July 11, 2003

La depresión y otros demonios

Por Yhamel Catacora

“Es normal sentirse triste”, dicen los expertos, y como humanos sabemos que a veces es inevitable, particularmente cuando las situaciones nos desprenden de nuestra tierra natal la añoranza, es tal vez el peso extra que puede impulsarnos a caminar más apresuradamente o bien, ponernos la peligrosa zancadilla en el paso al porvenir.

Pero cuando esa carga pasa a pesar más de lo normal, tendemos a ignorar que puede tratarse de un mal pernicioso y principalmente fisiológico que podría afectar nuestro bienestar en general.

Este es el mal de la depresión, que puede manifestarse, según nos indican las autoridades de salud, a través de ataques intensos a la mente como al cuerpo simultáneamente, y que pueden conllevar ansiedad, tristeza, vacío, desesperación, entre solo algunos de los sentimientos que pueden acabar con la paz física y mental de cualquier persona, o bien convertirse en un mal letal.

La depresión, nos dicen las autoridades de salud es un desorden de conducta serio y común; sin embargo, parece ser mucho más común dentro de nuestra comunidad identificarlo y archivarlo como un ataque de nervios o algo trivial que preferimos asociar con alguna brujería. Y es que el estigma o el temor de ser tildado de padecer una enfermedad mental, de loco o loca, hace que nos aferremos a nuestro propio entendimiento y nos alejemos más y más del camino de la cura.

Es normal sentirse triste, y padecer de depresión; el ser sensibles al dolor, a ciertas vivencias, no nos hace anormales o menos humanos, pero es importante asimilar que cuando esa tristeza se vuelve nuestra compañera eterna, debemos reconocer que es una enfermedad y como todas las enfermedades debe diagnosticarse temprano. Como con cualquier enfermedad, mientras más temprano se comience a tratar, mejor.

Pero ¿qué es lo que debe llevarnos al consultorio de un especialista en salud mental? La Dra. Mónica Marshall, de la Asociación Nacional de Salud Mental, recomienda tomar en cuenta todos esos peligrosos y repentinos cambios de comportamiento; el perder interés en lo que anteriormente se disfrutaba, el perder ánimo en el trabajo, en las actividades diarias, el sentir una infinita e inexplicable tristeza.

Esa inhabilidad de entender o comprender dónde nos duele, es quizás el punto clave que debe llevarnos de la mano al consultorio de un experto quien nos ayude a entendernos. “Uno debe entender que uno no es responsable por esos sentimientos”, indicaba la Dra. Marshall, enfatizando la necesidad de recurrir a un experto cuanto antes.

¿Y después de esa visita inicial? El temor a los tratamientos o a los medicamentos, puede también ser otro elemento que evite que la persona que sufre de depresión busque ayuda. Como indicaba la Dra. Marshall, la solución o la cura puede estar en nuestras manos, en nuestro propio hogar, puede tratarse de algo tan simple como hablar, expresar nuestras inquietudes a un ser querido, mirarnos en el espejo e intentar ver donde yace el problema.

Cuando hablamos de lazos de familia, como latinoamericanos sabemos perfectamente bien a lo que nos referimos. Nuestros lazos son tremendamente fuertes y en nombre de los mismos no deben desvanecerse cuando algún miembro de nuestra familia sufre de depresión. El Instituto Nacional de la Salud, hace hincapié en todo lo que se puede hacer para ayudar a la persona deprimida. Notar los cambios o advertir las señales de alerta, son pasos fundamentales.

La inhabilidad de comunicarnos en nuestro propio idioma, la falta de seguro médico, el vivir con miedo a ser deportado, la falta de trabajo, de dinero, el vivir separado de la familia, son elementos que a cualquier humano le nublen el día, pero puede hacerse mucho para evitar sumirse o hundirse en esa a veces impronunciable y temida palabra, la depresión. Lo primero es fundamental, informarse, agotar los recursos que existen en nuestro idioma y gratis.

La depresión ya ha costado muchas vidas, porque no se advirtió ni se diagnosticó a tiempo. Esa realidad puede y debe cambiar, infórmate sobre la depresión llamando gratis al 1-800-789-2647 y espere por el menú de opciones en español.

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