
June 25, 1999
Erase una vez un país en el que cada día morían 16 niños y jóvenes a causa de las armas de fuego, nada menos que 5.751 anualmente. Un país en el que las armas de fuego eran la segunda causa de muerte más importante entre jóvenes mayores de 10 años y menores de 24. Un país donde las armas eran tan accesibles que no existía ley alguna que prohibiera a los menores de 18 años poseer rifles ni escopetas semiautomáticos de asombrosa eficacia. Erase una vez un país infestado por 240 millones de armas, y los niños y jóvenes los que pagaban el precio más alto por esa plaga.
Este no es el principio de una fábula ni de un cuento de horror sacado de alguna página local de la Internet. Ni tampoco una descripción de Kosovo bajo la bota de las fuerzas serbias. Se trata simplemente de la realidad de un país llamado Estados Unidos de América incapaz de garantizar la seguridad de su infancia y juventud.
Son ellos, los mayores de 10 años y los menores de 24, los que más contribuyen a la lista de bajas en esta virtual guerra civil en la que mueren cerca de 40,000 personas cada año. Para hacernos una idea de la magnitud de este problema tenemos que comparar a EEUU con los otros países industrializados. En esta nación, cada año mueren casi 38 personas por cada 100,000 habitantes a causa de las armas de fuego. A una distancia sideral se encuentra la segunda peor, Italia, con 4, 3/100,000 habitantes; mucho más abajo en la lista está nuestra vecina Canadá, con 0.9/100,000; y finalmente Japón, con 0.5/100,000.
Las diferencias son tan abismales y el costo humano tan espantoso que varias organizaciones ya consideran a la violencia de las armas entre nuestra juventud como una epidemia. La razón principal es la tremenda facilidad con la que un niño o un joven puede conseguir un arma. En la peor masacre escolar de la historia de este país y ha habido una larga lista de ellas en Littleton, Colorado, a los dos asesinos no les costó gran esfuerzo armarse hasta los dientes con pistolas y escopetas automáticas, y bombas caseras. Después de pasearse por la escuela escupiendo muerte a mansalva, dejaron un saldo de 15 muertos, incluyendo a ellos mismos, y a un país horrorizado por la violencia.
La masacre, sin embargo, pareció despertar al país de sus amoríos con las armas de fuego. Y tras mucho esfuerzo y acalorado debate, el Senado Federal aprobó un proyecto de ley que limita y regula las actividades de las llamadas ferias de armas, lugares donde en muchos casos se venden armas con menos restricciones de las que encuentra un niño para comprar caramelos. La iniciativa obliga a los vendedores a mantener registros y enviarlos al Departamento del Tesoro para realizar eventuales investigaciones sobre el uso de dichas armas. Las disposiciones del proyecto son modestas, pero gracias a Dios fueron aprobadas por un solo voto de diferencia.
Ahora le toca el turno a la Cámara de Representantes aportar su versión. En principio había esperanzas de que después del horror de Littleton, los legisladores dejarían a un lado sus devaneos con la industria de las armas y sus usuarios. Había esperanzas de que de una vez por todas impidieran el fácil acceso de los niños y jóvenes a las armas de fuego.
Sin embargo, a punto de comenzar el debate, esas esperanzas se han convertido en pólvora mojada. Por un lado, harían mucho más fácil que un arma se vendiera sin papeleo alguno dificultando aún más que las autoridades conecten a un sospechoso con el arma del crimen. Facilitaría el tráfico de armas entre un estado y otro, debilitando las leyes estatales del control de armas. Asimismo darían virtual inmunidad a los vendedores de armas que se utilicen más tarde para cometer crímenes. En resumidas cuentas, no es de extrañar que según informes de prensa, gran parte de este proyecto de ley haya sido redactado por la Asociación Nacional del Rifle, el mayor grupo de usuarios de armas del mundo.
Si la versión de la Cámara de Representantes acaba convirtiéndose en ley, no debemos preguntarnos si se volverá a repetir la masacre de Littleton, sino cuándo. Si los legisladores de este país rechazan adoptar leyes que nos protejan del fuego cruzado de esta virtual guerra civil, llevar a nuestros hijos a la escuela seguirá siendo una macabra lotería. Y mientras tanto, mañana otros 16 niños y jóvenes morirán absurdamente por culpa de las armas.
¿Quiere contribuir a detener la locura de las armas y proteger a sus hijos? La Red Hispana puede ayudarle. Llame gratis al 1-888-SU RADIO, 1-888-787-2346. Es gratis.