July 29, 2005

Comentario:

La metamorfosis de Hillary

Por Humberto Caspa, Ph.D

No cabe duda, la huella de Ronald Reagan hizo una mella profunda en la política norte-americana que no solo determinó el rumbo de su partido, sino también el de los demócratas. A los moderados del partido republicano apenas se les escucha el respiro; los derechistas son los que más bulla meten. En los demócratas, por lo menos en los que tienen aspiraciones presidenciales, el rabo izquierdista se les está desapareciendo poco a poco.

Resulta que ahora también las mujeres están perdiendo la cola en el partido demócrata. El feminismo de Hillary Rodham Clinton, que fue muy pronunciado durante su vida de estudiante y unos años después de su graduación de la Universidad de Georgetown, se fue desvaneciendo en el aire. Al aceptar ser la líder programática de la Dirigencia del Consejo Democrático, facción moderada de su partido, está preanunciando su campaña presidencial para el año 2008.

Asimismo, su postura demuestra que la izquierda de su partido, de momento, se encuentra sin brújula, opaca de ideas, y en medio en una crisis histórica. Por lo mismo y por conveniencia, ella los abandona para unirse al centro del espectro político.

Históricamente la tendencia izquierdista del partido demócrata proviene como reacción a la Depresión económica de 1929. Todo empezó con el gobierno de Franklin D. Roosevelt, luego siguió con Harry Truman, para después morir con Jimmy Carter y finalmente ser sepultado por Bill Clinton. A Roosevelt no le quedaba otra, el descalabro que ocasionaron las políticas de laissez-faire a finales del Siglo XIX e inicios del XX, había generado una crisis financiera que terminó con la Gran Depresión. Entonces, la intervención estatal en la economía fue una variante casi natural de su gobierno.

El estatismo Roosevelt duró muchos años, hasta la llegada del neoliberalismo de Ronald Reagan en la década de los 80. Junto con la ayuda de algunos ideólogos de la derecha, y los consejos de Milton Feedman, ganador del premio novel en economía, Reagan mostró la cara por una alternativa diferente al estatismo. En consecuencia, Walter Mondale en 1984 y Michael Dukakis 1988, que enarbolaban la bandera de la izquierda, cayeron trágicamente ante Ronald Reagan y George Bush (padre), respectivamente.

Sin embargo, Bill Clinton logró, sino revertir, por lo menos ponerle un freno al fenómeno que había empezado Reagan. Seguramente muchos recordarán el eslogan político de su campaña presidencial en 1992: “es la economía, estúpido”. Fue una pancarta exitosa. Arrasó con las encuestas que mostraban invencible al ex-presidente George Bush (el papá) con más de 80% del voto popular. Fue también un indicio del cambio ideológico del partido demócrata, que reacomodaba sus vértices políticas desde una izquierda anacrónica hacia el centro.

Al Gore quiso darle una tonalidad más izquierdista a su campaña presidencial en las elecciones del 2000, pero la mala suerte, el conteo electoral cuestionable en Florida, y una jugarreta de la Corte Suprema de Justicia, impidieron su culminación en la presidencia. A John Kerry le faltó todo, carisma, estética, agallas, etc.

A tres años de la contienda electoral, Hillary Rodham Clinton ya se está perfilando como candidata del partido demócrata. A diferencia de otros años de feminismo y radicalismo exacerbado, esta vez se encaja más a los ideales de su esposo. Últimamente se ha mostrado como una persona moderada en torno a las cuestiones seguridad nacional, apoyando el control de las fronteras y restricción al flujo migratorio; su postura con relación al aborto y el derecho de la mujer es más pragmática que ideológica; y su visión de un seguro médico popular vive sólo en el recuerdo de aquella persona vigorosa, progresista y de un humanismo llamativo.

Finalmente, con su nueva tarea de en la Dirigencia del Consejo Democrático, Hillary no sólo volvió a aceptar a Bill como su marido sino también como su guía ideológico. Esto explica una cosa: su campaña política para el 2008 se centrará en una población sin partido (swing voters), cuyos ideales políticos y sociales mantienen una constante hacia el centro. Su estrategia puede darle resultados positivos, pero ya de antemano le ha dado a sus contrincantes –tanto republicanos como demócratas— muchos acicates para detenerla.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de Economía Política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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