June 20, 2003

Las huellas cubanas de Federico García Lorca

Por Arnoldo Varona

Aprovechando la noticia del cierre del Centro Cultural de España en Cuba, ordenado por el gobierno de Fidel Castro en La Habana al acusar al gobierno español de apoyar la pacífica oposición interna cubana, venimos hoy a celebrar un homenaje de recordación a uno de los grandes de España, Federico García Lorca.

A raíz de la inauguración de ese mismo Centro Cultural Habanero, hace apenas cinco años, se celebraba en una de sus salas la conmemoración al centenario del nacimiento de Federico (1898-1998), uno de los más destacados poetas que haya dado España. En aquel entonces, conscientes del cariño y admiración que Cuba le profesa al inolvidable bardo, el dramaturgo Luis Pascual aprovechó la oportunidad para desgranar ante los asistentes algunos versos del poeta granadino; al mismo tiempo que se realizaba en el mismo edificio una exposición fotográfica de reconocimiento. Alli presente estaba Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Federico García Lorca.

Ese año en España sería bautizado por el  pueblo el “Año del Santo de Lorca” como parte de los festejos que la Comisión Nacional Organizadora de los Actos del Centenario que presidiera entonces el Rey español Juan Carlos y que celebró gran número de eventos.

Llega a La Habana

“Soy Federico García...”, diría a manera de presentación a quienes le recibían a su llegada a La Habana, uno de los mejores escritores españoles de todos los tiempos. Desde entonces, 7 de marzo de 1930 y para siempre, el poeta andaluz Federico García Lorca se convertiría en uno de los más admirados y queridos intelectuales que visitarían a Cuba. Su gracia y sencillez ganaba a todos los que le conocieron.

Federico García Lorca llegaba desde Nueva York invitado por la Asociación Hispano Cubana de Cultura que dirigía don Fernando Ortiz para dar una serie de charlas y conferencias en la isla. Además de dramatista, pintor, pianista y excelente actor, García Lorca era, y todavía es, uno de los mejores poetas que haya dado España desde el siglo XVII.

Sin filiación política alguna, una de las causas de su trágica muerte ocurrida a principio de la rebelión nacionalista de 1936 en España fue producto de la intolerancia en la sociedad española de entonces que consideraba al homosexualismo como un pecado.

Su libro “Poeta en Nueva York”, que completa durante su estancia en Cuba con su poema “Son de negros en Cuba”, recoge en sus versos la fuerte impresión que dejaran en el poeta sus días cubanos, que en carta a sus padres desde La Habana les dice: “Esta isla es un paraíso”. Federico García Lorca se deslumbró con Cuba tanto como los mismos cubanos se hechizaron con su presencia. En su poema dedicado a la isla “Son de negros en Cuba” dice:

“Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Cantarán los techos de palmera, iré a Santiago. Cuando la palma quiera ser cigüeña, iré a Santiago”.

Su poema transformó en Cuba a la poesía adherida al populismo de la época; género y arte que cultivan los cubanos Zacarías Tallet, Nicolás Guillén entre otros y que se extenderá con los años por toda nuestra América.

Desde su llegada a Cuba junto al poeta español estuvieron sus amigos los hermanos Loynaz del Castillo; Flor, Carlos, Enrique y Dulce María, esta última muerta hace apenas unos meses en La Habana, ciudad a la que se negó abandonar; otros amigos del poeta granadino que entonces le acompañaron fueron José María Chacón y Calvo, que fuera instrumento de su viaje a Cuba, Emilio Roig y los poetas Cardosa y Aragón, guatemaltecos, y Porfirio Barba Jacob, colombiano.

Todo el mundo que le conoce queda prendado de “su gracia y vitalidad”, como dijera la escritora cubana Lydia Cabrera, que le conoció y a quien el poeta dedica, escogida por ella misma, uno de sus más famosos poemas, “La casada infiel”, que con razón el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante considera entre los textos más eróticos escritos en español. Su visita a La Habana, como la describe un periodista de entonces, está “llena de agasajos, de charlas y de homenajes y abrumada por la dulce tiranía de la amistad”.

En sus cartas de aquellos días, García Lorca, refiriéndose a la mujer cubana, lo hace como “las más hermosas del mundo. Esta isla tiene más bellezas femeninas de tipo original... debido a las gotas de sangre negra que llevan todos los cubanos”.

Además de sus reuniones literarias García Lorca gustaba de escaparse a solas para así recorrer los barrios marginales de La Habana, mezclándose con la población del país y desapareciendo por algún tiempo en las provincias cubanas.

“¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! Iré a Santiago. ¡Oh cintura caliente y gota de madera! Iré a Santiago”.

En sus escapadas a través de la isla visita las ciudades de Sagua la Grande y Caibarien, Cienfuegos. Viaja a Santiago de las Vegas invitado por la Asociación Cultural “Euterpe”, presidida por el dramaturgo Marcelo Salina. Visita Varadero, el Valle de Viñales, el Valle de Yumurí, donde queda extasiado por la belleza del paisaje. A fines del mes de mayo llega a Santiago de Cuba, hospedándose en el Hotel Venus cerca del centro de una ciudad que oye admirada su conferencia “Mecánica de la nueva poesía”, que atrae un numeroso público.

“Siempre he dicho que yo iría a Santiago en un coche de agua negra...”, decía al terminar una de sus estrofas su poema “Son de negros en Cuba”.

El 9 de agosto de 1936 en Granada, el poeta Federico García Lorca es arrastrado por simpatizantes falangistas a un campo raso y fusilado, sus restos son echados en una fosa común sin identificar.

Allí, en el barranco de Viznar, conocemos de una placa y el recuerdo de sus versos... “que todos sepan que no he muerto; que hay un establo de oro en mis labios; que soy el pequeño amigo del viento Oeste; que soy la sombra inmensa de mis lágrimas”.

La muerte de aquel poeta español que amó a Cuba, y entre cuyas notas a sus padres se puede leer: “Si me pierdo que me busquen ...en Cuba”, dejó marcas imborrables en todos los que le conocieron y lamentaron su inútil asesinato.

En este humilde homenaje de recordación, todos los cubanos y españoles, al igual que el mundo entero, deberían de conmemorar en honor a la memoria de Federico García Lorca no sólo su resurrección espiritual, también la derrota de la intolerancia.

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