June 28 2002

Roberto Castillo: Elamoroso Guaguaguá

Por Pablo Sainz

El lenguaje hablado en Tijuana es un lenguaje bien acá, machín, rápido, cantadito, de volada, inventado, mezclado, callejero, pero sobre todo, intraducible: o lo aprendes y lo usas y lo entiendas, o de plano no vas a captar del todo lo que te están diciendo.

Mis orígenes están en el estado de Sinaloa, y los sinaloenses, con su acentote norteño, han convertido a Tijuana en la nueva Culiacán. Quizá por esto me identifico con el lenguaje Tijuanero. Lo hablo. Lo entiendo. Lo escribo.

Quizá, también, por esto “Elamoroso Guaguaguá”, el nuevo libro de poemas del poeta, compita y tecatense Roberto Castillo Udiarte, mejor conocido como el Róberto, es un libro que me pareció un refrescante trago a mi caguama, una deliciosa orden de pulpo y camarón en un restaurant de mariscos, una rolita norteña que sale desde el fondo de una rocola cantinera.

“Elamoroso Guaguaguá”, publicado hace apenas unos días en la Editorial Malabares, es una colección irreverente, donde, según el mismo Róber, dice captura la manera en que la mayoría de la gente de Tijuana usa el lenguaje para comunicarse, agarrar cura, echar relajo y dar carrilla.

“Quiero decirle a la raza de Tijuas, ‘mira, así es como tu y yo hablamos, es poesía”, me dijo el Róber en una entrevista. “No me importa si mis textos no puedan ser traducidos a ningún otro idioma”.

Es verdad: si traducimos —o tratamos de traducir— la poesía de “Elamoroso Guaguaguá” se pierde la frescura, la idea, el ritmo, lo chilo y lo machín de los versos del Róber:

¿A poco no se perdería lo fregón de esta onda si lo tradujeramos al inglés?

“Damas y caballeros

bienvenidos a Tiyei,

donde cholos, surfos y panquillos,

narcos, sicarios y judiciales,

hacen del ocio su negocio”;

El libro se divide en tres partes, todas tituladas con referencia a los perros, al ladrido de un perro, al salivero que este echa cuando pasa un humano o un carro!

La primera parte se llama “Vita Canis”, o algo así cómo vida de perro. Esta sección consiste de seis poemas, sin duda, muy autobiográficos. En “Vita Canis”, Castillo nos narra, de una forma divertidad y fácil de entender, los retos y las caídas que ha vivido, para poder llegar a donde está hoy. Un fragmento del tercer poema en “Vitas Canis”, es un ejemplo que demuestra la maestría que Castillo (aka, el Róber, El Johnny Tecate) tiene con el lenguaje:

“Pero no todo ha sido mieles y lechuras. Mucho la he perriado./He combatido contra ejércitos de ignorancia e ignominia,/ contra la palabra mordaz de la envidia, el veneno del mitote,/ el celo mortal y la inseguridad con el antifaz de la soledad...”

La segunda parte, y mi favorita por varias razones, es titulada “El Perro Labioso”. Es en esta parte donde Castillo se convierte en un verdadero perro labioso y nos tira un verbo machín, suelta la pluma como si esta tuviera boca y llena páginas con frases en verdad fregonas:

“(...) y orgullosamente tecatero presumo el calorcito de la vida,/ la comparto humanamente con el deseo más buenonda,/ como aquella noche otoñal/ cuando me dijo Dios: ‘yo soy tu compa!

En “El Perro Labioso”, que está formado por seis poemas, se incluye un poema/tributo a Tijuana. En este chistosísimo poemilla, El Róber nos da un panorama de la cultura Tijuanera y nos da la bienvenida a la gran city:

“Damas y caballeros,/

welcome tu Tijuana,/

el lugar más mítico del mundo,/

donde las lenguas se aman y se unen/

en el haló, el oquei, el babai, el verbo tu bi,//

El Róber, residente de Tijuana por más de 20 años, conoce la ciudad, todos los aspectos de la ciudad: desde la turística y agringada revo, hasta los más oscuros y apestosos lugares de la Coahuila:

“Lo que escribo es mi res-puesta a lo que sucede aquí”, dice Castillo. “A veces puede convertirse en Tijuanarquia”.

La tercera y última parte le da título al libro, “Elamoroso Guaguaguá”. Esta sección incluye 16 poemas, todos, como anuncia el título, son amorosos, dedicados a las mujeres. En estos poemas Castillo hace uso de la ironía y convierte una bella y tierna (oh!) historia de amor, en un buen agasajo agandalle.

“Tu amor es un retén en mi vida acelerada,

calorcito de chimenea pa’ la heladez del mundo

fría caguama en el sol de verano”.

En el poema número XIII, el Róber nos da una lista de lo que representa para él su adorada mujer:

“Mi janipai, mi cielo escondido, mi frutita de temporada, mi uyuyuyil,/ mi muñequita de sololoy, mi hoteluco de paso, mi cinturita de luna,/ mi ya me vengo,/ mi esquinita rosada (...)”

Esta colección de poemas del Roberto Castillo Udiarte, es un libro para leerse en voz alta. “Elamoroso Guaguaguá” es una colección de poemas bien curadillos, que deberían de leerse entre trago y trago de cerveza, botaneando con los compas, acariciando a la morrita.

El Róber, no por nada, es el Jipi de los poetas Tijuaneros, es el Tecatius textero, es el compita playero, es el ticher de la nueva generación de morros escritores.

Su poesía valedora de mother, no se puede traducir fácilmente. Es Tijuanera y nada más.

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