July 2 2004

Comentario

Brutalidad Policial

Por Humberto Caspa, Ph.D

Alguien se preguntará, ¿por qué en cada episodio de brutalidad policial la víctima casi siempre pertenece a las minorías sociales? Ya sea latino, asiático o negro. Y qué casualidad, el que comete el acto de abuso, el que golpea sin vacilación o miedo, en la mayoría de los casos pertenece al grupo étnico mayoritario. Sucedió algunos años atrás con Rodney King y ahora con Phillip Watson. ¡Váyase a saber cuantos más fueron las víctimas! La cifra exacta nunca la tendremos. Los videos que captan los excesos de la policía son dados a la luz pública por casualidad o gracias a las imágenes transmitidas por los medios de comunicación; casi nunca provienen de las fuentes policiales. Al no existir un mecanismo confiable de control interno en las diversas dependencias del LAPD, la falta de pruebas de abuso de autoridad hacen suponer erróneamente que no existen irregularidades dentro de su seno. El reciente suceso pone en tela de juicio nuevamente a los miembros del LAPD y sobretodo a la institución en su conjunto.

Tanto el Jefe del LAPD William Bratton como el Alcalde James Hahn no solamente le deben a la población Angelina un proceso transparente de enjuiciamiento penal en contra de los involucrados en este último atropello contra Phillip Watson, sino que también tienen la responsabilidad de evitar otro suceso similar en el futuro.

La brutalidad policial, más allá de ser un problema individual, es una cuestión institucional. Culpar enteramente por esos actos reprobables a los policías que se prestan, por una u otra razón, a la ilegalidad y al abuso, es simplemente condonar a un sistema que propaga la irresponsabilidad y en muchos casos la ilegalidad. Por lo tanto, las autoridades, aparte de someter a los involucrados a las cortes, deben proveer de mecanismos idóneos para que los oficiales del LAPD sepan desen-volverse en poblaciones caracterizadas por la diversidad multicultural y étnica. Es decir, iniciar un programa de concientización social.

En el pasado, hubo programas de este tipo y se realizaron con mucho éxito. Después de la tragedia que ocasionó el veredicto fallido de Rodney King, el sistema de colegios comunitarios y las universidades de California establecieron programas de autogestión que fomentaron el reconocimiento a la diversidad. El objetivo de los mismos estaba centrado en elevar el grado de conciencia ciudadana de los estudiantes con relación a cuestiones étnico-culturales. Las autoridades eran conscientes de las consecuencias negativas que podía haber causado el veredicto fallido en los planteles estudiantiles. En tal forma, establecieron unas clases enfocadas para analizar las relaciones de los diferentes grupos étnicos del país. En el Orange Coast College de Costa Mesa, donde participé como profesor, dichas clases tenían el nombre de “Estudios Étnicos” y en la Universidad de California, Irvine, se llamaban “Relaciones entre las Mayorías y Minorías Sociales”.

Como su nombre lo indica, en los dos casos el objetivo de estas clases era elevar el grado de conciencia social del individuo a través de un análisis profundo de los problemas congénitos a las diversas etnias y grupos culturales. Al final, el estudiante era capaz de entender la dinámica de esos problemas. Además, ese grado de entendimiento y concientización le daban la oportunidad de proceder de una manera apropiada en situaciones difíciles, altamente determinadas por elementos étnicos y nacionales.

En este sentido, el Jefe de Policía del LAPD William Bratton, el Alcalde de Los Angeles James Hahn, y las demás autoridades pertinentes, tienen una gran oportunidad de finalmente solucionar el problema de abusos de autoridad desde sus raíces. De inicio, la situación requiere un enfoque institucional. Recordemos que los policías son partes de un todo y el comportamiento de ellos está prácticamente determinado por reglas institucionales –explícitas e implícitas— que muchas veces incurren en la ilegalidad.

Años atrás, un estudiante (policía) que había tomado la clase de “Estudios Étnicos” en el Orange Coast College me decía. “Esta clase debería ser ofrecida en todos los departamentos de policía”. Obviamente este estudiante-policía aceptó los problemas en su institución y sintió que éste tipo de programas ayudarían a su departamento a un mejor entendimiento con la sociedad. Por supuesto que sería un gasto oneroso para el estado estar mandando a todos los policías a tomar unas clases en las universidades públicas. Sin embargo, las autoridades pertinentes pueden establecer programas de concientización dentro de sus instituciones, sin necesidad de incurrir en altos costos.

Humberto Caspa, Ph.D., especialista en temas políticos y económicos.

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