July 23 2004

Cultura y Opresión Indígena

Por primera vez, indígenas de México y Estados Unidos discutieron aspectos que afectan su situación social actual durante un importante simposio

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service

FRESNO, CA — Aproximadamente 100 Otomíes, Mixtecos, Zapotecos, Catúas, Mayos, Purépechas, Monos, Comanches, Náhuatls, Yakis, Chipúas, Orepegos, Keetowahs, Paiutes, Chumasas, Hochuaks, Navajos, Apaches y otros, se congregaron para dialogar sobre “Cultura y Desarrollo” y “Territorio y Movilidad”, los días  10 y 11 de julio en Fresno, convocados por el Instituto Pan Valley (PVI) del Comité de Servicios de Amigos Americanos y el Frente Indígena Oaxaqueño Binacional (FIOB). Esta convocatoria reunió a destacados líderes indígenas y tomó varios meses de cuidadosa preparación.

“Hablar de Cultura y Desarrollo es hablar de un modelo de deficiencia: se culpa a los pobres de su falta de desarrollo. Los países del tercer mundo tienen que adoptar los valores de los paises industrializados para poder salir de la pobreza”, dijo Gaspar Rivera, profesor de la Universidad de California-Riverside y activista del FIOB. Por eso, agregó, todavía se escuchan expresiones como “los mexicanos son perezosos”, “los latinos son pobres porque tienen muchos hijos”, etc.


Oralia Maceda, (izq) representante del FIOB y Myrna Martínez, coordinadora del PVI.

Rivera agregó que basta ver trabajar a los campesinos mexicanos en el Valle Central de California para desmentir esas expresiones. Pero la cultura dominante reinventa constantemente sus mitos para mantener el dominio de clase. “Max Weber, uno de los fundadores de la sociología moderna, escribió que hay algo en la disciplina del protestantismo que permitió a ciertas culturas un gran desarrollo”.

Rivera se refiere al sociólogo alemán Max Weber (1864-1920), profesor, antisocialista y militar prusiano, cuyo libro “La Etica Protestante y el Espíritu Capitalista” (1905) tendría gran influencia hasta nuestros días. En él, Weber escribe que en las sociedades donde predomina la religión protestante se produce el gran avance capitalista —a diferencia de aquellas con influencias calvinistas o católicas— porque crea un espíritu de trabajo racional en búsqueda de beneficios materiales.  

El neorracismo norteame-ricano, plasmado en los libros “Mexifornia”, de Victor Hanson  (2003) y “El Desafío Hispano”, de Samuel Huntington (2004) recrean este mito al expresar el desafío a los valores anglo-protestantes por parte de los latinos y su cultura.  “No es flojera, sino la desigualdad económica y social que impide se desarrollen los indigenas”, comentó Rivera.

Ron Alec, de la tribu Mono del Valle Central, mencionó diferentes estrategias del poder para mantener divididos a los nativoamericanos. Explicó que su propia tribu decidió retirarle la membresía, lo que significa perder el acceso a la tierra de sus ancestros. “Los esfuerzos por recuperar la tierra sagrada de nuestros antepasados chocan con las exigencias burocráticas y la indiferencia de los gobernantes”, dijo Alec. Y agregó que los jóvenes ya no hablan sus idiomas, perdiendo así uno de los últimos elementos de identificación cultural.

La concesión de casinos a diferentes tribus a lo largo de California también fue cuestionada. “Solamente ayuda a unos, pero no a todos, y no siempre se usa para el bien común”, aseguró Norma Turner, quien agregó que si bien muchos tienen carros nuevos, las tribus que reciben dinero de los casinos “no invierten en la tierra, en nuestros árboles”. Turner insistió en la relación de los indígenas con la tierra. “El maltrato a la tierra y la contaminación son inadmisibles”, concluyó.

“Cultura no es solamente vestirse con trajes típicos o bailar”, dijo Rufino Dominguez, coordinador del FIOB. “Tampoco queremos esa cultura del ‘pobrecito indio’”. Y agregó que las comunidades marginadas deben crear una cultura participativa. “Aquí los indigenas no son respetados, en México tampoco, por eso creo que debemos unirnos y hacer algo al respecto”.

Parte de la asistencia coincidió en que algunos conceptos occidentales no expresan las necesidades e intereses de los pueblos indígenas, como la palabra “soberanía”-que ironicamente según algunos, mas bien divide a las diferentes tribus. “Nos llaman naciones pero en realidad no lo somos ya que ni siquiera tenemos la infraestructura de una nación”, comentó Marta Frausto, de Fresno. “En los 30s, el gobierno de Estados Unidos nos dió soberanía S. La misma soberanía que ahora le dieron a Irak”, dijo Victor Yellowhawk, de Sacramento. “Eso no se dá, la tienes o nó”.

El diálogo abarcó otros temas de gran importancia, como el alcoholismo, las diferencias de género, la arrogancia de los gobiernos a ambos lados de la frontera que determinan la suerte y hasta la definición de quiénes son indígenas. Para los nativoamericanos, el tema migratorio es intrascendente ya que las fronteras fueron creadas por los intereses de los blancos, por lo tanto no consideran a los indígenas provenientes de México como migrantes. Pero acordaron seguir dialogando sobre el tema, de vital importancia para los miles de Mixtecos, Zapotecos y otros indígenas mexicanos que emigran a Estados Unidos.

Esta migración masiva es producto de un modelo económico -defendido por Max Weber- que también destruyó la convivencia de los pueblos originales del continente con la tierra, afirmó Mirna Valenzuela, de origen Mayo. “En nuestra tierra de Sonora, México, la minería secó la tierra Š Y después se fueron, no nos dejaron nada”.

Los participantes destacaron la importancia de este diálogo al que llamaron histórico y acordaron reunirse otra vez para buscar acuerdos de trabajo que serán establecidos en un documento a darse a conocer el próximo 12 de octubre.     

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