June 11 2004

Comentario

Reagan, ayer y hoy

Por Humberto Caspa, Ph.D

Ronald Reagan acaba de fallecer, pero las huellas de su presidencia permanecerán selladas sobre la faz de la tierra por mucho tiempo. Probablemente no fue un presidente tan inteligente como lo fueron Woodrow Wilson o el propio William J. Clinton, tampoco gozó del carisma de Franklin D. Roosevelt o John F. Kennedy, ni siquiera poseía la rigidez de Abraham Lincoln o George Washington. Sin embargo, fue un excelente comunicador, sonriente, tal vez un tanto arrogante, con una capacidad impresionante para encontrar palabras que se adecuaban a los hechos. El mundo le debe un saludo en el momento de su muerte, así como también su mesura.

Nadie como Reagan ha sido tan combativo con sus ideales políticos y especialmente económicos. En su juventud, después de trabajar como locutor de radio, se insertó en el mundo surreal del espectáculo, actuando en muchas películas como actor de reparto y protagonista. Allí en Hollywood, no fue un personaje muy aclamado, a pesar de haber realizado una actuación ponderable en la película “Knute Rockne All American”, en donde encarnó la figura de George Gipp, un beisbolista muy querido en este país. Según cuentan sus biógrafos, el estrellato relativo que adquirió en el negocio del cine le significó también un incremento en sus haberes económicos anuales. La imposición de los impuestos del fisco a su salario cotidiano, algunas veces de hasta 70% del total que generaba, le produjo un giro radical en su pensamiento ideológico, rompiendo la postura inicial de liberal a un conservadurismo casi retrógrado. Desde entonces se convirtió en un enemigo implacable del Estado benefactor, prometiéndose a sí mismo luchar contra el sistema impositivo para que la gente no tuviera que aportar tanto en impuestos. Un gasto insulso según su observación.

En consecuencia, una vez instaurado en la presidencia de la república en 1980, para desgracia de algunos y suerte de otros, Ronald Reagan instauró en los Estado Unidos el modelo económico neoliberal. No reconfiguró las premisas básicas del neoliberalismo, la libre oferta y la demanda, el control de la inflación, la apertura de mercados, etc., sino que él mismo le dio crédito a su mentor económico, Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago y ganador del Premio Nobel de Economía. Por otra parte, tampoco fue su administración la primera en hacer funcionar el programa neoliberal, se le adelantó Augusto Pinochet en Chile, una década anterior a la suya, y luego le siguió su “comadre” Margaret Thatcher de Gran Bretaña. Pero fue Reagan quién lo constituyó en el mundo, logrando germinarlo en los gobiernos de cada país.

El neoliberalismo, dada la capacidad económica de su población, tuvo enormes ganancias en la unión americana. Los frutos de este modelo, empero, no brotaron totalmente a lo largo de su gobierno, sino, irónicamente, empezaron a resplandecer con el gobierno centrista de Bill Clinton. Es evidente que la inflación depredadora de su antecesor, Jimmy Carter, se contuvo con sus políticas de emisión y control de capitales a través del Banco de la Reserva Federal, pero la falta de captación económica también le costó a su gobierno una deuda interna, que se multiplicó tres veces durante su administración, rebasando los tres trillones de dólares.

Al final, a pesar del déficit en el gasto público, el saldo del neoliberalismo en los Estados Unidos fue positivo. Sin embargo, lo mismo no se puede decir de este modelo que se diseminó alrededor del mundo, particularmente en América Latina, en donde su estructura, con una población económicamente activa incapaz de consumir el abarrotamiento del mercado, no le dieron el empuje necesario para salir del espectro del subdesarrollo. Por otra parte, a diferencia de los Estados Unidos, el neoliberalismo en América Latina prácticamente fue impuesto desde afuera y desde arriba, por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y por Ronald Reagan, a través de un programa de austeridad que tuvo reacciones encontradas. Si bien, como en los Estados Unidos, la inflación se contuvo, los gobiernos Latinoamericanos que impusieron estas medidas produjeron un crecimiento-promedio de 4% y 6% en su Producto Interno Bruto, durante dos décadas. Ese estímulo en la economía no fue generalizado, sólo se beneficiaron unos cuantos de la población y el resto no tuvo un resultado promisorio. Las consecuencias de este sistema, se notan claramente una vez que se miden los indicadores sociales de pobreza, desempleo y las actividades delictivas, cuyos índices se incrementaron notablemente desde el arribo de las políticas neoliberales.

Ronald Reagan en síntesis hizo cosas muy buenas en su país. Su gente, con toda justicia, tiene el derecho de honrar sus logros –la creación de una nación poderosa, militarista, gestora de trabajos y rica. Empero, la gente en otros países, también tiene la potestad de manifestarle la falta de cordura social con las poblaciones populares.

Humberto Caspa, Ph.D., especialista en temas políticos y económicos.

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