June 4, 2004

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por John Suval

Parando fuegos antes de que empiecen

Activistas comunitarios continúan la batalla por la justicia ambiental

Hace cinco años, unos relám-pagos cayeron cerca de la casa de John Mataka, incendiando una montaña de llantas —más de siete millones— que habían sido botadas ilegalmente. Las llantas ardieron durante 34 días, creando una nube negra y sofocante sobre las comu-nidades cercanas, hasta que, finalmente, un grupo élite de bomberos apagó el incendio.

Este fuego de llantas en Westley fue sólo el más reciente episodio ecológico sufrido por la gente de los pequeños pueblos situados al oeste de Modesto, en el Valle Central de California. En esta misma zona agrícola e industrial, había incineradores de basura y otros sitios tóxicos. Los mismos pesticidas que se utilizaban para producir cosechas abundantes habían llegado hasta los pozos de la localidad, convirtiendo el agua en un potaje de brujas lleno de nitratos. No en vano había una alta incidencia de cáncer entre los pobladores del área, además de enfermedades cardíacas, asma, mortalidad infantil y otras aflicciones.

“Es un asalto constante (a la salud de la comunidad)”, dice Mataka, líder del Consejo del Vecindario de Grayson.

Las municipalidades de los Estados Unidos han tenido la sucia costumbre de poner sus fábricas y basureros precisamente donde viven las personas de color y de bajos recursos. Durante la época de los derechos civiles, un movimiento surgió a través de la nación para acabar con esta injusticia. Desde las valientes batallas de César Chávez y los campesinos en California, hasta los barrios de Nueva York, la gente se levantó para exigir un mundo más saludable. La cruzada de “justicia am-biental” tuvo un gran impulso en 1994 cuando el ex presidente Bill Clinton dispuso una orden ejecutiva instruyendo al gobierno federal que asegurara que sus políticas y programas no impactaran desproporcionadamente a comunidades de grupos minoritarios y de bajos recursos.

Lamentablemente, la admi-nistración actual parece preferir las sucias costumbres del pasado a los niños saludables. En marzo, el Inspector General de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) determinó que esa institución ha traicionado la Orden Ejecutiva Número 12898, fallando a proveer recursos para prevenir que las comunidades sean contaminadas nuevamente.

Esto no es una sorpresa. En un momento que el asma aflige a más niños que nunca y millones de hogares hispanos no cuentan con agua potable, la administración de George W. Bush está eliminando la protección al aire y al agua. La limpieza de sitios tóxicos está ocurriendo a paso de tortuga. Entretanto, la administración ha permitido que representantes de las industrias contaminantes re-escriban las leyes ambientales y se auto-regulen. Como era de esperar, el cumplimiento de las leyes de protección ambiental ha decaído hasta el punto de que la EPA está entregando mensualmente un 60 por ciento menos de notificaciones a los que violan esas legislaciones.

Afortunadamente, los John Mataka del mundo se niegan a renunciar a la lucha. Impermeables a los vientos tóxicos que soplan desde Washington, él y sus vecinos continúan poniendo presión sobre los funcionarios locales electos. En el 2001, pararon la colo-cación e incineración de desechos médicos en su comunidad. Al año siguiente, impidieron que el basurero del condado se cuadruplicara en tamaño. Este valeroso grupo de obreros y amas de casa también prevaleció sobre el Consejo de la Ciudad de Modesto obligándolo a que se invirtieran más de un millón de dólares en un nuevo sistema de filtración de agua.

“Los funcionarios elegidos nos hacen caso sólo cuando sus teléfonos suenan sin cesar, o llamamos a una conferencia de prensa y salimos en la televisión local o en el periódico, o hemos destapado alguna suciedad (de corrupción)”, dice Mataka, un consejero para la prevención del consumo de drogas y alcohol, y que es además miembro de la junta directiva del grupo ambiental Greenaction. “La buena no-ticia es que la comunidad puede ganar si se aplica”, asegura Mataka.

Los activistas comunitarios del Valle Central han descu-bierto otra arma importante: la caja de boletas electorales. Cuando el titular de la Junta de Supervisores del Condado de Stanislaus apoyó la expansión del basurero, Mataka y sus amigos respaldaron al otro candidato que se postuló con una plataforma de anti-expansión. El ganador fue este recién llegado.

Tales victorias ayudan a evitar que se forme una nueva montaña de llantas en el Valle Central, esperando el próximo relámpago.

Para más información sobre cómo hacer para que el mundo sea más saludable para tu familia, llama gratis a tu Línea de Ayuda, al 1-800-473-3003.

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