June 18 2004

Comentario

Reagan y Roosevelt

Por Andrés Lozano

Al tiempo que lamentamos el deceso de Ronald Reagan, el cuadragésimo presidente, las comparaciones con el trigésimo segundo, Franklin D. Roosevelt, resultan inevitables e irresistibles. Después de todo, estos dos personajes, a escala mayor, definen como ningún otro la experiencia americana durante el siglo XX. Hay unos EUA antes y después en torno a ambas administraciones. Los EUA de Roosevelt corren de 1932 a 1980 y los de Reagan desde entonces. El legado de Roosevelt está ligado con la lucha contra la recesión, que no solucionó, la segunda guerra mundial lo hizo, haber ganado tal contienda y perdido la paz durante medio siglo. Medio siglo casi exacto corre entre el ataque en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 y el deceso de la URSS el 26 de diciembre de 1991.

Ambos presidentes dejaron su huella en el ámbito nacional e internacional con una salvedad: FDR expandió la afición de su antecesor por remendar la economía desde el gobierno. Aunque la sabiduría convencional atribuye a FDR la originalidad de intervenir en la economía, fue Herbert H. Hoover, ‘el chico maravilla’ en la descripción de Calvin Coolidge, el primer presidente pronto a inmiscuirse a la menor provocación. La gran depresión o fase descendente del ciclo económico duró doce años, de 1929 a 1941, a causa de políticas de hechura humana. Antes y después, las fases descendentes de los ciclos económicos se había y han corregido ellas mismas sin intervención burocrática o poca. La lección errónea de la gran depresión fue la idea que era factible librarla mediante recurso al gasto público. Para la época de Carter, la estagflación o estag-nación con inflación se había convertido en rasgo económico distintivo. Se precisó del osado y decisivo liderazgo de Reagan para decapitar el malestar bicéfalo cuando declaró el gobierno no era la solución sino el problema, actuó con decisión y frenó estorbos burocráticos.

Ambos, Roosevelt y Reagan fueron líderes optimistas, considerados pensadores de segunda por intelectuales denotaron talentosos a Hoover y a Carter. Roosevelt creía en la aptitud del gobierno para resolver las vidas de las personas, Reagan en la sabiduría de los americanos para salirse ellos mismos de aprietos. El nuevo trato fue trasferencia neta de poder de los individuos a los burócratas e influyentes esperan algo del gobierno. La revolución de Reagan devolvió la capacidad de toma de decisiones a los americanos individuales y negó servidumbre a la burocracia. Roosevelt instituyó la esperanza mediante cumplimiento y dependencia, Reagan devolvió a la gente el albedrío para osar y lograr. Roosevelt es icono de los conformes, Reagan de los libres.

Hombre de su época, Roosevelt creía en la necedad de la decadencia de Occidente y, en el fondo de su corazón otorgaba equivalencia moral al dogma colectivista con la búsqueda milenaria de libertad en Occidente. También creía el liberalismo clásico era inferior a la economía planeada. Oteando esta ambigüedad, Stalin secuestro para la servidumbre media Europa durante medio siglo. Las raíces de la guerra fría se sembraron en Yalta, producto de la ignorancia histórica y ligereza de Roosevelt. Adelantado a su época, Reagan expuso la trampa comunista, lo desafió al hallarlo falto y lo venció sin un solo disparo. FDR fue grandioso en combate y acomodo, Reagan en la paz y en el rescate.

Crío del privilegio y riqueza heredada, FDR estuvo presto a comprometer progreso obtenido por generaciones previas. Diplomado en la facultad de la penuria, RR sabía con cuanta dificultad se logran libertad y prosperidad y las defendió con brío y convicción. Él, después de todo, había sido el albañil de su propia historia de éxito. FDR no sabía más y carecía de chispa e inspiración. Sus concesiones unilaterales al comunismo surgieron de una certeza teñida de la convicción del triunfo inevitable del marxismo. RR lo vio exactamente al revés. Así pues, FDR dejó un legado de temor duró dos generaciones, en tanto RR una ciudadela dorada en las alturas, un faro de libertad inexpugnable.

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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