June7, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

Entendiendo la pasión

“Es sólo un juego”, es una frase concreta y racional;  pero tal vez, una detestable cuando se ha esperado, minuto por minuto, eliminatoria tras eliminatoria, tarjeta por tarjeta, gol por gol, en fin, cuatro largos años en los que pueden haberse desarrollado algunas canas, algunas arrugas, pero aquí estamos nuevamente, en esta parte del mundo, forzando nuestro reloj interno, nuestro horario de trabajo, acomodando de la mejor manera todas nuestras responsabilidades, si al fin y al cabo son más importantes, para presenciar si fuera posible todos y cada uno de los 64 partidos de la copa  Corea-Japón 2002.

Pues el 31 de Mayo pasado ha comenzado este maravilloso evento, claro está, que consiste de un deporte, de un juego, pero que es sin embargo, la fiesta global que ya está inclusive seduciendo a los Estados Unidos; aunque tengamos que resignarnos a la desabrida narración de los comentaristas en inglés, que nos dejan con el gol en la garganta, en el momento en que el esférico atraviesa la línea del arco, y simplemente pronuncian, “score”, con la tranquilidad que en estos casos, mata la euforia y puede influir en un ataque de nervios. Pero a pesar de los comentaristas, se nota que el fútbol, y sobre todo la Copa Mundial de fútbol, ya es digna de uno que otro titular o de una que otra foto multicolor de primera plana, en los principales matutinos del país.

Y es que este año la copa ha llegado para brindarnos un aire de frescura que está haciendo mucho más que disminuir la densidad sofocante de nuestro ambiente mundial.

Claro está los problemas globales no se han aminorado ni han quedado en el olvido. Eso fue muy evidente cuando casi coincidían el inicio de la copa con la limpieza de los últimos escombros del Centro de Comercio Mundial en Nueva York. No podemos dejar de pensar en la crisis que vive Argentina o cualquier otro país de América Latina o del mundo. Como tampoco podemos obviar la máxima seguridad  en los estadios de Corea y Japón, que este año no solo protege a los espectadores de los temidos hooligans o de la misma euforia de la fanaticada, también pretende evitar y resguardar a los comensales y participantes de cualquier operación de otro tipo de fanáticos, los que podrían estallar un avión en cualquier lugar público y cobrar la vida de miles de inocentes.

No, el fútbol ni es, ni debería ser más importante que cualquier otra cuestión política y social de nuestro entorno. Pero nos abre una ventana o por lo menos una persiana, cada cuatro años, a nuestros vecinos cercanos y lejanos en este y otros continentes del mundo. Los niños tienen la oportunidad de escuchar, tal vez por vez primera el himno de otra nación, los colores de su bandera, las características de su gente. Y los grandes podemos abrir los ojos a los detalles más importantes que el hecho que en Corea, es realmente triste haber nacido perro.

Cualquier mente justa lo acepta, el fútbol en muchas ocasiones ha demostrado ser peor que un vil juego; desde las sucias faltas, los codazos, las exageraciones de los jugadores, los golpes bajos, la ambición de los equipos, hasta la ira de los fanáticos, que por lo menos una vez han cobrado la vida de un jugador.  Ese es el lado oscuro del fútbol, a veces de la Copa que puede opacar todo lo bueno del deporte y del evento.

Para quien siente la elevación de sus poros minutos previos a un partido de la copa, inclusive cuando su país no haya llegado al encuentro, es decir para quienes este sentimiento se asemeja al amor, es muy difícil y virtualmente imposible aceptar que sea un simple juego.

Por otro lado para quienes ni entienden ni quieren entender la importancia de ese sentimiento amoroso, para quienes esa ferviente pasión hacia el fútbol no significa nada más que un vil rival, para quienes el fútbol es solo un juego, pues podrán por lo menos entender que este es un evento que no ocurre todos los días.

Estamos en la mitad de esos escasos 30 días y por lo tanto, solo queda, admirar, suspender, alborozar y entretener, que en Corea-Japón todavía hay tiempo para más.

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