June 24, 2005

Comentario:

La Inoperancia del Embajador ante la ONU

Por Humberto Caspa, Ph.D

El rechazo de la nominación de John R. Bolton a la embajada de las Naciones Unidas es una respuesta congruente a una posición del Presidente Bush que, desde el inicio de su segunda administración, no simplemente quiere mantener la línea dura de su gobierno, sino llevarla a otros extremos.

Evidentemente Bolton no es el candidato ideal para un puesto de tal magnitud. Lo que debería importar, sin embargo, no es tanto su candidatura, sino el mensaje del presidente Bush en torno a la política de su gobierno con relación a la comunidad mundial. En otras palabras, el carácter impositivo y recalcitrante de Bolton concuerda, en mucho, con la política de choque que la administración Bush intenta establecer en la ONU.

En este sentido, Bolton es simplemente una figura emblemática del gobierno de Bush. Veamos más claro el asunto, y analicemos el rol del embajador norteamericano en la ONU. Por una parte, más que un representante constitucional independiente, que tiene autodeterminación ante miembros de otros países, el embajador es un emisario del presidente de la República. Por otra parte, sirve directamente a la Secretaría del Estado, ahora liderizada por Condeleezza Rice, como personaje de apoyo con otros líderes mundiales.

En términos figurativos es el “cartero” del presidente Bush y “charlatán” de la secretaria de Estado Condeleezza Rice.

En tal forma, la figura del embajador ante la ONU es netamente decorativa. El ex embajador John D. Negroponte es un ejemplo claro del significado de este puesto. George W. Bush propuso su nombramiento para demostrar a la población norteamericana que su gobierno estaba encajonado dentro de la premisa de diversidad étnica; y nada más.

Como sus predecesores, Negroponte poco tuvo que ver con la configuración de política exterior del gobierno de Bush. Como se sabe, durante su periodo como embajador en la ONU, la comunidad mundial vivió un trance político sin precedentes con relación a Irak. El país estaba dividido entre los “halcones”, liderado por el Vicepresidente Dick Cheney y los que apoyaban una política moderada del ex secretario de Estado Colin Powell. De momento, Powell dictaminó el temple de la política norteamericana, empero, su estrategia fue gradualmente decayendo a medida que el presidente Bush se inclinó más por una política de choque contra Sadam Husein.

A Negroponte no se le escuchó casi para nada. Sus dotes de intelectual en diplomacia internacional rápidamente fueron reemplazados por sus capacidades de escribir y hablar español. Prácticamente se convirtió en el traductor de facto de Colin Powell, su jefe inmediato.

Durante el proceso de crisis, previo a la invasión de Irak, fue el secretario de Estado –el Presidente desde Washington, en otras ocasiones—, quien se dirigió ante los líderes de otros países para subrayar la necesidad de una invasión en vez de proseguir con la diplomacia.

Existen, sin embargo, otros embajadores de Estado que, de alguna manera, han hecho notar el carácter independiente y autonómico de esa oficina diplomática con relación al presidente. Desafortunadamente en nuestro país este tipo de oficiales de gobierno ya no existen, aunque en otros países sí los hay. Por ejemplo, el fallecido embajador mexicano Adolfo Aguilar Sinzer, quién sobrellevó una política audaz, aunque no tan independiente, en contra de la Administración de Bush. Su periodo fue cortado dramáticamente por el presidente Fox ante la presión del gobierno norteamericano.

En este sentido, el nombramiento de Bolton ante la ONU tiene carácter político y trata de favorecer, especialmente, una visión más autoritaria del gobierno de Bush ante la comunidad mundial. Por supuesto que sus peculiaridades fascistas y su carácter recalcitrante, se prestan más a un estilo de política de choque del presente gobierno, particularmente en torno a Cuba y a los regímenes izquierdistas de América Latina.

Sin embargo, una gran parte –tal vez la mayoría— del pueblo estadounidense no está de acuerdo con la polarización existente en la ONU. Por el contrario, muchos apoyan el resurgimiento al diálogo y el respeto a otras naciones. Bolton, u otra figura testaruda, simbolizan la desunión y la falta de cordura a los tratados internacionales.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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