June 18 2004

Ixchel Ahau

Síndrome de abstinencia

Por Diana Gomez

Mis queridos lectores, tenemos el permiso para volver a publicar este artículo, reflexionar en este tema, es tán profundo… necesitamos paz y amor para sobrevivir… fue escrito por Kurt Vonnegut.

Hace muchos años era yo tan inocente que todavía consideraba posible que llegáramos a ser el Estados Unidos humano y razonable con el que muchos miembros de mi generación soñábamos. Soñamos con un país así durante la Gran Depresión, cuando no había empleos, y luego combatimos y con frecuencia morimos por ese sueño en la Segunda Guerra Mundial, cuando no había paz.

Pero ahora sé que no existe ni una pequeña posibilidad de que Estados Unidos se vuelva considerado y razonable. Porque el poder nos corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Cuando ustedes lleguen a mi edad, si es que llegan —tengo 81 años—, y si para entonces se han reproducido, se verán preguntándoles a sus hijos, que serán ya de edad madura, de qué se trata la vida. Yo tengo siete hijos, cuatro adoptivos. Muchos de ustedes que me leen ahora tienen tal vez la edad de mis nietos. A ellos, como a ustedes, los engatusaron y les mintieron de regia manera las corporaciones y el gobierno surgidos de la generación del Baby Boom.

Le pregunté sobre la vida a Mark, mi hijo biológico. Mark es pediatra, autor de unas memorias, The Eden Express, en las que narra su colapso, con camisa de fuerza y celda de paredes acolchonadas, del cual se recuperó lo suficiente para recibirse en la escuela de medicina en Harvard.

El doctor Vonnegut le dijo a su decrépito papi: “Papá, estamos aquí para ayudarnos unos a otros a cruzar esta cosa, sea lo que sea”. Así que se las paso al costo. Escríbanla y pónganla en su computadora, para que puedan olvidarla.

Pero regresemos a personas, como Confucio y Jesús y mi hijo el doctor, Mark, que han dicho cómo podríamos portarnos más humanitarios y tal vez hacer de este mundo un lugar menos doloroso. Una de mis favoritas es Eugene Debs, de Terre Haute, en mi estado natal de Indiana. Échense ésta:

Eugene Debs, quien murió en 1926, cuando yo tenía cuatro años, fue cinco veces candidato a la presidencia por el Partido Socialista, y en 1912 obtuvo 900 mil votos, 6 por ciento, en 1912, si pueden ustedes imaginar semejante resultado. Durante su campaña dijo: “Mientras haya una clase baja, yo estoy en ella. Mientras haya un elemento criminal, soy parte de él. Mientras alguna alma desfallezca en prisión, no soy libre”.

¿No les dan ganas de vomitar con todo lo que huela a socialismo? ¿Por ejemplo escuelas públicas dignas y seguro médico para todos?

No son precisamente puntos de la plataforma republicana. Ni frases estilo Donald Rumsfeld y Dick Cheney. Por alguna razón, los más grandilocuentes cristianos entre nosotros nunca mencionan las Bienaventuranzas. Pero con cuánta frecuencia, con lágrimas en los ojos, exigen que los Diez Mandamientos se fijen en carteles en los edificios públicos.

Nací ser humano en el año 1922 dc. ¿Qué significa “dc”? Conmemora a un interno de este manicomio que llamamos Tierra, que fue clavado a una cruz de madera por un grupo de otros internos. Todavía consciente, le martillaron clavos a través de las muñecas y los empeines hasta penetrar la madera. Luego enderezaron la cruz, de modo que él colgara donde hasta la persona más bajita de la multitud pudiera verlo retorcerse de un lado a otro.

¿Pueden imaginar que la gente le haga esto a una persona? No hay problema. Eso es entretenimiento. Pregúntenle al devoto católico Mel Gibson, quien, en un acto de piedad, acaba de ganar una fortuna con una película sobre la forma en que torturaron a Jesús. Lo que dijo Jesús no importa para nada.

Una de las pocas cosas buenas de los tiempos modernos es que si mueres horri-blemente por televisión, no habrás muerto en vano. Nos habrás entretenido.

¿Y qué fue lo que el historiador británico Edward Gibbon, 1737-1794 dc, comentó sobre la trayectoria de la humanidad hasta sus tiempos? Dijo: “La historia en realidad es poco más que el registro de los crímenes, delirios e infortunios de la humanidad”.

Algo tengo que decir en defensa de la humanidad: en cualquier época de la historia, incluido el Edén, el ser humano sólo llegó allí. Y excepto en el Edén, ya estaban en marcha todos esos jueguitos locos, los cuales podían empujarlo a uno a actuar con locura aunque al principio no hubiera estado loco. Algunos de los juegos que ya estaban en marcha cuando ustedes llegaron eran el amor y el odio, el liberalismo y el conservadurismo, los auto-móviles y las tarjetas de crédito, el golf y el basquetbol femenil.

Más loca que el golf, sin embargo, es la moderna política estadunidense, en la cual, gracias a la televisión y en beneficio de ella, sólo podemos ser uno de dos tipos de seres humanos: liberales o conservadores.

¿De cuáles son ustedes, en este país? ¿Es prácticamente una ley de la vida que se tiene que ser lo uno o lo otro? Si no son lo uno ni lo otro, entonces tal vez sean donas.

Si algunos de ustedes todavía no se deciden, se las pongo fácil. Si me quieren quitar mis armas, y están de acuerdo en asesinar fetos, y les encanta que los homosexuales se casen y hasta les quieren regalar electrodomésticos en sus despedidas de solteros, y están en favor de los pobres, son ustedes liberales. Si están en contra de todas esas perversiones y en favor de los ricos, son conservadores. ¿Qué puede ser más sencillo?

Mi gobierno ha declarado la guerra a las drogas. Pero capten esto: las dos sustancias de las que más se abusa, las más adictivas y destructoras, son perfectamente legales.

Una, por supuesto, es el alcohol etílico. Y el presidente George W. Bush, ni más ni menos -así lo admitió en persona-, anduvo de borrachote.

Sobre mi historia personal de abuso de sustancias extrañas: He sido un cobarde en cuanto a la heroína, la cocaína, el LSD y otras por el estilo, porque me da miedo que me lleven más allá del límite.

Por supuesto, es notorio que estoy colgado del cigarrillo. Conservo la confianza que un día me mate. Fuego en un extremo y un idiota en el otro.

Pero les diré algo: una vez tuve un pasón que ni el crack puede igualar. Fue cuando me dieron mi licencia de manejo. ¡Cuidado todo el mundo, ahí viene Kurt Vonnegut!

Y mi carro de entonces, un Studebaker, según recuerdo, adquiría su potencia -como todos los medios de transporte y otras máquinas, como las plantas de energía eléctrica y los grandes hornos-, de la droga más adictiva y destructora de todas, y de la que más se abusa: los combustibles fósiles.

Cuando ustedes llegaron a este mundo, e incluso cuando yo llegué, ya el mundo industrializado estaba colgado sin remedio de los combustibles fósiles, y muy pronto no que-dará ninguno. Se vendrá el síndrome de abstinencia.

He aquí lo que para mí es la verdad: todos somos adictos a los combustibles fósiles, a punto de entrar al síndrome de privación, de que nos entre el mono, la pálida, la fría, la ericez.

Y como tantos otros adictos a punto de que les entre el mono, nuestros líderes cometen crímenes violentos para apoderarse de lo poquito que quede de aquello de lo que están colgados.

Traducción: Ramón Vera Herrera

* Este artículo fue tomado de These Times, 10 de mayo de 2004. Se reproduce con autorización.

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