July 11, 2003

Zambullida en el ahogo

Ozon manipula su lenguaje en “Swimming Pool”

Por Jose Daniel Bort

La cara de Charlotte Rampling se desdibuja en fruncidas de ceño durante los primeros cinco minutos de “Swimming Pool” (la piscina), solo para que se relaje y se transforme en miles de versiones de pánico, candor, lujuria y sorpresa.

Esto es lo que pasa cuando se pone una cámara enfrente de tremenda actriz. Más allá del impresionante talento que el director Francois Ozon, lo más interesante que ha aparecido en el cine francés desde Truffaut, pueda aportar a una historia constreñida, es el gozo de ver a esta madura actriz haciendo lo que le da la gana con su personaje lo que permite disfrutar este divertimiento de verano.


Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier.

De hecho, éste no es uno de los mejores films de Ozon. Bendecido con una portentosa capacidad para contar historias a través de imágenes, el director deja escapar momentos exquisitos para satisfacer una historia mejor pensada, con la mera intención de degustar sus fetiches y obsesiones.

No que haya nada malo en permitirse la práctica (a quien no le satisface los placeres culpables), pero hace falta más que una excusa para adentrarse en la psicología de un film donde los personajes se manipulan a sí mismos. O por lo menos así lo diría Agatha Christie o Patricia Highmisth, la autora de “The talented Mr. Ripley”.

Y es que esta película basa su personaje principal en el cliché de la “autora de novelas de misterio inglesa” en la que ambas escritoras pudiesen estar incluídas. Rampling es Sarah Morton, reprimida y arrugada, con necesidad de una buena atención carnal. La busca en su director, John Bosload (interpretado con “Charm Dandy” setentoso por Charles Dance) y él la desvía a la campaña francesa, a su casa de campo, donde puede descansar y aguardar su visita.

En vez del padre llega la hija, Julie, a perturbar la paz que la escritora buscaba. Luvidine Sagnier sorprende a todo el mundo reinventándose como la nueva reencarnación del objeto del deseo francés, en la tradición de Brigitte Bardot, Isabelle Adjani y compañía. Julie da rienda suelta a su imaginación y al resto de sus ropas en la piscina, aludiendo a la metáfora de las secreciones reprimidas a punto de explotar que representa la escritora.

Bienvenidos al mundo de Ozon: historias casi teatrales localizadas en un solo espacio (el apartamento de “Gotas de agua caen sobre piedras calientes”, la casa del padre en “8 Mujeres”, la choza en el medio del bosque de “Los amantes criminales”) con personajes femeninos en posiciones de ventaja comandados por represión de deseos que no se aguantan por mucho tiempo. Bombas de tiempo vistas a la distancia, con suficiente humor para soltar la carcajada nerviosa, con su-ficiente cuerpo desnudo para sentir pasión incontrolable.

Estos “juguetes” de films son a menudo incompletos, como si el director tuviese la necesidad de contarlos sin importarle exactamente cuan lejos puede llegar con ellos. Todavía no ha hecho una “gran película”, pero Ozon se dispara con las agallas y el gusto que cualquier “enfant terrible” del cine francés que se respete lo haría. Ozon es un provocador.

Y lo que mejor tiene es el buen gusto (no por nada es abiertamente gay) de escoger las mejores actrices para sus personajes. Sacó lo mejor de Rampling en su anterior película “Under the sand” (su mejor hasta ahora), y conoce a la perfección a la nueva musa Luvidine Sagnier, con quien ha trabajado en “Gotas caen” y “ocho mujeres”. Esta piscina no es lo que pudiera haber sido si Ozon hubiera invertido más en su historia, pero si es una refrescante alternativa ante tanta secuela episódica y adulcorada que llena de cloro las pupilas en las salas oscuras de ésta temporada.

Swimming Pool
Actuada por: Charlotte Ram-pling, Luvidine Sagnier
Dirigida por: Francois Ozon.
Clasificación: R
(Chiles: 3½ (de 5)
(Nota: Chiles = 5 excelente, 4 muy buena, 3 buena, 2 regular, 1 mala)

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