July 16 2004

Comentario

Restricciones a los Derechos Individuales

Por Humberto Caspa, Ph. D

Supongamos un caso no tan hipotético. En una biblioteca pública una persona lee cotidianamente libros sobre temas del Medio Oriente, terrorismo, del sub comandante Marcos, e incluso libros religiosos del antiguo testamento. De repente, dicha persona es acosada por el FBI, instigado, e inculpado por terrosismo, a pesar de que nunca había tenido algún nexo con grupos subversivos, sólo un interés informativo en esos temas.

Lo anterior es desafortunadamente legal de acuerdo a la Ley Patriota, suscrita a pocos meses después del atentado terrorista de Septiembre 11. El gobierno federal, a través de sus agencias de investigación, tiene el derecho de indagar las lecturas de los ciudadanos norteamericanos y extranjeros en las librerías y bibliotecas de nuestro país. Asimismo, dicha ley, incluso, obliga a los trabajadores bibliotecarios y en las librerías a cooperar con las autoridades pertinentes para averiguar el historial de las personas acusadas. En este sentido, la ley no sólamente viola sus libertades civiles, sino también obliga a los trabajadores a cooptar en contra de personas inocentes.

Bien dice Michael Moore en su película Fahrenheit 9/11, “la ascención del Presidente George W. Bush en el gobierno no es un mal sueño, sino algo real”. Para reafirmar un poco el humor visceral de Moore en su película, el problema de la actual Administración es evidentemente su Presidente; empero no se detiene con él sino que repercute en el Congreso y en el Poder Judicial.

El Congreso es el encargado de legislar leyes, el Presidente las firma y la Corte Suprema de Justicia es la que vela la constitucionalidad de las mismas. Con la aprobación de la Ley Patriota, tanto el Congreso como la Corte Suprema nos fallaron. George W. Busch es tonto pero no tanto.

Si Thomas Jefferson, defensor moral de las Libertades Civiles, estuviera con nosotros seguramente estaría regañando a cada uno de los congresistas por la aprobación de la Ley Patriota. Tanto Jefferson como otros defensores de las libertades individuales lucharon fuerte contra el poder del Estado. Nunca desearon que las instituciones gubernamentales interfirieran con las libertades inmanentes del individuo. Por eso, a pocos años de la proclamación de la Independencia, Jefferson cabildeó para que se aprobaran las famosas enmiendas de las Leyes del Derecho (Bill of Rights).

La Enmienda Primera, que limita al Congreso a infringir contra los derechos individuales dice, por ejemplo, “el Congreso no debe crear leyes que establezcan una religión, o leyes que vulneren la libertad de expresión, prensa y de organización, tampoco deben impedir el derecho a solicitar libertades.”

De manera que la Ley Patriota, especialmente el inciso que provee el derecho a la requisa en las librerías y bibliotecas, viola claramente los derechos individuales de las personas. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia, que es la que balancea al poder Legislativo, nunca cuestionó su validez.

Los miembros de la Cámara Baja del Congreso, en vista del tremendo error que habían cometido al aprobar la Ley Patriota, trataron recientemente de enmendar el párrafo relacionado a las lecturas en las librerías y biblioitecas. Cuando la enmienda parecía haber tenido el apoyo mayoritario para su aprobación, los representantes del partido Republicano, con mucha presión de la Casa Blanca de nuevo truncaron una medida que hubiera reivindicado los derechos individuales. La enmienda eventualmente murió en la Cámara Baja.

Aquí no se cuestiona el embate contra el terrorismo internacional. Está claro que la soberanía del país fue mancillada conspicuamente por el ataque de Al-qaeda en Septiembre 11. El presidente Bush, en consecuencia, tiene toda la autoridad que le delega el Estado para revertir otros atentados terroristas. Sin embargo, la constitución no cede ni al Presidente ni al Congreso, el derecho de establecer leyes que repriman los derechos individuales. Algunos de los incisos de La Ley Patriota atentan contra nuestros derechos. Las librerías y las bibliotecas son recintos sagrados del conocimiento, donde la mano invisible del Estado debe desaparecer por completo.

Humberto Caspa, Ph.D., especialista en temas políticos y económicos.

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