July 15, 2005

LA OTRA EXPERIENCIA MIGRATORIA, parte 3 de 4

Los “Invisibles” Logran Modificar Leyes

Durante la Audiencia Regional de la Comisión Mundial Sobre las Migraciones Internacionales (CMM), au-piciada por las Naciones Unidas y realizada en Ciudad de México los Los días 16 y 17 de mayo del 2005, activistas de los derechos de los inmigrantes y migrantes de varios paises hicieron escu-char sus voces.

Esta es la tercera de cuatro partes de una serie que busca divulgar aspectos del fenómeno migratorio en Brasil, Ecuador, Perú y Colombia—y especialmente las enseñazas que esos migrantes quisieron compartir.

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service


CIUDAD DE MEXICO—En 1980, se inicia en Perú una aventura político-militar que durante dos décadas marcaría a fuego la vida de aquel país sudamericano. Es entonces cuando aparece el grupo guerrillero maoísta Sendero Luminoso, de reconocidos métodos sanguinarios en sus internciones de tomar el poder. La represión no fue menos brutal, y como resultado quedaron casi 70 mil peruanos muertos o desaparecidos, 79 por ciento de las cuales vivían en zonas rurales y tres de cada cuatro era de origen indígena—según datos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003.

Esta violencia también obligó a miles de peruanos a buscar refugio en otras ciudades o países. Es así como cientos de refugiados políticos llegaron a Argentina. “No sé cuántos llegamos porque somos ‘invisibles’, somos refugiados”, dijo Natividad Obeso González, quien salió de su tierra en 1994. En su nuevo país sufrió discriminación y desarraigo, aunque pronto se enfrentó a otra dificultad.

A pesar que pudo llevar a sus hijos, ellos no recibieron el estatus de refugiados y esta traba burocrática les impedía asistir a la escuela. “Decidí luchar, no podía quedarme callada”. Buscó apoyo de otras comunidades migrantes, como paraguayos, bolivianos, ucranianos, uruguayos… Y con la participación de organizaciones de base, empezaron a presionar a las autoridades argentinas. Finalmente, el 17 de diciembre de 2002 se modificó la ley de migración, permitiendo a los refugiados y sus hijos recibir educación. “Actualmente, sabemos que al menos 120 jóvenes están asistiendo a la universidad”, afirma Obeso con satisfacción. Ella es actualmente dirigente de la Asociación de Mujeres Peruanas Migrantes y Refugiadas, con sede en Buenos Aires.

“Durante los 90s, miles de mujeres peruanas inmigraron a Argentina, donde trabajaban principalmente como domésticas”, asegura Obeso. Dice que en el 2001 había unos 140,000 inmigrantes peruanos en Argentina, pero a causa de una profunda crisis económica vivida por ese país, muchos se regresaron. “Hoy los inmigrantes tienen más conciencia de su situación y buscan trabajos más independientes”. Pero la migración peruana no se detuvo. Y hasta parece haber aumentado en los últimos años, dirigiéndose, además de Argentina, a Estados Unidos, España, Ecuador, Brasil, Italia…Y como prueba de esta corriente, Obeso destaca que las remesas económicas de los migrantes es una de las principales fuentes de ingresos del Perú.

“En Argentina nosotras no tenemos acceso a ciertos servicios de salud pública y estamos bajo la permanente amenaza de ser deportadas”, dice Obeso, madre de cuatro hijos y ex-candidata a la alcaidía de su natal Cajamarca. Y explica que si bien la Guerra Sucia en Perú ya ha terminado, las leyes aún vigentes le impiden regresar. Mientras tanto, continúa luchando por lograr una reforma legal más amplia que garantice el respeto a los derechos humanos de los refugiados e inmigrantes en Argentina, quienes a pesar de la diferencia de estatus burocrático, padecen los mismos problemas.

“No queremos mendigar, queremos que nos escuchen y que podamos dialogar”, aseguró con evidente confianza. “Nuestro objetivo es cambiar las leyes, necesitamos más protección”.

Las actividades de la Asociación no se detiene en esta campaña. Busca ampliar la Red de Mujeres Migrantes y mantener campañas de salud —especialmente educar sobre el SIDA. Pero uno de los objetivos educativos de la Asociación es erradicar la violencia doméstica. “Es un problema serio en nuestra comunidad y no se denuncia por la situación legal (de indocumentados) en el caso de los inmigrantes”, dice Obeso.

Por medio de presentaciones públicas, como la realizada en Ciudad de México durante la Audiencia sobre Migración, donde fue invitada por la organización American Friends Service Committee de Estados Unidos, Obeso y sus colegas pretenden lograr un trato humanitario para las mujeres migrantes. Pero a largo plazo, esas pretenciones son más ambiciosas. “En el mundo no hay fronteras”, dice refiriéndose a la movilidad de los migrantes. Y puntualiza que las mujeres aún padecen marginación social. “Queremos igualdad de oportunidades, queremos estar al lado de los hombres, no atrás”. Obeso sabe que la lucha será larga, pero siente confianza. Los logros obtenidos le permiten soñar.

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