July 16 2004

En Vez De Ver Pasar La Muerte, Decidimos Producir

En Argentina, decenas de empresas cerraron sus puertas dejando a miles de trabajadores desempleados. Hoy, estos trabajadores son quienes están reactivando las fábricas y la economía nacional. En esta segunda parte, como actuaron algunos trabajadores.

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service


(II parte)

BUENOS AIRES, Argentina — Ante la situación de crisis social y la quiebra masiva de empresas, los trabajadores deciden tomar la iniciativa. Ya en enero de 2002, el peso argentino fue devaluado y el gobierno provisional de Eduardo Duhalde llamó a elecciones, que finalmente gano Néstor Kirchner en 2003. Ambas medidas contribuyeron a sanear el ambiente económico y político de un país sumido en el caos y la parálisis.

“Esta crisis no es solo de Argentina, se trata de una crisis estructural del sistema que se expresó más dramáticamente en este país”, dice José Abelli, líder de una de las corrientes de fábricas recuperadas. Fumador incesante y buen conversador, este obrero de 48 años, casado y con dos hijos explica apasionadamente las causas del fenómeno. “Curiosamente, el capitalismo casi se destruye a si mismo. Nosotros somos la solución al problema, buscamos redes de servicios. Buscamos reactivar la economía”.

Según Abelli, en Argentina se rompió el contrato social que otorgaba a la clase trabajadora una parte digna del ingreso económico del país. Durante los 90s, bajo el gobierno de Carlos Menem, la desocupación pasó del 6% al 24% con las consecuencias sociales previsibles. “Empezamos a organizarnos para recuperar la dignidad que el sistema nos quitó. Nos querían dar comida pero no empleos y salud. Tampoco querían darnos educación para nuestros hijos. Y este proceso incluye a la clase media, hoy empobrecida”.


Omar Caceres y Jorge Aguilera, trabajadores y administradores de la empresa “Mil Hojas”.

“Estaban las fábricas, las maquinarias, el mercado. Los patrones se fueron, dejaron todo. Pasaron a la especulación en lugar de la productividad”, agrega Abelli. Esta especulación, consecuencia de las políticas neoliberales impuestas por Menem y el FMI, crearon una ilusión de modernidad que posteriormente llevaron a Argentina a una situación “de precapitalismo, regresamos a la sociedad exportadora agrícolaganadera de principios del siglo XX”.

Los obreros, entonces, decidieron actuar. Este es el caso de la fábrica de pastas “Mil Hojas”, ubicada en la ciudad de Rosario, 300 Km. al norte de Buenos Aires. En diciembre 2000, los 15 trabajadores se constituyen en cooperativa y reabren la fábrica, (cerrada y en proceso legal de bancarrota). Durante un año, pagan una renta y luego la empresa se remató. “La gente y los medios nos apoyaron. El día que la fábrica pasó a nuestras manos fue muy emocionante, la gente nos traía regalos y nos llamaba por teléfono”, dice Jorge Aguilera, tesorero de la empresa y veterano de 25 años como trabajador de la misma.

“Al principio estábamos inseguros, no sabíamos administrar”, comenta Aguilera. Pero el esfuerzo y la paciencia rindieron frutos. “Mil Hojas” recuperó clientes, saneó la administración, aumentó la producción y creó nuevos productos —para lo cual tuvo que contratar otros 15 empleados. “Nuestro objetivo inicial era mantener la fuente de empleo, trabajábamos 12, 14 horas diarias”, dice con orgullo Juan González, Secretario de la empresa.

Durante este proceso, los trabajadores contaron con el apoyo incondicional de sus familias. “De todo este esfuerzo quedaron algunas secuelas emocionales, porque en esos momentos la pasábamos muy mal, no teníamos ni para comer”, reflexiona Cáceres. “Hasta ultimo momento colaboramos con los dueños, pero ellos desconfiaron de nosotros”. Hoy, todos los empleados disponen de seguro de salud y en tono optimista agrega, “queremos aprender a exportar”.

Dentro de este movimiento, existen empresas de diferentes ramas de actividad, desde transporte y cafetería hasta un hotel de turismo. Algunas emplean solamente 10 o 15 trabajadores pero otras llegan a 4,000. “Estas son empresas de personas, no las medimos solamente por ganancias o perdidas, son de interés social”, explica José Abelli, quien reconoce que esas empresas deben competir y ser rentables en una segunda instancia. Pero también es conciente que los valores económicos han cambiado. Bajo el neoliberalismo, mientras los números indican una mejora económica (+7.8% en Argentina durante los 90s), el desempleo también aumenta (24% en esa época). “Los patrones pasaron a la especulación y dejaron la productividad y luego se fueron”.

El cambio de gobierno también significó un alivio para los trabajadores. “Este gobierno tiene interés en el proceso de recuperación de fabricas, no quiere dar dadivas a los marginados sino ayudarlos a producir”, comenta el periodista Marcelo Cena. “El gobierno quiere contribuir a este proceso que es una realidad”, asegura Susana Barasatian, representante del Departamento de Empleos de la Secretaria del Trabajo de Argentina durante una reunión con empresas recuperadas que se realizó en la Universidad Nacional de Rosario el pasado mes de junio. “El principal problema que enfrentan estas fábricas es el financiamiento, incluyendo maquinaria y establecimientos obsoletos”. Barasatian agregó también que Argentina no dispone de leyes precisas para regular este proceso pero que los legisladores están buscando soluciones.

“La reactivación de las fabricas significa la reactivación de barrios enteros y de importantes sectores de la economía”, afirma José Abella, quien reconoce que este proceso depende de la marcha general de la economía y que las presiones del FMI buscan sus intereses, no ayudar al país ni a los trabajadores. “Sin embargo somos optimistas”. No le falta razón: 10,000 trabajadores que volvieron al circuito productivo por su propia iniciativa lo demuestran.

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