July 22, 2005

Comentario:

La nominación de Roberts

Por Humberto Caspa, Ph.D

En un eclipse de sol, la luna se interpone entre este astro y la tierra. Los rayos solares disminuyen de intensidad momentáneamente, aunque no llegan a desaparecer del todo. Sí, fue así, como un eclipse de sol cuando el Presidente George W. Bush nominó a John G. Roberts Jr. a la Suprema Corte de Justicia. El grueso del partido Demócrata se enmudeció momentáneamente, sólo adherentes fieles a los ideales políticos de ese partido, particularmente defensores del derecho a la “libre elección de la mujer”, lograron responder con congruencia.

Para el infortunio del ala izquierda del partido demócrata, Roberts es una persona difícil de discernir. Los escasos dos años que ha permanecido en la Corte Federal de Apelaciones del Distrito de Columbia no sirven para constatar alguna tendencia ideológica concreta que pueda poner en tela de juicio su candidatura. A diferencia de otros candidatos que lo precedieron (por ejemplo, Clarence Thomas or Robert H. Bork), Roberts raras veces, o tal vez nunca, se ha prestado a la polémica.

Por el contrario, se ha destacado más por mantenerse embaucado en sesgo lúgubre de su bufete de abogados y dentro de su aposento jurídico en Washington.

Sin embargo, su historial académico, sus conexiones laborales y sus relaciones personales pueden darnos algunos indicios de su inclinación política. Hasta cierto punto, estas variables pueden ofrecernos algunas pistas posibles de su racionalización jurídica en ciertos casos sensibles, particularmente con relación al derecho de la mujer.

Roberts se han caracterizado por establecer vínculos profesionales con individuos altamente conservadores.

Inicialmente, después de terminar su carrera de leyes en la Universidad de Harvard, se fue a Washington D.C. a trabajar como ayudante de William H. Rehnquist, presidente de la Suprema Corte de Justicia. A pesar de que la calificación académica juega un papel significativo en el nombramiento de ayudantes, la ideología del estudiante es también impor-tante. Muchos magistrados a menudo contemplan el perfil ideológico como punto de partida para ofrecerles trabajo.

Como se sabe, Rehnquist es uno de los propulsores acérrimos de la inconstitucionalidad de Roe v. Wade. Probablemente mucha gente se preguntará, sí jefe mantiene una línea dura en torno al aborto, entonces sus discípulos también le siguen los mismos pasos. El dicho popular “de tal palo tal astilla” encaja sutilmente entre este caso.

Asimismo, Roberts se destacó como consejero jurídico de la Casa Blanca durante el gobierno de Ronald Reagan. Años más tarde, estuvo bajo las ordenes de Kenneth W. Starr, jefe del equipo que procedió legalmente contra el ex presidente Bill Clinton en el caso Whitewater, y buscó desesperadamente su abdicación presidencial por sus relaciones amorosas. Además, estuvo ligado al gobierno del papá del actual presidente.

Por otra parte, la compañera de cabecera de Roberts, su esposa Jane Sullivan Roberts, se ha distinguido por mantener vínculos con grupos feministas de la derecha. Ha sido miembro activa de la organización “Feminist for Life of America”, cuya meta principal se cristaliza en defender la vida de los seres humanos, incluyendo a los que están se encuentran en estado de gestación en el útero de la mujer. A diferencia de su esposo, Sullivan Roberts expresó textualmente sus deseos de revertir el caso Roe v. Wade.

Es probable que estos aspectos extra-personales no sean un reflejo fiel de la perspectiva ideológica de Roberts. Al fin y al cabo es él quién finalmente determina sus decisiones, y define sus opiniones políticas. De todos modos, el medio en donde una persona se relaciona, tiene consecuencias palmarias sobre el individuo, incluyendo su perspectiva de vida e ideología política. A ese escenario donde se configura la personalidad, los sociólogos le llaman la “estructura”, y los sicólogos el “medioambiente”.

A lo anterior hay que agregar que Roberts en 1990 propuso la abolición de Roe v. Wade; empero, durante su rectificación en el Senado para juez federal de apelaciones, su opinión cambió rotundamente de rostro. “No existe en mi opinión personal que prevenga una cabal aplicación de ese (Roe v. Wade) precedente”, dijo. Entonces, los principios de Roberts en torno, principalmente, al derecho de la mujer está todavía en el aire. Hay que darle tiempo al tiempo.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de Economía Política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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