July 13, 2001

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

El Amor Auténtico

Me encanta verlos un año más tarde. Los novios y novias que he casado. Uno de los grandes placeres del sacerdocio es celebrar la boda de tantas parejas encantadoras. Y algo que he observado es cómo lucen el día de la boda y cómo lucen un año después, el día del primer aniversario. Se les ve casi tan perfectos como estaban el día que intercambiaron los votos matrimoniales. La mayoría de ellos nunca habían estado en mejor forma, como lo estuvieron el gran día. La novia se aleja de los postres y las comidas de muchas calorías para mantener una buena figura. Y el novio va al gimnasio casi con dedicación religiosa. Esta es la rutina, no de vez en cuando sino casi siempre.

En todo Estados Unidos se gastan millones de dólares en arreglo del cabello, en cosméticos y faciales —además de los gastos del traje del novio y el vestido de la novia, que los hacen lucir perfectos. Todo eso y mucho más para el glorioso día de la boda.

Pero luego, ya pasado más de un año del gran día, cuando la nueva experiencia de estar casados se afirma, se nota una diferencia interesante. El esposo y la esposa son los mismos, pero diferentes. Ambos aumentaron de peso, a veces con el comentario "¿ves? puedo cocinar". Ambos usan ropa cómoda, distinta del estilo de cuando se casaron. El tono de la piel es más natural, sin el tostado del sol o los tonos del maquillaje. En síntesis, ya no están "posando" sino que son auténticamente ellos mismos. Han aprendido a relajarse, el uno con el otro, y con el mundo que los rodea. No necesitan impresionar a nadie. Y, lo que es más importante, han llegado a entender que cada uno acepta y ama al otro tal como es en realidad —no perfectamente arreglados como el día de la boda, sino como son auténticamente. Es un maravilloso cambio que es muy interesante observar, especialmente a medida que pasan los años. Cenar con parejas que han estado casadas durante cinco, diez y quince años ofrece una prueba aún mayor de la transición. Puesto que son seres humanos que no sólo se sienten cómodos consigo mismos sino que también el amor de uno por el otro no se basa en la perfección de las apariencias.

Me acuerdo de una visita hace unos meses atrás. Recuerdo a esta pareja por varias razones, una de ellas era la perfección de su belleza física; el día de la boda se les veía fantásticos. Pero cuando los vi hace poco, ya con diez años de casados, era obvio que las cosas habían cambiado. El esposo tenía menos cabello, varias libras más de peso, y cansancio en el rostro—sin duda, por tener que viajar de los suburbios al centro de la ciudad, y vuelta, todos los días durante diez años.

En la esposa se notaba que el haber tenido tres hijos la había dejado con más peso y con el cabello que necesitaba un poco de atención (pero que probablemente no lo tendría pues los hijos requerían una atención aún mayor). Y también se notaba en ella el cansancio de noches sin dormir, del cuidado de los niños y de todas las otras responsabilidades del hogar. Sin embargo fue muy lindo percibir ese amor entre ambos, ese "sentirse a gusto" el uno con el otro, y el apoyarse mutuamente. Era claro que habían llegado a un nivel confortable que no tenían antes del matrimonio. El romance y el atractivo físico eran obvios el día de la boda, pero algo ocurrió a lo largo del camino. Descubrieron que bajo la superficie hay una belleza aún mayor; descubrieron que por debajo de la apariencia física existe algo muy especial y maravoilloso. Es el saber que esa persona es la persona amada, y que ambos han sido bendecidos por Dios.

Para obtener una copia gratis de ECOS S-219 "Ayudando a matrimonios con problemas", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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