June 20, 2003

El otro yo

El “Hulk” despierta las más oscuras pasiones

Por Daniel Bort

La nueva creación en el cine de los estudios Marvel, “The Hulk”, es un exhilarante cuento intergeneracional con raíces en la mitología griega y las escuelas psicológicas de Jung y Nietzsche. Narrado con la diestra mano de uno de los directores más versátiles y comprometidos de los últimos tiempos, el Taiwanes Ang Lee, la cinta trasciende la manipuladora presencia de los efectos por computadora y brinda al espectador un incisivo estudio sobre las relaciones padre-hijo y la ira en el ser humano.

La historia es “natural” para el discurso cinematográfico por dos razones: la creación del monstruo y la capacidad de verlo emocionarse. Para aquellos familiarizados con la versión de TV y no con la fuente original (la tira cómica), el “Hulk”, se convierte en una mole de más de quince pies capaz de destruir todo a su paso. Con las técnicas de la TV en los ‘70, pues el monstruo llegó hasta Lou Ferrigno, el conocido fisicoculturista que se escondía para convertirse en el “Hulk”. La creación del monstruo por computadora permite apreciar esta transformación y verlo convertir en algo más grande que su propia humanidad, tal como lo sugiere su fuente original.

La otra característica, que lo separa de cualquiera de sus antecesores en los efectos especiales (Terminator, Jurassic Park o la serpiente de Harry Potter, por ejemplo) es que el monstruo es humano, y esta basado en alguien real. Esto cambia completamente la intención del efecto visual, ya que es necesario hacer que el monstruo refleje la humanidad que no posee. Y es aquí donde “La cosa” se luce, porque realmente logra un resultado impresionante, tan solo comparable con la segunda parte de El señor de los anillos, con el personaje de Gollum.

“Hulk” es la historia de Bruce Banner, (actuado por el Australiano Eric Bana), un investigador capaz de convertirse en un monstruo verde y gigantesco cuando la ira se apodera de él. Bruce es víctima de los experimentos de su padre, David Banner, (con Nick Nolte apoderándose fébrilmente del personaje), el cual pretendía cambiar la composición química de su hijo, convirtiéndolo en su conejillo de indias. Como era de esperarse, la relación no es particularmente armónica.

Completa el cuarteto de personajes Betty Ross (con la siempre estupenda Jennifer Connelly), el interés amoroso de Bruce, su compañera de trabajo y la única capaz de calmar su furia; y su padre, el general Ross (con un actor que probablemente habrán visto miles de veces, Sam Elliot), quien encarceló al padre de Bruce y debe mantener el secreto militar de estas operaciones.

Los destinos de Bruce y Betty se cruzan muchas veces dejando a estos amantes incapaces de resolver sus diferencias, teniendo que asumir los errores de sus padres, que afectan su vida de forma implacable. Desde los griegos hasta Shakespeare, muchos clásicos de la ficción utilizan esta formula para contar las historias más humanas. The Hulk es un perfecto ejemplo de como una tira cómica eleva su material al más puro nivel literario.

En las manos de un director menos experimentado, los temas reverberantes en esta película pudiesen haber sido obviados o malintepretados. Los productores conectaron un Home Run con las bases llenas al contratar a Ang Lee para que dirigiera “The Hulk”. Su versión de la historia ha sido catalogada como oscura y complicada, y esto es preci-samente lo mejor de ella. Este Hulk no explota la alegría de vivir que su medio hermano de tira cómica Spiderman (el hombre araña) tan inteligentemente resumió en su primera versión. El Hulk vive encerrado en su propio miedo a sí mismo y espera nunca dejar rienda suelta las oscuras esquinas de su Psique, por temor a convertirse en un gigante verde e iracundo, capaz de destruir todo a su paso.

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