July 2 2004

El Festejo

Por Julio Cisneros

Estamos en casa de la familia Alcaraz, celebrando no se por qué suertes el cumpleaños de un tal Seferino; bien podrían decir que vine de gorrón, pero la verdad es que se soltó la lluvia y mi primo Felipe Gutiérrez que conoce a medio pueblo cayó en la suerte de traerme a un festejo. Escuché a una de las señoras más emperifolladas y bailadoras que el mariachi ha estado tocando desde la mañana, me parece que es la hermana o esposa del festejado porque a cada rato lo abraza y brinda con él. Apenas tenemos un par de horas aquí y me ha tocado ver como los ponches de granada y mora se han ido agotando lentamente en los garrafones, algunos invitados optan por cerveza otros por vinos de etiquetas que nunca he visto, dicen que son importados; la mayoría le entran al ponche o al tequila. La lluvia de ésta tarde se soltó como las buenas de agosto y cada rato arrecia más; yo me senté en un equipal de cuero a ver como se agitan los granados del patio. Esta es una casa de esas con arcos en los pasillos y amplios cuartos a los lados, tiene muchas plantas al rededor y un patio grande en medio, una casa como las que siempre me han gustado pero que nunca podré comprar. La entrada a la cocina deja una puerta entreabierta que lleva a unas escaleras que mueren en la azotea; no sé por qué me he entretenido viendo jugar a los niños que se asoman por la ventana y avientan servilletas al aire como si fueran palomas de papel.

En la mesa del festejado ya se pararon todos a cantar y acabo de comprobar por el beso apasionado, que la emperifollada es esposa del tal Seferino y ahora cantan una que dice, “te voy a dedicar otra canción a ver si me devuelves tu cariño, ya vengo de rezar una oración a ver si se compone mi destino…”

Pienso que se va a terminar el ponche y no va a dejar de llover, yo estoy mareando un vasito del ponche de mora que salió un poquito dulce pero muy bueno, veo las macetas a los lados de las escaleras y me acuerdo que a mi abuela también le gustaban las plantas. Ella siempre tenía helechos, malvas, alcatraces, crisantemos, orégano, perejil, hierba buena, ruda, y no sé que tantas más que también le servían para sus remedios, que amargos y pucherozos pero siempre nos curaban. Se me ocurre que al tal Álvarez Bravo le hubiera gustado estar aquí en mi lugar para guardar en una de sus fotografías este irremplazable momento del jardín del festejo. Yo por mucho que hable y siga hablando por el ponche si no deja de llover, no podría mostrar justamente lo que mis ojos ven.

Creo que si pudiera escoger a un par de buenos artistas de esta tarde saldría llamémos un Tamayo o una escena de esas películas que luego Figueroa llevaría al extranjero, de esas que les gustan a los gringos y europeos y que les hacen querer un poco a México. Yo creo que ni Gerzo, ni Gorotiza previeron el lugar donde encontrar el arte porque la vida por accidente nos enseña los espacios que trascienden. Que bonito me salió eso, pero creo que es el ponche de mora, yo ni artista soy y la lluvia no escampa para irme.

Alguna niña se cayó por ahí y ahí va llorando por el pasillo para que le atiendan el raspón y limpien la sangre. Creo que a ratos mengua la lluvia pero me da pena salir a buscar a mi primo Felipe para irnos a la casa, alguna gente ya se esta retirando con las sombrillas, dicen que no pueden faltar a la misa de siete. Hace rato pensaba que mi hermana la solterona iba a llegar a la casa con sus dos escuincles y no nos iba a encontrar; es que a este pueblo solo llegan camiones cada dos horas y si no la demoró la tormenta ya debió haber llegado. El mariachi ya siguió con Lucero de la mañana y ahora se soltaron con un zapateado de los buenos. Creo que se están levantando los ánimos en la fiesta. Yo me estaba haciendo el despistado en este equipal pero ya vino una mujer a invitarme a zapatear, me dio pena el que nomás aguantara una pieza, es que mis corvas no aguantan mucho esos trotes y se me complica el zapateado.

Ya no tarda en oscurecer y me imagino que ahorita va a venir Felipe a buscarme. Para mi sorpresa creo que veo a mi hermana entrando por el pasillo hecha una sopa de agua, viene hirviendo de coraje y dice que con la lluvia se le pasó el pueblo y no se quiso arriesgar a bajarse, así que duró cuatro horas en el camión hasta que dio la vuelta. Dice que se encontró a las señoras de las sombrillas por la calle y le dijeron que aquí estábamos Felipe y yo, párese que les cayó en gracia a los de la casa porque ya le arriman toallas para secarse y le invitan un plato de barbacoa. Ya casi no miro los granados menearse, seguro todavía están agitados pero no los veo porque creo que ya empezó a oscurecer.

Ya vino Felipe, me dice que ando muy alegre, que le he entrado mucho al ponche, a él no le hace mucho el alcohol, yo ya no me acuerdo que le respondí. Creo que le dije que el mariachi va a seguir tocando gratis mientras no se quite la lluvia, no quieren mojar los instrumentos y yo festejo por eso, le digo a Seferino al pasar que para mi cumpleaños haré una fiesta como la de él y que está previamente invitado, el me lo agradeció de mano y se fue riendo.

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