July 16 2004

Comentario:

Desleales a puños

Por Andrés Lozano


En la continua telenovela política mexicana, Alfonso Durazo, secretario particular y jefe de prensa del presidente Vicente Fox, renunció a sus puestos el seis de julio del 2004. La renuncia ocupa ‘diecinueve’ cuartillas. De hecho es un «Yo Acuso» al presidente por sus pretensiones de ‘imponer a su esposa’ como candidata a la presidencia de México.

Durazo es pájaro de cuenta, jilguero canoro. Fue secretario particular del candidato Luis Donaldo Colosio, asesinado en campaña en 1994, en circunstancias y complicidades sin aclarar inodan a cercanos y opositores de Colosio dentro de su partido: la lista de sospechosos es igual hoy que hace diez años. Militante del pri desde joven, a raíz del triunfo electoral de Vicente Fox en el 2000, Durazo escribió otra carta de renuncia y denuncia contra su partido de toda la vida. Hecho esto, dimitió de éste para ocupar la secretaría particular del vencedor del partido antagónico al suyo: Las sillas musicales de la deslealtad y del oportunismo.

Reza el adagio: «Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.» ¿El desertor que deserta a desertor cuántos tiene? ¿O siendo tan vil la deslealtad, no alcanza el indulto dado a los ladrones? El tres de julio del 2000 Fox dio la espalda al electorado que lo llevó a la presidencia. Al día siguiente de su triunfo. Ahora Durazo lo planta a él. Crece la lista de quienes abandonan el naufragio del ¿sexenio del cambio? Alto es el costo del disimulo y más sillas musicales…

Fox nunca tuvo proyecto de gobierno. Se aplicó a conseguir la presidencia para destacar; no para gobernar, sino para salir primero en la foto de la revista Hola. Alcanzada su meta, repudió el tinglado montado para engatusar prosélitos. Desde el principio marcó distancia con el partido lo abanderó como candidato. En desaire a su partido y correligionarios, optó por usar como oficina temporal una residencia propiedad de conspicuo favorito del régimen previo. Enturbió de oquis y de origen la transparencia de la transición.

La renuncia de Alfonso Durazo rebosa ironía. Durazo fue hombre de confianza del ultimado Colosio; vaya, priista de hueso colorado. Visto con la óptica de los hechos, por puro sentido común, fue patochada Fox lo designara secretario particular, el puesto de mayor fragilidad para el presidente. La renunciadenuncia de Durazo tiene tintes de puñalada trapera. Sus bien redactados argumentos ponen a Fox a merced de sus antagonistas; lo exhiben como tonto de capirote.

No está claro si Durazo discurrió su treta de consuno con López Robador o fue coincidencia, pero la sincronización es impecable para apoyar la causa del cacique de la Macuspana: En forma conveniente distrae la atención pública de las barrabasadas perpetra a diario el jefe de desgobierno del DF, en momento crucial en el cual enfrenta la justicia por desacato. Coincide con el ensayo de asonada perredista ocurrido el cinco de julio. El cierre simbólico de oficinas de la procuraduría, efectuado con precisión por el PRD ese día en todo el país, es sedición y desafío a las instituciones nacionales si prosiguen con el intento de procuración de justicia. Aviso de motines por ocurrir si se aplica la justicia a López Robador. Intimidación del peor género a la nación. Si no hubo conjura entre Durazo y el PRD, la coincidencia es notable para beneficio de ambos.

El madruguete de Durazo arriesga la estabilidad nacional. Fox es frívolo, desatinado en su desempeño y poco apto, mas es el presidente electo de la república, encarna las atribuciones del estado y por ello merece respeto, aunque él no se dé a respetar. Detrás de él hay legión de presidentes incompetentes y perversos no fueron denunciados por antecesores de Durazo. Es grave la figura presidencial sea bocabajeada con impunidad por cualquier auxiliar intrigante, en sincronía y quizá sintonía con el cabecilla de la rebelión perredista.

Durazo denuncia un hecho, es crucial lo apuntale con evidencias. Que documente y respalde el complot palaciego para forzar la sucesión presidencial. Hay abismo entre musitaciones presidenciales a que éstas se conviertan en acciones. Si Durazo acredita su denuncia sería héroe, si no vil infame al delatar simples comentarios escuchados en confidencia. Su destino es irrelevante, por ahora cuenta sus treinta monedas de plata de notoriedad. Pronto emergerá entre los enemigos de Fox, cofradía nutrida de antiguos ‘amigos suyos’. Pero la realidad es que Durazo sólo ha diseminado un rumor y esto es crucial subrayarlo.

Es penoso que Fox deprecie la figura presidencial por los caprichos de su estrafalaria cónyuge, mas de ninguna manera se justifica por ello la sedición perredista apuntalada en la denuncia de un posible judas mientras ése no produzca certeza de efectiva conspiración presidencial. La coartada de Durazo, pues, tiene tintes de despiste para ocultar la labor de zapa perpetrada de tiempo atrás contra el presidente por cuenta propia o de terceros. ¿Está deslindado de la liquidación de Colosio? La pregunta es pertinente, pues al menos le place placear a jefes y antiguos asociados; eso sí está establecido.

Andrés Lozano: alozanoh@msn.com

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