July 30 2004

Comentario

El cambio de estrategia de John Kerry

Por Humberto Caspa

Los demócratas empezaron la fiesta de su partido. Antes de la Convención, John Kerry punteaba en las encuestas con 47% sobre 46% del Presidente George W. Bush. El Partido Demócrata apuesta en cimentar una ventaja plena, inalcanzable de John Kerry, quien será nombrado oficialmente candidato del partido esta semana. La estrategia para alcanzar dicho cometido es crear una imagen positiva de John Kerry, que la gente sienta que tiene capacidad de liderazgo, tanto en materia de política doméstica y especialmente en cuestiones de seguridad.

Los estrategas demócratas se han tragado el cuento de “el que se enoja, pierde”. De modo que están haciendo a un lado el “garrote”, que ha estado apaleando al Presidente Bush día a día, y han preferido utilizar el pragmatismo político. Por eso se han dedicado mas bien a maquillar el semblante imperfecto del espíritu de John Kerry, dotarle de carisma que nunca ha sido su prenda natural, y sobretodo proveerle de un carácter que incite beneplácito y seguridad con los electores.

Antes de la Convención, la mayoría de los votantes no estaba de acuerdo con las políticas de Bush, empero tampoco concebían a Kerry como una persona idónea para el puesto de Presidente. El proceder de su campaña, no había sido convincente. Su postura política no reflejaba una línea política consistente. “Un día decía sí, otro día no”.

En consecuencia, la estrategia inicial –si es que hubo una— del equipo de Kerry estaba conformado por una crítica persiste hacia el actual gobierno de Bush. Dicha estrategia nació casi en forma natural. Fue el resultado del descalabro de la política internacional de la actual administración en torno a la guerra en el Medio Oriente.

El plan inicial de Kerry tuvo tres momentos importantes. Primero, la descalificación de la política preventiva de Bush en Irak, donde nunca se hallaron armas de destrucción masiva, ni tampoco se comprobó la colaboración de Sadam Husein con el terrorismo mundial. Segundo, el libro de Richard Clarke, quien puso en tela de juicio el procedimiento del equipo de la actual Administración en torno al grupo terrorista Al-qaeda. Clarke censuró la falta de seriedad con la información de inteligencia. Finalmente, la película de Fahrenheit 9-11 del productor y cineasta Michael Moore. Este documental taquillero no solamente reafirmó el desencanto de la gente con Bush, sino también incitó el odio hacia el Primer Mandatario.

En parte, la crítica funcionó bien, pero siempre fue en base la figura de George W. Bush. John Kerry estuvo casi siempre relegado a segundo plano. Lo más importante, para bien o para mal, giraba en torno al Presidente. Por eso la población electoral, a pesar de distanciarse del Presidente, no encontró en Kerry un personaje digno solvente y con ideas claras.

El primer día de Convención Demócrata en Boston, especialmente el discurso del ex presidente Bill Clinton cambió la estrategia inicial de la crítica al Presidente Bush. No obstante fue el ex vicepresidente Al Gore quien marcó los primeros visos de la nueva estrategia. El discurso de Gore fue sensato; no perdió los estribos, ni siquiera mencionó a Bush por su nombre, no pidió la renuncia del gabinete del Presidente, como lo había hecho públicamente en otras oportunidades. Por el contrario, su participación fue afable, con humor, siempre enalteciendo el carácter de John Kerry. Lo mismo sucedió con la Senadora de Nueva York, Hillary Rodham Clinton, quién sugirió que sólo Kerry entiende “lo que está en juego” en torno a la seguridad nacional.

Sin embargo, el ex Presidente Jimy Carter, cambio el tono de mesura de los ponentes. Tal vez será uno de los pocos que criticará abiertamente las políticas de George W. Bush durante la Convención Demócrata. Ni siquiera Howard Dean, que se caracterizó por su proceder incendiario en los comicios electorales de su partido, fue tan severo como Carter.

De todos modos, el mensaje de Bill Clinton, con su fina versatilidad en la oratoria, eclipsó la censura de Carter. En vez de acertar una crítica específica al gobierno de Bush, su retórica generalizó a los gobiernos republicanos. Dejo claro que su gobierno fue mejor en cuestión de la economía y política exterior. En consecuencia, como Kerry es representante de su partido, su gobierno también sería exitoso.

La nueva estrategia puede ser productiva. Para los Demócratas es cuestión de enaltecer las características más importantes del candidato John Kerry. Y se trata también de relegar a Bush al segundo plano. Ahora falta saber si Kerry, en el discurso de esta semana, puede finalmente entrar en el primer plano.

Humberto Caspa, Ph.D., especialista en temas políticos y económicos.

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