June 22, 2001

Comentario

Crímenes de la piel

Por Pablo Padula

La reciente ejecución del narcotraficante Juan Raúl Garza volvió a encender la mecha del racismo en el sistema judicial norteamericano. Sus abogados argumentaron desde un principio que Garza recibió la pena de muerte simplemente por ser hispano aunque, en mi opinión, fueron sus crímenes y los despiadados métodos que utilizó como jefe de una banda de traficantes de marihuana los que lo llevaron a la muerte, no su raza.

Por ejemplo, los fiscales de su caso dicen que Garza mató a una mujer porque lo miró mal. También se supo durante su juicio que una de sus víctimas fue, nada más y nada menos, que el esposo de una de sus hijas.

Sin embargo, no hay duda existe discriminación dentro del sistema judicial de los Estados Unidos. 16 de los 19 condenados a muerte por crimenes federales que esperan su ejecución en la prisión de Terra Haute pertenecen a minorías: 14 son afroamericanos y dos hispanos, colombianos específicamente. Los restantes son blancos o anglosajones, como quieran llamarlos. Sospechoso, ¿no? Y en el resto de las cárceles del país la proporción es también dispareja, no refleja de ninguna manera la composición de esta sociedad. Por ejemplo, el 9% de los afroamericanos que viven en este país, está en la cárcel, comparado a solo el 2% de los blancos (Estadísticas de 1999).

Un estudio del Departamento de Justicia de los Estados Unidos reveló que, a pesar de que el 83% de los casos en los que se buscó la pena de muerte son miembros de minorias, son los blancos los que más a menudo logran acuerdos con la fiscalía para evitar la pena capital, en una relación de 2 a 1. Este estudio tomó casos desde 1995 al año 2000.

Y la discriminación no solamente se refiere al color de la piel o al origen étnico de las personas, ser rico o pobre también decide casos de vida o muerte.

El juicio del ex-astro del fútbol americano OJ Simpson demostró descaradamente que las cuentas bancarias pueden decidir el futuro de una persona. A pesar de que la gran mayoría del público norteamericano está convencido de que el mató salvajemente a su ex-esposa y a otra persona, su equipo de carísimos abogados logró convencer al jurado que su cliente no había cometido semejante crimen. Y OJ Simpson es, hoy, un hombre libre mientras que cualquier otra persona sin los recursos multimillonarios con los que él contaba estaría, seguramente, pudriéndose en una cárcel, esperando su ejecución.

La condena de 20 años recibida por Lori Berenson en Perú me dió una perspectiva diferente sobre este tema: parecería que el mensaje de su condena es "para que aprendan los extranjeros a no venir aca a meterse en nuestras vidas". Y eso puede tranquilamente aplicarse al sistema de justicia de este país.

Una gran mayoría de los estadounidenses todavía piensa que las minorias han venido aquí a invadir sus tierras, a sacarles sus trabajos. Y muchos de los que opinan así se sientan en la silla de los jurados que deciden la suerte de los acusados en una corte. Hasta los más tolerantes tienen reservas sobre este tema, se sienten incómodos aceptando que este país se formó con inmigrantes como Ud. o yo, que fueron personas como nosotros los que lo hicieron grande, la potencia que es hoy.

Parecería que a los delitos que cometen los miembros de la minoria se les agregaran automáticamente los de "invasión premeditada", "color ilegal de piel" y "asociación criminal para vivir una vida mejor". Y lo peor de todo es que sin dinero para comprar una defensa de lujo, también se agrega el cargo de "pobreza en primer grado".

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