July 8, 2005

Las increíbles aventuras de Memín Pinguín

Por Yhamel Catacora

Aunque los colores rojizos y marrones de la revista de Memín Pinguín, las primeras que vi hace más de 20 años, no eran las que típicamente atraen a un niño, no se puede negar que definitivamente, el travieso Memín, era uno de los personajes más queridos en nuestro hogar. Era gozo total y pícaro quedarse tendido en algún lugar, inmerso en las fascinantes aventuras del negrito querido.

Poco sabía yo que ese hombrecito que tanto hacía renegar a su Ma, linda, había viajado desde México, a través de revistas que habían pertenecido a mis propios padres, en su infancia; Tampoco sabía que su autora era una talentosa cubana, Yolanda Vargas Durche. Jamás pensé que venía a encontrar a Memín, esas décadas más tarde, plasmando los principales periódicos de esta nación estadounidense, y siendo apuntado por congre-sistas, por el Reverendo Jackson, y todo el pelotón de activistas que velan porque los derechos civiles de esta nación no se vuelvan a violar.

El escándalo se desencadenó con una serie de estampillas que pretenden realzar el arte de la caricatura mexicana; no resulta difícil entender por qué el gobierno mexicano optó por homenajear al artista a través de un singular personaje, y uno que trascendió edad, origen, y bueno, color.

Hace falta vivir un par de días en esta nación para darse cuenta qué papel juega el color, la raza y hasta el género en todo lo que hacemos y decimos. Sabemos que si no hubiera un NAACP o un NCLR, tal vez como HISPANOS, no podríamos entrar en algunos baños públicos. No cabe duda, la historia de este país en cuanto al color es triste, y lo peor de todo es que no es historia de la antigüedad, es demasiado reciente.

Pero por qué Estados Unidos tiene siempre que salir de sus fronteras, las que tan cuidadosamente vigila, para que sus heridas cicatricen. ¿Por qué tiene que ser un personaje como Memín el chivo expiatorio que pague los años de injusticias contra las minorías en este país, y las metidas de pata de un momento de euforia de Mr. Vicente Fox?

Hasta la Casa Blanca se unió a las quejas y denuncias de racismo contra las manifestaciones ofensivas, de Memín. Es totalmente lúdico y triste.

Si Memín constituye un arma peligrosa para perpetrar el racismo en el mundo, debíamos comenzar por hacer una limpieza interna y analizar a los Pepe truenos y a las Doras y demás exploradoras, y todas las caricaturas que son “socialmente”, “políticamente”, aceptables y correctas. No es estereotipo que un hispano sea representado por alguien que habla con acento, que es bajito y gordito, que es moreno, de tez morena, valga la aclaración.

La belleza está en los ojos de cada quien, dicen por ahí, pero lo más cierto es que la maldad también. Memín está siendo injustamente atacado por personas que claro está, jamás tuvieron el don de leer las historietas, de maravillarse con sus viajes, de zafarse de las manos de su MA, después de una travesura.

Poco sabe el norte de qué ha nutrido nuestra infancia los que hemos tenido la dicha de nacer, crecer en otros países y sobre todo en otros tiempos. Ojalá que Condorito y Mafalda nunca vean el spot light que pudo ver Memín, porque imagino la tristeza de sus destinos.

Son esos personajes, sabios, cómicos, diestros, los que nos han dado historieta por historieta, un resumen de nuestros tiempos, una versión amena de nuestro diario vivir en Latinoamérica. Ojalá que Mr. Jackson comprenda algún día que a pesar de la globalización, a pesar de la constante influencia estadounidense en todo el continente, todavía queda una realidad ajena a la suya; una que debían vivir antes de opinar.

Envie sus comentarios a Yhamelc@aol.com

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