July 2 2004

Comentario

Penúltima advertencia

Por Andrés Lozano

La marcha contra la inseguridad y la delincuencia, en la ciudad de México del 27 de junio del 2004, fue el penúltimo intento de la sociedad para exigir a sus autoridades a que brinden seguridad, única razón legítima de su existencia. Penúltimo porque quizá el último sea una mega marcha nacional coordinada para despedir a desgobernantes. Si las autoridades elegidas no comienzan a justificar su razón de ser, la sociedad decidirá qué hacer.

¿Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen? Los pueblos con opción de elegir, sí. El México anterior al 2000 tenía la excusa de padecer gobiernos forzados, el posterior, el pretexto de la ignorancia. El mismo electorado que votó por el cambio en el poder ejecutivo optó por la continuidad en un legislativo legitimado por primera vez. ¿Qué se esperaba ocurriera? Se votó por extirpar la mitad de un tumor con esperanza de que la mitad conservada no creciera y desapareciera sola. En medicina y en política estas son falsas disyuntivas. La parálisis fue votada por los mexicanos. No hay razón de queja. No basta con votar, hay que saber escoger. Si se aplican acelerador y freno en forma simultánea el resultado es la inmovilidad.

Con razón, Vicente Fox es criticado de liviandad y timoratez. No puede sumarse al inventario de sus errores la parálisis de gobierno elegida por la ciudadanía. En toda probabilidad con mayoría legislativa Fox habría mostrado su invertebración; el tipo carece de arrestos, pero con el gobierno frenado, escogido por los mexicanos, se justificó su coartada de presidir sin gobernar: tan figura decorativa e irrelevante como los monarcas de otras latitudes.

La posibilidad de un ejecutivo de un signo y legislativo de otro es frecuente en EUA, el sistema presidencialista de referencia de los mexicanos. Ocurre que EUA es la democracia más antigua y exitosa del mundo. Puede permitirse el lujo, pues el electorado castiga cada dos años a los legisladores que provocan parálisis como táctica partidista y cada cuatro al ejecutivo. En regímenes parlamentarios, se precisa de mayoría para gobernar. El Reino Unido, España, Italia y Alemania, por ejemplo, sólo pueden integrar gobierno, previa mayoría legislativa. ¿Los mexicanos, recién llegados a la democracia, pueden permitirse lujos no practican pueblos experimentados, con tradición democrática en el uso de la libertad?

¿México puede librarse de caer en un autoritarismo sin precedentes? Ojalá sí. La marcha es un ejercicio en la dirección correcta, aviso de la toma de la sociedad del quehacer nacional. Recordatorio a autoridades elegidas y burocracia designada son servidores, no amos de la sociedad. Los políticos entiendan este mensaje tienen futuro por delante. La marcha es un paso, mas la sociedad no puede esperar ocurran cambios sin un ambiente de vigilia y participación cotidiano. En el mejor sentido, la sociedad debe permanecer vigilante y activada. Es la congruencia individual de cada manifestante la que, sumada, decidirá el giro de las cosas.

Suponer que los maleantes que desgobiernan ciudad, estados y nación cambiarán por una marcha es mucho esperar. El peor desenlace de la marcha sería que se convirtiera en medio para evaporar tensión ciudadana y hasta ahí. Los mexicanos precisan tener claro que el jefe de gobierno del Distrito Federal, es un pirómano cuya trayectoria política está fuera, no dentro de la ley. Que se rodea de hampones, sus iguales. Así pues, la delincuencia organizada brota del gobierno y éste nada hace o hará por atajar a sus similares. Es lógico que haya calificado la marcha como «amarillismo» en desconocimiento del idioma, el significado y la realidad.

La marcha será exitosa en la medida los desgobernantes se asusten ante la perspectiva de una sociedad alerta, reunida para dar los siguientes pasos si sus empleados no entienden el mensaje. La marcha, pues, equivale a advertencia de despido hacen los patrones la sociedad, si los flojos, incompetentes y pillos empleados en la cosa pública no se enmiendan ya. Por el bien de México, ninguna autoridad debe sentirse demasiado cómoda y segura en el puesto en momento alguno.

La lección de la marcha es, pues, excelente, sólo en la ciudad de México se congregaron en forma voluntaria entre medio y un millón de ciudadanos libres a manifestar voluntaria, silenciosa y ordenadamente su repudio a la actuación de las desautoridades. Su perfil es sencillo: son quienes pagan impuestos ¡y pueden dejar de pagarlos si los desgobernantes no actúan! En concreto los prediales y agua en el DF. Esta fue la mayor marcha jamás registrada en la historia de México y sintomático haya sido: voluntaria, ordenada y silenciosa. La próxima será: voluntaria, ordenada y contundente.

Andrés Lozano alozanoh@msn.com

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