July 9 2004

En Vez De Ver Pasar La Muerte, Decidimos Producir

En Argentina, decenas de empresas cerraron sus puertas dejando a miles de trabajadores desempleados. Hoy, estos trabajadores son quienes están reactivando las fábricas y la economía nacional. En esta primera parte de dos, las causas de la crisis social de ese país latinoamericano.

Por Eduardo Stanley
PACIFIC NEWS SERVICE

(I parte)

BUENOS AIRES, Argentina — Sucedió muy rápido y en forma casi imperceptible. Argentina, el “hijo prodigo” del Fondo Monetario Internacional (FMI) durante los 90s, pasó a ser un país “vaciado” econó-micamente gracias a la venta dudosa de las empresas nacio-nales y la quiebra sospechosa o forzada de su base industrial. El gobierno de Carlos Menem (1989-1999) aplicó estrictamente los dictados del llamado neoliberalismo-impuestos desde Washington — durante esa década que su administración llamó grotescamente de “relaciones carnales” con Estados Unidos.

Este vaciamiento económico fue acelerado gracias a una paridad artificial del peso argentino con el dólar estadounidense, lo que generó una masiva salida de capitales-incluyendo el turismo descontrolado de la clase media al extranjero. Muchos empresarios prefirieron invertir sus capitales afuera que continuar produciendo.

“En los 70s, Argentina todavía era una importante economía mundial; actualmente, casi la mitad de la población es pobre”, dijo José Abelli, líder de un movimiento nacional de recuperación de empresas en quiebra por parte de sus trabajadores. Este movimiento, que incluye unas 150 empresas en todo en país y casi 10,000 trabajadores, surgió espontáneamente en el año 2000 después de una profunda crisis estructural del país durante el gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001).


Jose Abelli, dirigente nacional del movimiento de fabricas recuperadas. Fotos de Tudor Stanley


Ese año, los depósitos en dólares de los argentinos fueron “pesificados” por decreto y se limitó la cantidad de dinero que los usuarios podían sacar de sus cuentas bancariasfenómeno conocido como “el corralito”. Esta situación benefició a los bancos pero aceleró el empobrecimiento de amplios sectores de la clase media, al tiempo que muchas empresas iban a la quiebra. Pero el efecto más impactante fue el estallido social a fines de 2001, que el gobierno reprimió sangrientamente y que obligó a la renuncia del presidente De la Rúa.

La incertidumbre social se apoderó del país y cinco presidentes pasaron por la casa de gobierno en dos semanas. El rechazo ciudadano al poder y en particular al sistema bancario fue reflejado por un graffiti político pintado en una pared en la ciudad balnearia de Mar del Plata, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires: “Bin Laden, no te olvides del Citibank”. Posters de Laden y del Che Guevara eran agitados en los estadios de fútbol por una ansiosa multitud, semana tras semana.

Los “Piqueteros” dominaban la escena política. Este mo-vimiento de desocupados organizados apareció en escena por primera vez en 1997 y desde entonces su influencia creció notablemente en todo el país. Su estrategia principal consiste en el bloqueo de rutas y puentes para llamar la atención respecto a su situación socioeconómica. Los “Piqueteros” cumplieron un rol protagónico durante las protestas contra el gobierno en 2001, a los que se unió una desesperada clase media con sus “cacerolazos”.

El periodo 2000-2001 marca una profunda crisis estructural en la sociedad argentina. “En esa época se consolidó el movimiento piquetero y se inician los primeros intentos de recuperar fábricas”, comenta Marcelo Cena, periodista de 38 años. En el centro de la escena “el desocupado organizado, el piquetero, verdadero fenómeno social, político y sindical en el país, donde ya no se practicaba el método tradicional de lucha: la huelga”.

Según Cena, no solo los políticos fueron responsables de esta crisis, sino también los empresarios y lideres sociales, religiosos y económicos. “10,000 fabricas. Cuatro millones de desocupados que pasan a ser indigentes y marginados”. También en ese periodo de tiempo, las asambleas de barrios parecían desafiar al gobierno de la ciudad de Buenos Aires y hasta los conciertos masivos de rock parecían ser una extension musical del desafió al poder y la búsqueda de soluciones por parte de los ciudadanos.

La propia ciudadanía tenía limitaciones a la hora de buscar nuevas soluciones ante nuevos desafíos, ya que “la filosofía de la solidaridad social, de la coparticipación obrera que se conoció en los 60s y 70s fue destruida”, asegura Marcelo Cena. Quedaba buscar otro camino y reaprender aquella filosofía de la solidaridad para salir de la crisis, como parte de un esfuerzo colectivo donde las salidas individuales ya no eran posibles.

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