June 2, 2000


Hispanic Radio Network/La Red Hispana
LA COLUMNA VERTEBRAL
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Por Consuelo Luz

Fuego en la Madre Tierra

La semana pasada fue una de esas semanas que nunca olvidaré; Nuevo México ardió en llamas. El fuego rugía consumiendo miles y miles de acres de los bosques. Solo alrededor de Los Alamos, el fuego llamado "Cerro Grande" ha quemado más de 47,000 acres de árboles. Más de 250 familias se quedaron sin hogar.

Los Alamos está localizado a aproximádamente 45 minutos, en coche, de Santa Fe donde yo vivo, y los reportajes decían que los vientos iban a cambiar esa noche rumbo al sur, a Santa Fe, la capital más antigua en los Estados Unidos. Pero el fuego mismo no era lo que yo temía, porque había otro posible horror más insidioso, un enemigo tan invisible como peligroso, la radioactividad.

Los Alamos, es el sitio donde se creó la bomba atómica y donde existe un laboratorio nuclear. Desde los años cuarenta se ha estado experimentando con la energía nuclear. Hay desgastes nucleares radiactivos en depósitos de concreto, debajo de la tierra, y barriles de desechos radiactivos encima de la misma, que deben eventualmente transportarse al depósito de desechos nucleares que se encuentran en Carlsbad, Nuevo México. Mientras el Secretario del Departamento de Energía, Bill Richardson, nos aseguraba que los desechos radioactivos estaban seguros, las llamas parecían más cercanas.

Al comenzar a controlarse el incendio, y al permitir el regreso de los habitantes a la ciudad de Los Alamos, comenzaba la próxima etapa: el enfrentamiento a la pérdida y la reconstrucción. Y, por supuesto, la hora de apuntar, tratando de hallar algún culpable. El Servicio de Parques Nacionales había ordenado una "quema controlada", justamente para evitar incendios desastrosos. Pero parece que no se siguieron las reglas requeridas y sin las precauciones debidas, los vientos de cincuenta millas por hora gobernaron la situación. El gobierno se responsabilizó, lo que significó el alivio de las compañías de seguros; pues nosotros, los que pagamos los impuestos, seremos los que al fin y al cabo, paguemos por este desastre.

Mi reacción, igual que algunos de mis amigos que tienen niños, fue escapar. La radioactividad, que se mantiene activa por miles de años, si es aspirada en suficiente cantidad puede causar terribles problemas de salud como el cáncer, los niños son aún más vulnerables. Empaqué una maleta y con mi hijo, partimos hacia Albuquerque. Esa noche hablé con un científico de Los Alamos quien me aseguró que el peligro era mínimo pero que, en todo caso, el escaparse era inútil porque el viento lleva las partículas tóxicas a todos lados. Me acordé de una línea de una canción que escribí:

"Quizás el día pronto llegará en que todos perderemos la seguridad, entonces todos de su apatía se alzarán..."

El desecho radioactivo es uno más de los múltiples problemas ambientales que afecta a nuestro planeta a raíz de que, como señalan, Carl N. McDaniel y John M. Gowdy, en su libro, "Paraíso en venta", "nuestra civilización y economía global están basadas en creencias incompatibles con la habitación perdurable de la tierra: la creencia que todo ha sido puesto en la tierra para nuestro uso... que los recursos no tienen límite... que la gente es exclusivamente egoísta y codiciosa, que la biosfera está subordinada a la economía".

Los mismos autores de dicho libro ponen como ejemplo dos islas en el Pacífico, representando las dos opciones de cohabitación que tenemos los humanos. Una isla, Naurua, escogió unirse a la economía global y permitió a compañías extranjeras sus fosfatos para quedar convertida en un desierto, destruída, donde sus habitantes enfrentan un futuro desastroso.

La otra isla, Tikopia, optó por un sistema sostenible, controlando el desarrollo, manteniendo su ecosistema y creando costumbres sociales que apoyan la armonía y la conservación. Tikopia está prosperando, y su gente es feliz y saludable.

Podemos seguir su ejemplo, dicen los autores, podemos optar por la energía solar, por la agricultura ecológica, por el control de la población, por el uso más eficiente de la energía y por la preservación de la vida silvestre, finalmente por la creencia que toda la creación es sagrada.

El fuego "Cerro Grande" en Los Alamos se logró controlar; los desechos radioactivos permanecieron seguros; yo regresé a mi casa, pero lo que quedó fue un sentido que la Madre Tierra está sonando alarmas. La estamos envenenando, estamos destruyendo sus bosques, contaminando sus aguas y su aire y exterminando sus bellas especies. Si no cambiamos el sistema global que está perpetuando esta destrucción, nosotros, los humanos, seremos una de las especies rumbo a la extinción, como los bosques de Cerro Grande y la isla pacífica Naurua, por nuestra propia mano.

Para informarte sobre grupos que luchan en pro del medio ambiente, sobre tecnologías de energía renovable, méto-dos de planeamiento familiar y otras maneras de involucrarte en la protección de nuestro planeta llama a la Red Hispana al 1-888 SURADIO, 1-888-787-2346.

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