July 5 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Elbio Rodriguez Barilari

La verdad desnuda

La política que el Presidente Bush acaba de formular para la paz en el Medio Oriente no es un plan de paz, sino un cheque en blanco para que Ariel Sharón siga con su escalada bélica y los votantes judíos de EE.UU. no emigren hacia el Partido Demócrata en las próximas elecciones.

El supuesto plan de paz del Presidente, pretende que una nación hundida en la miseria y en la violencia, el subdesarrollo más espantoso y la falta de los elementos más básicos, como la salud, las comunicaciones, la educación, se convierta por presiones de afuera en una democracia modelo.

Suecia, Noruega, Holanda, Bélgica, Suiza, las democracias más perfectas del mundo, no son el modelo para pedirle a los palestinos que imiten.

Tampoco el camino es decirle a los palestinos, con el aplauso descarado del Sun-Times, que tienen que echar a Arafat y elegir a otros dirigentes.

Arafat no es el líder perfecto, y está muy lejos de la per-fección. Pero es el único que los palestinos han encontrado.

Algo que Rabín entendió en su momento, fue que los israelíes moderados o hablaban con Arafat o no hablaban con nadie, porque los fanáticos de Hamas y otros grupos por el estilo no dialogan.

Lo mismo entendió Arafat, que hablaba con Rabín o no hablaba con nadie, porque los judíos fundamentalistas son tan fanáticos y violentos como el fundamentalismo islámico. Uno de esos fanáticos judíos fue, precisamente, quien mató a Rabin, el apóstol de paz. No fue un palestino, ni fue Arafat, fue un judío.

Ariel Sharon, que NUNCA quiso un Estado Palestino independiente, llegó al gobierno para impedir que ese Estado se formara.

Sharon, como cualquier observador que conozca un poco la región, sabe que Arafat no controla ni a la Jihad, ni a Hamas, ni a Hezbollah.

Arafat viene de las tendencias árabes de izquierda y laicas. Habla un poco de religión, porque no puede hacer otra cosa.

Hamas, la Hezbollah, la Jihad, detestan a Arafat por laico y han hecho todo lo posible por despojarlo de su liderazgo. En esa tarea, Sharon, y ahora Bush, se han convertido en los principales aliados de los fundamentalistas islámicos.

La exigencia, sin pies ni cabeza, de que los palestinos se conviertan en un estado democrático modelo, con separación de poderes y economía libre de mercado en un plazo de tres años y con nuevos líderes, no ofrece ninguna salida. Para empezar, ni son libres, ni hay MERCADO.

Para continuar, Arafat YA ha sido electo, lo más legítima-mente electo que se podía en esas circunstancias, por los votantes palestinos. Y en aquel momento, ni a EE.UU. ni a Israel se le ocurrió cuestionar la legitimidad de Arafat.

Aún más, es muy probable que Arafat vuelva a ganar las elecciones próximas. Y si no gana él, los que ganarán serán los fundamentalistas desatados, cada día más populares entre una población desesperada, oprimida y masacrada.

¿Qué hará Bush si Arafat vuelve a ser electo?

¿Qué hará Sharon, que es quien dicta la política de Bush y el único dirigente del mundo que desobedece a EE.UU. sin tener que pagar las conse-cuencias?

La verdad desnuda es ésta:

* Con todos sus defectos, Arafat es el único líder con ciertos criterios políticos y entendimiento de las reglas de juego internacionales con que cuentan los palestinos.

* Debilitarlo hasta el extremo de hacer caer la pintura de su cuarto sobre su propia cama, ha sido un error trágico, que solamente favorece a los extremistas de ambos bandos, entre los que se cuenta Sharon, por supuesto.

* La única alternativa es cimentar la autonomía palestina para que Arafat tenga de verdad el poder de controlar en parte, a los extremistas islámicos.

* El pueblo israelí, deberá decidir con su voto si se tiene que sacar de encima a Sharon; nadie podrá dictarlo de afuera.

* La derecha israelí y el gobierno de Estados Unidos deben dejar de hacerse los desentendidos acerca del hecho de que Israel está ocupando ilegalmente territorio extranjero y que está oprimiendo a otro pueblo, además de continuar impunemente con la política de los asentamientos.

El día que comiencen a desocuparse los territorios colonizados, entonces los palestinos sensatos tendrán un argumento para oponer a los extremistas.

Mientras tanto, está ocurriendo exactamente lo que Sharon y la ultra derecha judía por un lado, y los extremistas árabes por otro, están buscando desde siempre: la aniquilación del contrario, cueste lo que cueste.

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