July 18, 2003

De lo invisible a lo opaco

Por Yhamel Catacora

Ya no es ningún secreto, el censo de los Estados Unidos ha vertido la oficialidad de nuestras cifras, los hispanos, latinos o como guste llamarnos, somos el increíble Hulk demográfico; somos la minoría más numerosa, la más colorida, la más propensa a convertirse en el centro de atención.

Ahora que estamos llegando a conformar los 39 millones de habitantes del país y que somos responsables de casi la mitad del crecimiento del mismo, nuestro estatus está transformándose; no cabe duda somos todo menos invisibles.

Gradualmente la radio pública o NPR por sus siglas en inglés, por ejemplo, ha ido integrando reportajes que abarcan temas como, la alianza de dos gigantes medios de comunicación hispanos, la inmigración ilegal, la importancia o la insignificancia del color de la piel, el embarazo de adolescentes, entre muchos otros.

Las ondas de NPR hacen eco, en inglés, de las voces o de los testimonios de aquellos inmigrantes hispanos que narran sus travesías o sus aventuras. Esas voces son las que dan a conocer a los escuchas de la radio pública, a una fracción no muy numerosa de la población de este país, por ejemplo que sólo el año pasado 35 mil niños fueron arrestados cruzando la frontera mexicana-estadounidense, o que en un estado tan tradicionalmente anglosajón como Carolina del Norte, un grupo de jóvenes está poniendo en las ondas de la radio, el español, a través de un simpático programa educativo hecho por jóvenes para jóvenes.

Pero la noticia de nuestro crecimiento, el nuevo estatus que nos da nuestra voluminosa población, también nos pone en la tele y en la prensa escrita. Es Imposible pasar desapercibidos. El Washington Post, con sede en la capital, una de las publicaciones de mayor renombre en el mundo entero, enfoca regularmente todo lo que tiende a cosquillear al gigante. “Nuevo Reporte indica que la raza divide a los hispanos”, leía un reciente titular, que informaba al lector sobre un estudio realizado en New York, sobre las tendencias de nuestra comunidad en lo que se refiere al color de la piel y al estatus socio-económico de cada persona. Algo que como latino-americanos sabemos desde hace 500 y pico de años.

   Pero es indiscutible. El gran 10 por ciento de la población da mucho de que hablar. Y aunque a veces lo que leemos, escuchamos y vemos no sea ninguna novedad para nosotros, es impresionante el impacto que puede causar en alguien ajeno a nuestra comunidad, o en quien no tenga la mínima noción de todo lo que estamos compuestos.

Pero mientras los otros se preocupan en diseminar nuestras historias y lucran con nuestros dramas, nosotros preferimos ser espectadores de otras realidades, tal vez otras más sofisticadas, como las que nos muestran las telenovelas; otras más impactantes, a partir del chupacabras y del zodiaco; otras con más acción, que muestran que no solo los americanos terminan a puños en la tele. Y si vamos a sintonizar una de los cientos de radios en español a lo largo y ancho del país, es más probable que escuchemos sobre la última cirugía plástica de algún héroe juvenil que de los 35 mil niños que son arrestados por cruzar ilícitamente la frontera.

Y es que lo “educativo no vende”, y como mencionaba un ejecutivo de uno de los principales proveedores de internet del país recientemente, y que está haciendo todo lo posible por que sus 1000 y pico de horas gratis lleguen al hogar latino a través de su atractiva propaganda en español, ellos “intentan alejarse lo más posible de la palabra educación o educativo” en el canal dedicado a ese tema: la educación. Contradictorio. Y eso es lo más triste. Que precisamente las personas que tienen el poder de cambiar nuestra realidad o por lo menos nuestra imagen en este país, los medios de comunicación, tienden a pensar que nuestra comunidad no entiende, ni asimila la educación.

El entretenimiento es vital, todos necesitamos esa canción que nos haga cantar, bailar, reír, como  no nos atrofia la mente viajar al Brasil o a México con una de las telenovelas, o carcajear con el show de Laura, tampoco hace daño ver los vestidos, o cuánto peso aumentan o bajan las conductoras de los programas de sucesos. Pero tampoco hace daño tener otras alternativas, intentar ganar algo más que un pasivo y superficial gozo ante la tele, la radio o la prensa escrita.

Estamos creciendo pero continuamos tambaleando como el héroe grande verde y torpe, y continuaremos proveyendo a los medios en inglés con magníficas historias de su vida y milagros mientras nosotros mismos somos indiferentes a ellas.

¿Es la sociedad el reflejo de los medios o son los medios el reflejo de la sociedad? Es incierto y relativo, lo único claro es que el control remoto está en nuestras manos y de nosotros depende la elección. Comencemos desempañando el espejo individual y decidamos si en realidad somos lo que vemos en los medios, si no es así en nosotros mismos está el poder de cambiar esa realidad. Simplemente se trata de mirar alrededor y cuestionar lo que se nos ofrece. Conformamos el país del consumo, por excelencia, pero eso no significa que debamos indigestarnos con todo el banquete a nuestro alcance. Tampoco debemos olvidar que se dice que los latinos estamos más propensos a la obesidad. Evitemos la glotonería cuando se trata de nutrir nuestra mente.

Envíe sus comentarios a columnadeyhamel@aol.com 

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