July 15, 2005

Commentary:

El nuevo giro del caso Plame

Por Humberto Caspa, Ph.D

El guión de la novela virtual con relación a la agente secreto de la CIA, Valerie Plame, cambió de argumento. Hace pocos días atrás el caso se había polemizado en torno al tema de la “libertad de expresión”. Ahora que uno de los presuntos acusados, Matthew Cooper, reportero de la revista Times, decidió abrir la boca, el guión se tornó en “traición a la patria” o en una “historieta de encubrimiento”. ¿Ud. elija?

Para la reportera Judith Miller del New York Times, quién prefirió callarse, ir a la cárcel, antes que delatar a su informante, el melodrama político no tendrá el resultado esperado. Quiso ser la heroína de los medios de comunicación, pero ahora su historia le servirá sólo para contarle a sus nietitos.

Desafortunadamente para Miller y para quienes defienden la libertad de expresión con las uñas y los dientes, el guión del caso Plame tomó bruscamente dirección contraria. Una vez que todos los actores están en el escenario público, la historia la recordará como la persona que trató de encubrir a unos alquimistas políticos que hicieron un acto vergonzoso –mentir al pueblo— con tal de mantener al Presidente George W. Bush en la cima de la Casa Blanca.

Hagamos un recuento de los hechos para tener la mente fresca. Antes de la invasión a Irak, el presidente Bush, en base a fuentes facciosas, trató de convencer a los norteamericanos y al mundo que “Sadam Husein estaba tratando de comprar uranio de un país africano para su programa nuclear”.

Muchos nos tragamos la mentira. Entonces, el ex embajador en Irak, Joseph C. Wilson IV, en condición de investigador del arsenal iraquí en África y de averiguaciones pertinentes, publicó un artículo en el periódico New York Times, donde cuestionó ampliamente las aseveraciones de Bush. En todo caso, puso en tela de juicio la política exterior de su administración.

Irónicamente, la relación de Wilson con la familia del Presidente había tenido un pasado promisorio. El ex presidente George H. W. Bush y padre del actual mandatario, le había aclamado “como un héroe nacional” por haber respondido con honor su tarea de diplomado político en Irak, y sobre todo por haber parado los humos a Sadam Husein.

Sin embargo, después del artículo, Wilson se convirtió en el traidor de su progenitor político. A Karl Rove, entonces estratega principal de la campaña presidencial de Bush, le dolió más que a nadie.

En vista de los hechos acontecidos después, el caso Plame hace relucir algunos matices de venganza. Para hacer pagar la aparente insensatez de Wilson, Rove, ahora jefe administrativo de la Casa Blanca, chismeó a Matthew Cooper, reportero de la revista Times, que “el trabajo delegado a Wilson fue a (costillas) causa de su esposa”. El periodista publicó, incluyendo el nombre de Valerie Plame.

Lo triste del caso es que Plame era una investigadora secreta de la CIA, y en esos momentos cumplía tareas en contra de la insurgencia terrorista del grupo Al Qaeda. Desde 1982, los agentes secretos de cualquier servicio de inteligencia están protegidos por ley. Sus nombres y sus tareas no pueden ser divulgados a la luz pública.

A pesar de que Rove no reveló específicamente el nombre de Plame, su actitud fue clara: Ridiculizar las aseveraciones de Wilson y burlarse de su relación servil con su esposa.

A Rove no le importó nada. En ningún momento pensó que pudo afectar –tal vez ya lo hizo— la tarea del servicio de inteligencia contra el terrorismo que Valerie Plame tomaba parte; tampoco sintió remordimiento que algún partidario o simpatizante de ese grupo terrorista pueda tomar el insano juicio de venganza contra algún miembro de la familia de Plame.

Cuando el guión de esta novela política se desarrollaba bajo el argumento de la libertad de expresión, muchos analistas la comparaban con el caso de “Deep Throat”. En “Deep Throat”, el informante dio a conocer actos subrepticios del Presidente Richard Nixon. Por el contrario, en el caso de Plame, Rove chismeó información secreta por capricho, para desprestigiar la posición de Wilson, y para frenar una ola de malos augurios de la campaña presidencial del Presidente Bush. Los dos casos son diferentes.

Dr. Humberto Caspa, Profesor de eco-nomía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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