July 25, 2003

Que no venza la tercera

Por Yhamel Catacora

Nada es más evidente que el pasar de los años, las canas, una que otra arruga, la inevitable realidad que nuestro cuerpo y nuestra mente no se detienen ante la trabajosa metamorfosis que hace de nosotros mismos, otros. En un abrir y cerrar de ojos, nacemos, algunos nos reproducimos y llegamos a la edad dorada de la vida; unos con menos achaques que otros.

Pero como lo vimos o escuchamos recientemente, esos cambios imperceptibles para nosotros mismos, pueden arrebatarnos la memoria y dejarnos vulnerables frente a nuestro propio ambiente. Como tal vez ninguna pesadilla le hubiera advertido a Russell Weller, quien a sus 86 años de edad, acabaría con la vida de 10 personas, hiriendo a más de 40, tras una equivocación que propinó que Weller presionara el acelerador y no el freno de su coche, en un concurrido mercado al aire libre, en Santa Mónica, California.

El rostro sombrío de Russell Weller, su bastón y sus canas, han dejado al país entero ponderando; a millones de octogenarios melancólicos,  y a las autoridades debatiendo si debe o no existir una edad límite para conducir.

Como cualquier debate este es controversial y es posible que por un buen tiempo veamos al cabizbajo Weller y al aparente laberinto en el que él mismo se ha metido. Mientras dure ese debate podemos mirar alrededor y ponernos en los zapatos de Weller; quizás ver a mamá o papá, a abuelito o abuelita, o a nosotros mismos en ellos. De varias formas, este caso nos afecta y mucho.

Si. Nuestra comunidad es joven, tan joven que la parte más grande de nuestra población no pasa los 30 años. Es posible que en nuestros barrios haya un anciano por cada 10 niños, y es más, es probable que nuestros abuelitos estén tran-quilos en la casa, junto a la familia, sin enfrentarse a los peligros de la vida moderna, a los carros y a las carreteras. Pero ¿pasará lo mismo con nosotros?

¿Pensarán nuestros hijos como pensaban nuestros padres? ¿Tendremos el sostén necesario para llevar a cabo nuestras tareas diarias? ¿Hasta que edad seremos autosuficientes? ¿Quien cuidará de nosotros? A veces, el romanticismo al que estamos acostumbrados como buenos latinos, nos hace poner los asuntos serios a un lado. Además, ¿por qué pensar en la vejez, si ni siquiera sabemos si tendremos el gusto de conocerla en persona.

Pues existe la gran probabilidad de llegar a la tercera edad, como también existe la probabilidad que nuestros hijos, si inclusive los tenemos, opten por la independencia; es decir por dejarnos, en su justo derecho, a nuestra suerte. 

Basta echar un vistazo a nuestro alrededor. ¿Cuántos ancianos deambulan las calles? ¿A cuántos se les convierte la vida en una batalla diaria, inclusive en las tareas menos significativas? ¿Cuántas veces hemos visto a un ser frágil e indefenso arrastrar un enorme carro de compras en supermercado? ¿A cuántos les hemos visto a ese mismo ser, recoger sus medicamentos de la farmacia? ¿Cuántos de nuestros ancianos se ven repentinamente en un país ajeno, con una lengua ajena y destinados a permanecer entre cuatro paredes por que no logran enfrentarse por fuera, con ese mundo?

La vida nos brinda un maravilloso platillo de etapas que debemos aprender a degustar. Demasiado bien sabemos cuáles pueden ser los bocados menos agradables y es por ese conocimiento previo que tenemos, que podemos rescatar algo del trágico accidente de Weller. 

Mientras más temprano comencemos a pensar en nuestra autosuficiencia en la tercera edad, será mas agradable llegar a ella. Si ya nos encontramos viviendo esa edad dorada de la vida, sintámonos afortunados de poder dar un ejemplo a nuestros hijos y nietos, y sigamos con la frente en alto y con dignidad el camino que a todos nos toca vivir. Y si pensamos que nuestra juventud es eterna, pongamos la mano al pecho, vale nuestra independencia, pero no vale nada ser indiferente hacia quizás nuestros padres o abuelos, o cualquier otra persona que estime y aprecie una mano que le aliviane el peso que los años pueden traer. 

¿Estas listo para tu tercera edad? Existen organismos sin fines de lucro en todo el país que velan por el bienestar de las personas ancianas, como AARP; infórmate llamando gratis al 1-800-424-3410

Envíe sus comentarios a columnadeyhamel@aol.com 

Return to the Frontpage