June 25 2004

El descubrimiento del Documental, o cómo sacarle la piedra a Katie Couric

En la piel del cineasta, su verdad transpira

Por Jose Daniel Bort

Michael Moore lo hizo de nuevo.

Gracias a su articulada prosa y vehemencia estilística, el conocido documentalista ha acaparado la atención de la prensa en la víspera del estreno de su nuevo trabajo, Fahrenheit 9/11. Políticamente liberal y liberalmente político, Moore es un genio de como conseguir la atención necesaria para lograr que el público se sienta en una sala de cine y vea un trabajo de este género tan incomprendido.

Pero Michael Moore no está solo. Lo siguen una cámada de jovenes y antiguos cineastas, y juntos han logrado lo que ningun “documentalista” había podido hacer anteriormente en el cine: dinero.

Estos creadores no hicieron sus documentales para ganar dinero. Ni siquiera Moore. Pero la abundancia de recursos les permite la independencia que nunca habían soñado, y con esto la diversidad de temas e intereses crece como la espuma. Los estudios están escuchando, y además de brindarles el prestigio de un trabajo “serio”, las posibilidades de verlo como negocio actual son más ciertas cada día. Al final, Cineastas, distribuidores y audiencia se benefician.

Los números

Según la empresa “Box office Mojo”, en los últimos tres años, se han estrenado trece de los dieciséis documentales que más han recaudado taquilla en los Estados Unidos. De los tres restantes, uno le pertenece a Moore —“Roger and Me”, estrenado en el 94- y el otro a Errol Morris, altamente considerado dentro del genero como el documentalista con mayor calidad haciendo trabajos hoy en día. El tercero le pertenece al comediante Jerry Seinfeld.

No es que Morris no se beneficie de los escandalos de Moore. El creador, con su energía nerviosa y voluminosa presencia, emociona a más de uno cuando recita su retahila de ataques contra los conservadores y la TV. En una reciente entrevista en el programa “Today” de la cadena NBC, el director logró poner evidentemente molesta a la “reina de hielo” Katie Couric, quien interrumpió la condena de Moore a los medios por no hacer las preguntas indicadas a Bush con respecto a la guerra de Irak. Couric salió ofuscada de la entrevista, pero sin dejar de respetar a Moore.

Estas tácticas son perfectamente estudiadas por el documentalista para crear más controversia y expectativa. Si bien no todos los cineastas recurren a esas estratagemas para crear centimetraje en los periódicos, es un hecho que se han beneficiado por el creciente interés del público por la no ficción.

Otros escándalos en pantalla

¿Quién no conoce en estos días al gordito más famoso del cine? Se trata de Morgan Spurlock, quien inmortalizó su odisea entre los pasillos del McDonalds durante un mes en su Documental “Super size me”. Evidente alumno de la escuela del escándalo de Moore, Spurlock trompeteó a los cuatro vientos la decisión de McDonald’s de cortar los tamaños grandes. La opinión pública hizo en parte responsable al documental por esta decisión, y su autor se benefició de indispensable publicidad extra.

Funcionó. Con más de nueve millones de dólares hasta la fecha, Super size me es el Documental número tres de los más taquilleros y a punto de superar a “Winged Migration”, con once millones en el segundo puesto. Será difícil que supere los 21 millones y 36 en el exterior que hizo otra creación de Moore “Bowling for Columbine”, pero a un costo de apenas 65 mil dólares, “Super size me” es un éxito rotundo.

Otro cineasta que utilizó el shock como argumento es Andrew Jarecki. Fundador de la popular guía de cine “Moviefone” (es su voz también) presentó el difícil film “Capturing the Friedmans”, donde una familia de los suburbios de Nueva York se ve despedazada por las acusaciones en contra del padre y del hijo menor de abusar niños en las clases de computación que ofrecen en su casa.

Inicialmente concebido como un documental sobre “Silly Billy”, el payaso más exitoso en fiestas infantiles de Nueva York, el cineasta Jarecki descubrió que el viejo adagio sobre el payaso triste se aplicaba aquí. Escarbando en la vida de David Friedman, el cineasta encontró en la verdadera razón de su tristeza una de las historias más espectaculares acerca del desmembramiento de una familia. Material documental del más puro y genuino caché.

El más respetado

Michael Moore puede ser el más conocido de los documentalistas, pero en esta generación, la mayoría de los “insiders” miran a Errol Morris como el verdadero artista del género. Desde 1978, con poco o nada de dinero, Morris ha sido capaz de terminar diez documentales.

El último, “The Fog of War”, es una obra maestra. Es la experiencia de vida de Robert McNamara, uno de los protagonistas de la crisis de los misiles cubanos y la guerra de Vietnam desde su puesto como Secretario de defensa Americano. El genio que después presidiera sobre el banco mundial por tres años, brinda sus lecciones de vida a traves de once frases que Morris saca de su vida.

“Fog of war” es un documento certero, indispensable para entender la actuación americana durante la guerra fría —nada de fría, ¡bien caliente!— asevera McNamara en el film. Este es quizá el mejor film de su estilo que se haya hecho en los últimos años, indispensable para el escudriñador de verdades.

El último avant-garde

“Tarnation” merece mención especial por varias razones. Hecho con apenas $218 en el programa “Imovie” de Macintosh, el documental de Jonathan Caouette acaparó la atención de prensa y audiencia en el reciente festival de Cannes. Se presentó esta semana en el marco del Festival de cine de Los Angeles.

Inicialmente concebido como una pieza personal, Caouette consiguió en el “deadline” del MIX festival de Nueva York la excusa para terminar su proyecto. Lo verdaderamente interesante de este documento es la ingenuidad con que el director maneja los recursos técnicos y el material que ha grabado durante 19 años de su vida y la relación con su madre, quien ha estado en más de cien hospitales siquiátricos durante toda su vida. Este trabajo se podría considerar como el “Anti-Moore” por su introspección.

Esta semana se estrena el nuevo film de Michael Moore, Fahrenheit 9/11. Sea cual sea la visión de su autor y ya se esté de acuerdo con él o no, el film parece destinado a marcar otro hito en el fascinante mundo del documental, tal como se concibe hoy en día. La audiencia es la que más gana, al final.

Otros documentales dignos de mención

When we were Kings: La historia de Muhammad Alí y su pelea en el Africa en 1974. Ganador del Oscar en 1997. Dirigido por León Gast, quien en su haber tiene el haber dirigido el documental: “Celia Cruz, Guantanamera” en 1989 y producido “Salsa” en 1976.

Winged Migration: Fascinante viaje a través de los cuatro continentes del hemisferio norte durante cuatro años, descubriendo los parámetros migratorios de más de quince especies de aves. Hecho por un equipo de cine francés. Nominado al Oscar en 2003.

Spellbound: Recuento de la competencia de “spelling bee” que se celebra todos los años al final del período escolar en América, con mas de diez millones de competidores. La presión y la experiencia que sufren jovencitos en la competencia es comparable a una carrera de formula 1. Dirigido por Jeffrey Blitz y nominado al Oscar en el 2003.

Balseros: interesantísimo documental realizado por un equipo de cineastas españoles acerca de la travesía de los balseros cubanos por pasar las noventa millas que los separan de la costa americana. Nominado al Oscar en el 2004.

Tupac: Resurrection. La vida del rapero Tupac Shakur a través de su propia voz grabada y las personas más importantes en su vida. Estrenado en el 2003, es un revelador trabajo de Lauren Lazin, considerado muy superior a “Biggie and Tupac”, estrenado el año anterior.

Beyond Vanilla: el mundo de sado/masoquismo, feti-chismo y demás expresiones sexuales extremas, explicado de forma concreta y precisa por expertos y entusiastas. Difícil de ver a veces, le pone una cara a las llamadas “aberraciones” sexuales, donde la búsqueda del placer en el dolor tiene más de una razón.

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