momento, lo anterior parece inalcanzable para muchas víctimas en México.

Al final de esta "jerarquía para la procuración de la justicia" tenemos a esas víctimas que parecen inexistentes y nadie está interesado en su infortunio, por lo que la "justicia" asume la misma actitud desinteresada. Estas víctimas se convierten sólo en estadísticas de casos no resueltos y pasan a formar parte de archivos que terminan empolvados por siglos por venir.

La falta de solución a estos casos sirve como incentivo para el hampa. Por lo que aumenta el porcentaje de toda clase de crimen y la población se ve obligada a vivir diariamente en alerta constante, casi en estado de cuarentena.

La falta de solución a esta violencia, ha ayudado a que el D.F. ocupe un lugar entre las diez ciudades más peligrosas del mundo. Los constantes asaltos a transeúntes, robos a domicilios privados, secuestros tanto de adultos como de niños, robos a comercios y la inseguridad dentro del transporte público (especialmente lo inseguro que es el tomar un taxi a determinadas horas del día) se ha convertido en una verdadera epidemia. El D.F. está pasando por una verdadera crisis de inmoralidad. Parece que el hampa ha tomado control de la ciudad y las autoridades en desesperación han decidido "cruzar los brazos".

Hoy en día, la violencia registrada en la Ciudad de México ha superado el nivel histórico observado en los años 60. Dentro de este marco delictivo, el pedir justicia implica un proceso semejante al de la lotería. Si la víctima tiene suerte, su caso es atendido y con un poco de "tino" de parte de la policía se le da solución al problema. Sin embargo, en el momento en que las autoridades se topan con una pequeña barrera que implique esfuerzo y trabajo, el caso se califica "cerrado" y se archiva "para siempre".

En medio de estos dos extremos, tenemos a un grupo de víctimas cuyos familiares claman justicia, pero ésta parece inalcanzable. En muchas instancias, estos familiares se convierten ellos mismos en víctimas de politiqueros, policías, investigadores y abogados que deliberadamente obstruyen la justicia y deciden aprovecharse del sufrimiento de otros para hacer unos cuantos pesos extras.

De esta manera, el encontrar justicia se convierte en el juego "del dinero" y el que tiene más gana. Este es un "juego" que algunas autoridades y muchos abogados han aprendido a utilizar muy bien. Algunos abogados asumen el papel de verdaderos "abogansters" y la frase "dime cuánto tienes y te diré si ganas o pierdes el caso" se convierte en un cliché.

La falta de ética de algunos abogados y defensores de la ley deja a las víctimas sin una verdadera representación. La corrupción, el cinismo y el abuso del poder que estos hombres despliegan abiertamente, muestra claramente la decadencia moral por la que pasa la sociedad mexicana actual.

Una vez empezado el juego "del dinero", dólares o pesos circulan de mano a mano y comienza la manipulación de pruebas y la fabricación de testigos (documentos dsa-parecen o sus envíos son retrasados y falsos documentos aparecen de "la nada"). Así, las víctimas terminan siendo "víctimas y culpables" al mismo tiempo, sin que nadie muestre sorpresa de lo anterior.

De este modo, el sistema penal y la policía de México se convierten en una burla para los "abogansters" y el hampa. Y la equilibrada procuración de la justicia sigue siendo sólo una fantasía.

En México hay muchos "abogansters" sin escrúpulos y desafortunadamente muchas veces entran en defensa de criminales. Estos hombres pretenden ser más inteligentes que los procuradores de justicia, valiéndose de toda clase de trucos y actos sucios con tal de engañar a los magistrados.

Así, el proceso de encontrar justicia se convierte en un "verdadero teatro" en que los jueces parecen no poder discernir entre la verdad y la mentira. Y en lugar de justicia, las víctimas son sometidas a más injurias.

De esta manera, se puede afirmar que en materia de la procuración de la justicia, en México se ha llegado a lo absurdo. Parecen más protegidos constitucional y legalmente los delincuentes que las víctimas.

El principal derecho de la persona afectada es lograr la reparación del daño, es decir, debe de haber un pago moral por una acción ilícita. Sin embargo, lo anterior parece inexistente en nuestra nación. Es tiempo de que se eleven a un nivel constitucional los derechos de las víctimas y ofendidos.

Por último, tenemos esos casos en que la policía no parece tener ni la menor intención de encontrar al delincuente, por lo que la procuración de la justicia se ve frustrada al máximo. Dentro de este grupo encontramos a muchos periodistas de México que son víctimas de numerosos agravios, pues ciertosele-mentos" de nuestra sociedad los acusan de reportar la verdad.

Así parece que los periodistas mexicanos no tienen un lugar dentro de la "jerarquía" para la procuración de la justicia y el reportar la verdad se ha convertido para ellos en "arma de dos filos". De esta manera, la palabra periodista asume una nueva definición: "una persona que reporta la verdad a riesgo de perder su libertad o su vida".

Finalmente, un breve análisis de todo lo anterior, puede mostrar que en México hay varios tipos de justicia:

En primer lugar tenemos la justicia que el ciudadano trata de ejercer el mismo, al ver la falta de interés por parte de las autoridades. Esta clase de justicia aparece debido a la dses-peración e inconformidad. Esto promueve la formación de grupos "de choque" en contra de las autoridades y las leyes establecidas y provoca inestabilidad y desconcierto entre la población.

En segundo lugar se encuentra la justicia que se trata de obtener "por medio de contactos". Sin embargo, la rivalidad y la discordia que caracteriza al "machismo mexicano" dificulta la equidad.

En tercer lugar se puede hablar de la justicia que se puede comprar. Aquí el ofendido corre el riesgo de convertirse nuevamente en víctima. Muchos "abogansters" en México no tienen la menor idea de lo que significa "el valor del dinero" y el hablar de dinero es más importante que el escuchar al afectado. No es un secreto el hecho de que la "famosa mordida mexicana" puede que dé más resultados que un juez honrado.

Por último, tenemos la justicia dictada en nuestra Constitución. Desafortunadamente, en este momento parecen más protegidos los delincuentes que las víctimas.

Para concluir, se puede decir que si el propósito primordial de nuestro sistema de Leyes es el de proporcionar un ambiente de orden y paz y brindar justicia para minimizar el sufrimiento de los ciudadanos de nuestro país, entonces, este propósito primordial está fallando.

Si el gobierno muestra negligencia al aplicar la Ley y el orden social, el sufrimiento de la población se ve en aumento, lo que incita a la inestabilidad social, la decadencia moral y el incremento de la delincuencia. Todo esto nos lleva a un verdadero círculo vicioso en el que la represión está al orden del día y el predicar la verdad se convierte en un delito.

La impunidad sigue prevaleciendo en México y esto me consta.

(Lourdes Davis es una frecuente contribuyente de La Prensa San Diego, escribiendo sobre México.)

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