July 1, 2005

Los derechos indígenas son grave problema

La ganadora del Premio Nóbel de la Paz Rigoberta Menchú estuvo en Tijuana

Por Pablo Jaime Sainz

La situación de las mujeres mixtecas en Tijuana es similar a la que vivió Rigoberta Menchú en su nativa Guatemala: discriminación, racismo, hambre, violencia y pobreza.

Pero las personas indígenas enfrentan estos males no sólo en México, sino en toda Latinoamérica, indicó Menchú durante una conferencia sobre los derechos humanos de las mujeres patrocinada por la Universidad de Tijuana, que se llevó a cabo el 27 de junio en el Hotel Camino Real.

La ganadora del Premio Nóbel de la Paz en 1992 dijo que mientras continúe habiendo un patrón de discriminación, los indígenas de las Américas continuarán pagando las consecuencias.

Durante la conferencia, Menchú, quien nació en 1959 en el pueblo maya quiché de Chimel, Guatemala, también indicó que la inmigración de Latinoamérica a los Estados Unidos no pararía hasta que los países latinoamericanos comiencen a desarrollar un sistema económico que sea más inclusivo.

“Todo modelo económico que no tenga un rostro social o una intención social es una economía nefasta; nuestros países no son pobres, son empobrecidos permanentemente”, afirmó Menchú, quien debido a su activismo en Guatemala tuvo que escapar a México en 1980.

Menchú criticó la política migratoria de E. U., alegando que viola los derechos humanos.

“Es absurdo pensar que un muro pueda resolver el problema al separar familias. Pueden haber muchos muros y no resolverán el problema mientras no haya alternativas de desarrollo económico en nuestros pueblos. La historia no puede detenerse”, aseguró.

La líder indígena dijo que la violencia en contra de las mujeres es un problema creciente en toda Latinoamérica, especialmente en Guatemala.

“Parece como si fuera una campaña permanente en contra de las mujeres”, aseveró Menchú, quien añadió que las mayorías de las veces esa violencia inicia en la misma familia.

Vestida en un típico traje maya quiché, Menchú indicó que la última vez que estuvo en Tijuana fue hace seis años.

“Me siento muy feliz de estar de regreso en Tijuana donde he pasado grandes momentos, he estado varías veces y he ofrecido algunas conferencias”, dijo.

Menchú ahora vive en su nativa Guatemala, pero indicó que extraña México.

“Viví en México por 20 años”, afirmó.

A pesar de que durante la conferencia en Tijuana Menchú siempre estuvo sonriente con el público, detrás de ella hay una historia llena de dolor y violencia, comenzando en su pueblo en Guatemala.

Fue durante los ’70 y ’80 que las tensiones entre los indígenas y los guatemaltecos de piel clara fueron creciendo.

La joven Menchú se involucró en el movimiento en contra de la opresión, y alentaba a otros indígenas a resistirse.

Miembros de su familia, incluyendo sus padres y un hermano, fueron asesinados por el gobierno de manera violenta: su hermano fue arrestado, torturado y asesinado por el ejercito; su padre fue asesinado por la policía en la embajada española luego de que él y otros campesinos la tomarán a la fuerza; su madre murió después de ser arrestada, torturada y violada.

Su activismo la forzó a buscar asilo en México en 1981, a la edad de 21 años.

En 1983, narró su vida a Elisabeth Burgos Debray, y eso se convirtió en la base para el libro titulado “Rigoberta Menchú, Así me nació la con-ciencia”.

Una vez que estuvo en México, Menchú se convirtió en una poderosa defensora de los derechos de los indígenas, especialmente de las mujeres.

No fue hasta 1988 cuando pudo regresar a Guatemala donde continúo su lucha.

Recibió el Premio Nóbel de la Paz en 1992, año que marcó el 500 aniversario de la llegada de Colón al hemisferio occidental y el inicio del genocidio europeo en contra de los indígenas.

Durante su discurso de aceptación, Menchú dijo que aceptaba el premio a nombre de todos los indígenas de las Américas.

Durante su visita a Tijuana, Menchú afirmó que la lucha por los mismos derechos para los indígenas se mantenía viva.

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