July 13, 2001

La Globalización y el Salario Mínimo

Por Raúl Ramírez Baena
Procurador de los Derechos Humanos de Baja California.

El Artículo 23, Fracción 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice, "Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social".

Esto quiere decir que el salario de un trabajador/a debe alcanzar para satisfacer sus necesidades mínimas y las de su familia. Estas necesidades son: alimentación, salud, educación, vivienda, vestido y calzado, recreación y cultura y servicios públicos. Si tal ingreso es insuficiente el Estado mediante su estructura social, estará obligado a garantizar su complemento, en la búsqueda de la igualdad en los beneficios sociales.

Para hacer realidad esos preceptos, en México, la Constitución Política en su Artículo 123 lo traduce de la siguiente manera: "Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos".

En la globalización y ya desde antes estos principios han sido letra muerta, empezando por el asunto de los salarios mínimos. En México, como todos sabemos, éste se encuentra sobre un promedio de $3 dólares el día. En la industria maquiladora de exportación, propia de nuestra frontera norte, el salario se encuentra entre los rangos de los 38 a los 52 centavos de dólar la hora, contra $ 5.25 dólares la hora, que es el salario mínimo general en los Estados Unidos, y $ 6.75 la hora en el Estado de California, como recién se ha aprobado. Lo que indudablemente será un aliciente más para empujar la emigración masiva hacia el vecino país.

Con los salarios mínimos que se pagan en México, y aún pagando hasta dos, tres y más veces, no alcanza a una familia para cubrir sus necesidades mínimas, ya no digamos de vivienda, educación, recreación, etc., sino tan sólo de alimentación. Veamos un ejemplo: Según la Asociación Mexicana de Estudios para la Defensa del Consumidor (Amedec), el precio de la Canasta Básica en el presente sexenio aumentó el 370 por ciento!!!, mientras que el salario mínimo aumentó en el mismo período 135%, lo que hizo retroceder el poder adquisitivo de los trabajadores a los niveles de la década de los 70's. Por esa misma razón, el consumo de los alimentos básicos ha bajado entre 10 y 50%. Para ejemplificar más esta dramática situación, se observa que el precio de la tortilla se elevó un 455% durante este sexenio, y el de la leche un 328%, lo que ha provocado que quienes consumen este producto destinen un promedio diario de 230 mililitros diarios. Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo diario de 600 mililitros.

Indudablemente que el efecto globalizador y las crisis que se provocan han beneficiado a unos cuantos, fundamentalmente a las megaempresas, capitales con sede principal en los 7 países más industrializados del mundo (G-7), pero ubicadas estratégicamente en los países en desarrollo para aprovechar, entre otras cosas, la ventaja estratégica que representan la mano de obra barata. Incluso, el poder de las trasnacionales es tan fuerte, que muchos oligopolios de petroleras, electrónicas, automotrices y otras ramas productivas, poseen activos que superan el PIB de la mayoría de los ahora llamados "países periféricos." Según la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), a raíz del efecto tequila, el 62% de las acciones de las empresas mexicanas pasaron a manos extranjeras, principalmente estadounidenses, en una afinada estrategia que siempre termina haciendo ganadoras a las trasnacionales de las crisis financieras mundiales, llámense vodka, dragón o samba. Ello, según el politólogo Alfredo Jalife-Rahme, mediante seis pasos para apropiarse de las "joyas estratégicas" de los países subdesarrollados:

1. Las corredurías lanzan la voz de alerta sobre la desestabilización del mercado;

2. Los megaespeculadores comienzan a operar desde los paraísos fiscales para sembrar incertidumbre y el caos financiero;

3. Fuga masiva de capitales y devaluación;

4. "Rescate" del Fondo Monetario Internacional, imponiendo medidas al país afectado que lo llevan a privatizar las empresas estratégicas;

5. Traslado de dominio de empresas privadas nacionales a trasnacionales y,

6. Reingreso de los mismos capitales especulativos que compran a precio de remate los activos tecnoindustriales y las materias primas estratégicas del país "rescatado".

¿Quiénes son los perdedores? Indudablemente, los trabajadores, la clase obrera. Lo anterior nos lleva a hacer dos reflexiones.

1. Es necesario establecer mecanismos mundiales para la rendición de cuentas de las trasnacionales, una especie de Código de Conducta que tenga como propósito garantizar en todos los países la defensa de los derechos laborales, la salud y la protección del medio ambiente y de los derechos civiles y políticos. Así, los intereses de las multinacionales deben estar subordinados a la protección de los derechos humanos.

2. El rescate de los recursos de huelga y de paro de los trabajadores, como derechos laborales constitucionales legítimos e inalienables. En la globalización, hoy, estos derechos están conculcados o fuertemente cuestionados ante la opinión pública, tratándose de demandas por incremento salarial, para legitimar su negación o su mínimo aumento—de acuerdo a las restricciones impuestas entre otros, por el FMI—amenazando con el retiro de capitales y otros argumentos falaces en contra de obreros, empleados, maestros, etc. Raúl Ramírez Baena, Procurador de los Derechos Humanos y Protección Ciudadana del Estado de Baja California, México.

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