July 8, 2005

Comentario:

No Más Desayunos Con el Sr. Embajador: La Cambiante Política Exterior De Los EU En América Latina

Por Manuel R Villacorta O.

Es indiscutible que los embajadores de Estados Unidos han tenido un protagonismo determinante y en ocasiones extralimitado en América Latina. En momentos de alta tensión, cuando presidentes de la región se han enemistado con los altos representantes de la diplomacia estadounidense, es común que funcionarios públicos (ministros de estado e incluso vicepresidentes) opten por congraciarse con los segundos, porque tarde o temprano la línea de Washington termina imponiéndose. La historia lo confirma, siempre ha sido así.

La relación diplomática estadounidense con los empresarios locales, agremiados en sus hasta hace poco influyentes cámaras o asociaciones, no ha sido diferente. Cuando algún presidente ha osado mostrarse independiente a los designios empresariales locales, estos han recurrido rápidamente a las sedes diplomáticas del poderoso país del norte para conquistar el respaldo político de los EU, invariablemente acusando a los mandatarios de “girar peligrosamente hacia la izquierda”. Los hoy denominados eufemisticamente “relevos de poder” -que no son sino una variante de los tradicionales golpes de Estado-, se convierten en alternativa para estos grupos desafectos a gobiernos que no ceden a sus designios. Afortunadamente Washington ya no se deja convencer tan fácilmente.

No se omite la maximización de la subordinación: los altos mandos militares de la región, quienes atienden con más precisión y rapidez cualquier observación que provenga vía diplomática, que aquellas emitidas al interior de sus propios gobiernos. Helicópteros, aviones, transporte militar pesado y fusiles, así como tecnología de punta e información privilegiada, hacen la diferencia. Cualquier militar astuto lo sabe. Y el anhelo castrense es único: tener la oportunidad de recibir adistramiento en alguna base militar norteamericana, el súmmum para alcanzar un buen currículum.

Pero no solo empresarios insatisfechos o militares con olfato se acercan a las influyentes misiones diplomáticas, también lo hacen algunos sindicatos y organizaciones “progresistas” de la sociedad civil. Estas organizaciones están aprovechando el discurso favorable a los derechos humanos que la política exterior de EU estableció una vez concluida la confrontación con los soviéticos y sus aliados. Se busca el apoyo para que los gobiernos desistan en aplicar abiertas o encubiertas acciones represivas, que van desde el acoso sistemático hasta la eliminación física. En otros términos, las organizaciones de la sociedad civil también valoran el peso político de la diplomacia norteamericana, cuando de lograr objetivos en forma pragmática se trata.

Los especialistas en transfiguraciones y el mimetismo, los políticos tradicionales, tampoco desestiman esta importante relación. Si se es candidato presidencial y no se cuenta con la simpatía de Washington, la situación se torna contra la corriente. Por el contrario, desayunar con relativa frecuencia con el señor Embajador, es una especie de llave mágica que abre puertas insospechadas. Pero estamos viviendo una época diferente. La política exterior de EU para América Latina ya no es la misma, y quizá pocos lo han notado con precisión. En ese proceso de implementar una nueva agenda, han ido surgiendo desaveniencias sectoriales que generan un malestar sensible hacia lo que dicta la potencia del norte. Veamos algunas:

Con los empresarios locales, tradicionalmente acostumbrados a un proteccionismo intolerante y a la práctica abierta o encubierta del monopolio, la relación empieza a profundizar grietas, la causa: la inminente implementación de los tratados de libre comercio. Para los potentados empresarios locales la fiesta terminó, a partir de ahora habrá que competir contra el gran capital, que en tecnología y costos les supera sin discusión; a partir de ahora, antes de reclamar deben demostrar que pagan impuestos, lo que nunca antes hicieron a cabalidad.

En lo referente a los mandos militares latinoamericanos, la situación también presenta contradicciones. A raíz de las guerras de baja intensidad o contrainsurgentes, no pocos miembros de las instituciones castrenses se vincularon con acciones ilícitas (contrabando, narcotráfico, robo de vehículos, tráfico humano o secuestros). Hechos que dadas las circunstancias gozaron de una impunidad primaveral, pero eso terminó. Hoy la política de seguridad de los EU hacia la región es implacable, y llegó el momento de ajustar las cuentas con el crimen organizado. No obstante éste, se encuentra más sólido que nunca. Muy alerta ante la embestida por venir. Un ejemplo categórico es lo que ocurre en Nuevo Laredo, México.

Los políticos conservadores o liberales (que para el caso latinoamericano son exactamente lo mismo), están irritados con la política exterior estadounidense porque ésta se desmarcó de los favoritismos, se orienta a respetar las elecciones libres y democráticas que en su momento, han terminado con la instalación de madatarios de tendencia izquierdista como ocurre hoy en Panamá, Venezuela, Chile, Brasil, Uruguay y Argentina. Ya no más desayunos con el Sr. Embajador.

Y lo más sorprendente: no han sido los demócratas estadounidenses los que han promovido estos significativos cambios. Ha sido el gobierno conservador del presidente George W. Bush. Difícil de entender, y más para aquellos que mecánicamente son “antiimperialistas por origen”. Como me expresó un viejo maestro de la gloriosa Universidad de San Carlos de Guatemala: “En política quien no cree en los milagros no es realista. Y para estar bien informado lee mucho los periódicos, pero interpreta todas las noticias al revés”.

Manuel R Villacorta O. es Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, España. E-mail Sr. Villacorta at manuelvillacorta@yahoo.com

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