July 20, 2001

Opinion

La Apertura de Mercados y el Movimiento Campesino en Bolivia

Por: Humberto Caspa

El movimiento de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTB) en el Altiplano de La Paz, Bolivia, proviene de las políticas económicas implementadas a partir de una lógica ortodoxa del Libre Mercado, desde el tercer ciclo del Dr. Victor Paz Estensoro hasta el actual régimen del ex-dictador Hugo Banzer Suarez.

De acuerdo a los datos del Banco Mundial, durante el decenio de 1990, el peso boliviano ha mantenido una paridad relativa con relación al dolar; y el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) ha estado a la alza, excepto los dos últimos años que prácticamente no creció. Sin embargo, la distribución del excedente económico no ha tenido un balance ecuánime, unos pocos se beneficiaron en detrimento de la mayoría. En 1997, por ejemplo, el 20% más rico de la población económicamente activa (PEA) acaparó 61.8% del superavit boliviano; mientras que el 60% lo hizo con 18.9%; y el 20% más pobre sólo retuvo un mísero 1.9% del total de las ganancias.

Por consiguiente, no debe sorprender a propios y extraños por qué los indigenas Aymaras han optado la vía del bloqueo de caminos para demostrar su inconformidad con las politicas económicas del gobierno de Banzer y sus antecesores.

Envés de encontrar un mecanismo económico que permitiera escurrir (trickle down) el superavit a los sectores aislados, la política económica banzeristas ha buscado caprichosamente el auxilio de la derecha international, particularmente la norteamericana. No presidente boliviano en el pasado ha demostrado fidelidad casi absoluta hacia Uncle Sam como lo ha hecho el ex-dictador. Esta postración política tiene dos finalidades: Recibir paquetes económicos y borrar su pasado nefasto dictatorial.

Las relaciones entre paises ha cambiado. La coyuntura de la política mundial sufrió transformaciones a consecuencia del derrumbe del bloque Soviético. A diferencia de la época dictatorial de la década de 1970 y 1980, el gobierno norteamericano ya no accede créditos a los gobiernos bolivianos por el simple hecho de apoyar sus políticas anti-comunistas. El fantasma del comunismo ya no existe. Así como también muertos están los créditos internacionales fáciles: los de ahora traen "candados".

A consecuencia de los requisitos que impone el capital mundial, a través de las organizaciones internacionales financieras, el FMI, el Banco Mundial, el BID, entre otros, los gobiernos bolivianos han favorecido las políticas neoliberales. Al sector privado prácticamente les han encomendado el desarrollo económico del país. Esto puede ser un arma de doble filo. Las entidades privadas a menudo se convierten en la contradicción natural del desarrollo económico de un país si no son restringidas adecuadamente por el Estado. Por un lado, tienden a monopolizar el mercado; o por el otro, pueden gestar un crecimiento económico con propensión hacia los sectores privilegiados.

La experiencia Boliviana encaja exactamente en el segundo caso. Con las políticas neoliberales el quintil más rico, como indicamos anteriormente, ha incrementado conspicua-mente su riqueza, mientras que la población mayoritaria ha sufrido un proceso de pauperización histórica, casi irreversible. Al no contar con alternatives laborales viables, una parte de la población económicamente activa se ha injertado en los sectores informales; algunos optaron por la migración a otros paises, preferentemente al Argentina y a los Estado Unidos; otros pocos claudicaron aterrorizando las metrópolis urbanas tomando parte en organizaciones delictivas; y la gran mayoría rural se mantiene todavía en un estado vegetativo, distanciado del "convite económico" que han generado los gobiernos neoliberales. Como han expuesto ya muchos dirigentes indígenas Aymaras, los campesinos quieren vincularse en el actual modelo de desarrollo, pero también desean mantener sus propias costumbres, étnia, religión, e inclusive sus formas de administración pública. "Nuestra lucha no sólo es económica…, sino también la liberación y desarrollo de nuestras nacionalidades oprimidas".

En consecuencia, el gobierno boliviano no puede simplemente contemplar o mirar de reojo las perversidades del Libre Mercado. Es tarea fundamental de controlarla. Esto no significa que el Estado regule la economía, como lo hiciera durante la época estatista; tampoco implica poner un alto a las inversions extranjeras; o ignorar el proceso de globalización. La tarea del Estado es para poner un mecanismo idóneo que gestione la relocalización de recursos en las zonas rurales, donde el modelo neoliberal simplemente la contempla, pero no la incluye.

Hay que entender, de una vez por todas, que los capitales del gran empresariado transnacional y boliviano no se mueven a partir de una lógica altruista, no invierten donde no remuneran réditos. En las condiciones actuales, para ellos, el altiplano y las zonas rurales de Bolivia, no traducen ganancias ni a corto ni a mediano plazo, peor a largo plazo.

Humberto Caspa, Ph.D., de nacionalidad Aymara, catedrático de Ciencias Políticas, Historia y Economía Latinoamerica en Orange Coast College. También invitado a inpartir clases en la University of California, Irvine; y California State University, Fullerton. E-mail: hcaspa@hotmail.com

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