July 06, 2001

OPINION

Fidel Se Desmaya, El Exilio Suspira

Por Pablo Padula

Fidel Castro demostró, por primera vez en muchísimos años, que es un ser humano. Cuando el hombre más odiado de Miami se desmayó durante uno de sus maratónicos discursos, los miles de exiliados, que desean verlo muerto más que nada en el mundo, observaron, boquiabiertos, que el hombre tiene reacciónes humanas de debilidad, algo inaudito e invisible hasta ese momento. Además, dicen que se le escuchó incoherente y desorganizado durante su discurso.

Y por eso Miami está alborotado, un ambiente que no se vive desde la odisea del pequeño Elian González, el balserito que fue retornado a Cuba luego de una ardua batalla legal.

Antes del "desmayo" la muerte de Fidel era un tema inevitable en cualquier reunión de exiliados cubanos que sueñan con regresar a su patria querida. Ahora comenzaron las especulaciónes (y también las apuestas) de cuánto tiempo le queda de vida al hombre que ellos consideran lo peor que le pudo haber pasado a la isla y al mundo.

Conciente de esto y para quitarle fuerza a las especulaciones, Castro apareció poco después en un estudio de televisión para continuar su discurso. Los médicos dijeron que, simplemente, había sufrido un golpe de calor, pero para los cubanos de Miami fue un golpe de suerte y además, no lo creen.

Visité Cuba en 1998 y caminando por La Habana un día me puse a pensar como sería posible una transición postcastrista sin caos social o político. El pensamiento me quedó en la mente por varios meses hasta que un día, hablando con mi esposa, se me ocurrió que la única manera posible de lograrlo es evitando el caos que podría provocar la invasión masiva que está en la mente de muchos cubanos en el exilio.

Y cuidado que no estoy diciendo que sería negativo permitir la entrada de personas deseosas de ayudar a reconstruir la demacrada isla. Ellos, sin duda, serían los principales artífices del resurgimiento de Cuba, no sólo con su poder económico sino también con el apoyo moral de quienes conocen claramente la idioscincracia del cubano.

En mi opinión debería ser el gobierno sucesor de Castro el que ponga las pautas, y no los líderes del exilio, siempre y cuando, por supuesto, no sea su hermano Raúl el que lo suceda o alguien de la línea dura del partido comunista.

Lo ideal sería evitar a toda costa la invasión emociónal y económica a la vida de un pueblo que, por los últimos 40 años, ha vivido sumergido en una realidad muy distinta a la que se vive en Miami. El cubano, por culpa del sistema en el que estuvo sumergido todo este tiempo, no está acostumbrado a trabajar para su bienestar, solo para sobrevivir. Tampoco sabría administrar la fortuna repentina que vendría desde afuera y, más que nada, debería hacer todo lo posible para retener su rica identidad.

Indudablemente quienes se fueron sufrieron transformaciónes, aprendieron otro modo de vida, son distintos. Eso les tomó varios años de aprendizaje, de mimetización, de esfuerzo. Y esos años no se pueden comprimir dentro del entusiasmo de quienes quieren, sin ninguna duda, lo mejor para sus compatriotas. Va a tomar tiempo lograr esa transición y no tengo ninguna duda que, con la ayuda invalorable del exilio, Cuba será un país mejor muy pronto.

Pero por ahora, Fidel sigue vivito y coleando más lentamente, aunque, a algunos, eso les haga roncar el merequetengue. Aquí, en Miami, muchos creen que su desmayo fue el comienzo de la muerte de un tirano; para otros, la evidencia que necesitaban para comprobar que Castro es humano y envejece como todos nosotros.

Lo único cierto es que nadie sabe cuanto más le queda de vida al septuagenario hombre de hierro del Caribe, pero están seguros que algún día se va a morir. A eso, póngale la firma.

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