July 28, 2000


El Fútbol Mexicano Quiere Sacrificar Su Máxima Esperanza: Cesáreo Victorino

Por Carlos González

MÉXICO, D.F. julio NOTIAMERICA.- El medio armador es, sin lugar a dudas, una de las posiciones de las que más carece el fútbol mexicano, ya que los que existen ahora están de salida, como lo pueden ser Benjamín Galindo y, en menor grado, Ramón Ramírez.

Una luz de esperanza se abrió con un par de jugadores que mostraron, desde su aparición en la primera división, sus nombres: Juan Pablo Rodríguez, del equipo Atlas, y Cesáreo Victorino. El primero formó parte de la selección nacional juvenil en el Mundial de Nigeria, luego, parte del seleccionado mayor y cuando se integró al equipo pre-olímpico, falló el penal que decidió el pase ante Honduras y, actualmente, pese a sus buenas actuaciones con el Atlas en la Copa Libertadores de América, ha sido relegado por Manuel Lapuente, quien prefiere seguir con la vieja guardia que integrar a este gran valuarte creativo del fútbol mexicano.

El segundo, Cesáreo Victorino, surgió de las fuerzas básicas del equipo Pachuca, en donde mostró sus virtudes en encuentros con las fuerzas menores y luego en justas internacionales como la del torneo de Dallas, destacando de tal manera que fue catapultado al primer equipo Tuzo, donde se constituyó, sin duda, la gran promesa del equipo.

Sus actuaciones lo llevaron a la selección juvenil del Mundial de Nigeria y también formó parte del equipo que peleó su pase a la olimpiada, fracasando en su intento cuando las raras formaciones del entonces entrenador Gustavo Vargas lo relegaron de una final en donde se careció de creatividad en el ataque, virtud que le sobra a este joven.

Hace algunos años la dirección de fuerzas básicas del equipo Pachuca le regaló su carta con la condición de que formara parte del plantel Tuzo, acuerdo que no se oficializó más que de palabra y quedando como testigos el entonces coordinador de fuerzas básicas del equipo, quien realizó todo, no sin antes contar con la anuencia del presidente y el dueño del equipo, respectivamente.

Por parte del jugador fue su señor padre Don Cesáreo Victorino, ex jugador profesional de la década de 1970, que formara parte del campeón Cruz Azul y que fuera también, parte importantísima de aquel legendario equipo que dirigió Raúl Cárdenas, con una mascarilla de crema con la que jugaba y que lo protegía de los rayos del sol... También formó parte del América, campeón de la temporada 1975-76, que era dirigido también por Raúl Cárdenas.

En fin, toda una figura del balompié azteca tanto en su equipo como en la selección mexicana y, sobre todo, una gran persona, ya sea dentro como fuera de la cancha. Fue él testigo de este formal pero no oficial acuerdo que le otorgaba su carta cuando éste fuera vendido.

El director de fuerzas básicas que hizo el trato emigró del Pachuca y se fue al América a coordinar las mismas fuerzas para el equipo de Coapa. Cesáreo Victorino padre ocupó su lugar y daba por hecho que más tarde se haría oficial el acuerdo que ligaba a su querido hijo al Pachuca, con la condición de ser dueño de su carta de transferencia.

Pero el destino le empezó a jugar de mala manera a la joven promesa, ya que unos cuantos meses después de todo esto el equipo Tuzo envió a su equipo de fuerzas básicas a jugar unos partidos en condiciones un tanto precarias, lo cual presumiblemente provocó que el camión en que viajaban sufriera un accidente en donde perdió la vida de manera trágica Don Cesáreo Victorino y que de paso se llevara a la tumba el acuerdo con la directiva Tuza.

Pero como dice el dicho "Dios aprieta pero no ahorca", le brindó la oportunidad al joven Cesáreo de ser titular del equipo y coronarse campeón del fútbol mexicano de la mano del "Vasco" Javier Aguirre, quien no sólo lo tomó en cuenta sino que lo hizo distinguirse como el armador del equipo, por encima de la "leyenda" del fútbol mexicano Benjamín Galindo, quien se mantuvo en la banca casi todo el torneo y debido en gran parte por lo destacado de las actuaciones de Cesáreo.

El tiempo llegó a su límite y por una temporada corta más tarde y muy mediocre por parte del equipo hidalguense, se decidió vender a Victorino a los Tecos sin su previa autorización y por un precio de 3 millones doscientos mil dólares, mismos que fueron cubiertos parte en efectivo (1 millón 200 mil dólares) y otro tanto en especie, con el pase definitivo de Manuel Vidrio, quien pertenecía a los Tecos.

El jugador nunca estuvo de acuerdo ya que no se le reconoció ser dueño de su carta y mucho menos el derecho de decidir a dónde ir a trabajar y, por supuesto, a vivir. Todo esto provocó que éste estuviera en contra de la transferencia y lo hizo saber a la prensa. Aquí empezó lo más grave, ya que los Tecos llevaron la carta del jugador al Draft y lo pusieron a la venta como propio a un precio de 4 millones 200 mil dólares, operación que les garantizaba una utilidad rápida.

El Monterrey tomó la opción con un mecanismo en donde únicamente pagarían la diferencia de aproximadamente un millón de dólares entre transferencia y transferencia y que dejaba en apariencia un costo de pase que en realidad nunca se aportó por ninguna de las partes y que le impedía a Victorino hacer bueno su derecho de 5% por año de antigüedad en la institución Tuza y que lo ponían con 4 años de trabajo con un porcentaje de 20 % sobre el monto de la transferencia original del Draft y que significaba una cantidad de aproximadamente un millón de dólares, más un sueldo mensual de 60 mil dólares, que lo hacían por derecho, un jugador caro.

Algo sucedió y la directiva del Monterrey, misteriosamente "descubrió" un "terrible"mal que lo aqueja, según el cuerpo médico regiomontano que lo evaluó, con una disfuncionalidad vertebral que apareció en los exámenes médicos practicados al joven futbolista.

Aparentemente todo el enredo se resume a la negativa de las tres directivas de pagar al jugador su parte cuando al muchacho le correspondía, por palabra, la totalidad de su pase o en su lugar la parte proporcional de los años trabajados.

Hoy por hoy el Monterrey se desvincula por completo de su adquisición cuando lo único que tiene de anormal físicamente el futbolista es un crecimiento mayor de músculos que rodean la zona vertebral y que son propios de casi todos los futbolistas y que no les impiden desarrollar normalmente su profesión, según revelaron estudios que se practicó el propio jugador y que dará a conocer en próximos días.

Lo más grave de todo es el gran daño que le hacen las directivas a un jugador que no persigue más que lo que le corresponde y que es tratado por tres directivas como si fuera un objeto y no un ser humano, ya sin profundizar en el daño moral que le están haciendo a una de las mayores promesas del fútbol mexicano: Cesáreo Victorino.

Afortunadamente el problema ya se resolvió y el jugador tiene algunos días para encontrar un equipo que lo desee, que de hecho hay dos o tres equipos que se interesan.

Return to Frontpage