January 28, 2005

Comentario

Aguantar Otros Cuatro Años

Por Humberto Caspa, Ph.D.

Con bombos y platillos, el Presidente George W. Bush reinició otra temporada en la Casa Blanca el día jueves. El clima de inestabilidad y zozobra que predominó en la gente hace cuatro años, esta vez, no fue tan marcada. A diferencia de la primera inauguración, el Presidente y su esposa, aunque con mucha vigilancia por agentes del servicio secreto, pudieron incluso salir de su auto novelesco y saludar efusivamente a la gente que se presentó para rendirle homenaje.

En su mensaje inaugural sentó una posible agenda que dejó boquiabiertos a quienes lo escuchamos por los diferentes medios de comunicación. El presidente hizo entrever que las contiendas bélicas en Afganistán e Irak son sólo el comienzo de una estrategia global por la democracia. “Es la política de los Estados Unidos de buscar y apoyar el crecimiento de los movimientos democráticos e instituciones en todos los rincones de cada nación y culturas diferentes. Nuestra meta final es terminar la tiranía en el mundo.”

El presidente conoce bien la situación que se presentará en los próximos cuatro años de su gobierno. De entrada, ya sabe que por lo menos el 53% de la población está en desacuerdo en la forma como gobierna al país. Lo anterior de acuerdo a unas encuestas publicadas a inicios de esta semana. En tal sentido, muchos de esos encuestados no están de acuerdo en la infiltración de contingentes militares en otros países.

Inicialmente, la contienda bélica en Afganistán tuvo bastante éxito en términos de apoyo político al presidente. No solamente la mayoría de sus conciudadanos demostraron simpatía con su maniobra, sino también los países aliados y la comunidad mundial demostraron ser complacientes. Sin embargo la guerra en Irak, a pesar de que gran parte del electorado nacional se resignó a la utilización de la fuerza, no ha sido una carta totalmente venidera para el presidente. En este momento esta guerra es el tema discordante entre su gobierno, y un porcentaje altísimo de la población norteamericana.

Ahora el Presidente insinúa, como sucedió en Irak, los Estados Unidos no escatimarán la fuerza para cambiar el carácter de algunos regímenes autoritarios. Me pregunto si en esa lista de gobiernos dictatoriales están incluidas las autocracias del Medio Oriente, concretamente Arabia Saudita, Kuwait y otros países teocráticos islamitas, con quienes el gobierno de Bush ha tenido negociaciones económicas desde hace muchos años. Recordemos que una gran parte del petróleo proviene de los pozos de Arabia Saudita.

Asimismo, me pregunto si esa lista tácita incluye al presidente de Pakistán Pervez Musharraf, quien ha subido al poder gracias a un golpe de estado. Por consiguiente, su gobierno es considerado dictatorial, indemocrático, que no está pegado a las leyes de los derechos internacionales. Sin embargo, el gobierno de Bush ha mantenido “buenas” relaciones con su homólogo de Pakistán debido a que su gobierno ha demostrado ser un buen pescador de las fuerzas subversivas del Taliban, del grupo Al-Qaeda y especialmente en la búsqueda de Osama Bin Ladin.

Incluso, el apoyo de Bush al gobierno dictatorial de Pervez no sólo ha sido simplemente material y logístico sino también legal. Como a ningún otro país, el gobierno de Bush le ha condonado a miembros del equipo de bombas atómicas de Pakistán, y al gobierno de ese país en su conjunto, por las supuestas ventas de armas nucleares a otros países, especialmente a aquellos que no deploran el terrorismo.

La visión de Bush para sus próximos cuatro años nuevamente está enmarcada dentro de un nudo de políticas de estado que tienen dobles-estándares. Es tiempo de que el gobierno de nuestro país no discrimine a los enemigos. Tanto los regímenes autoritarios de los reyes de Arabia Saudita, como el gobierno de Pervez en Pakistán son dictatoriales. Y por ende, no solamente necesitan del repudio de nuestro presidente, sino una política que cumpla los ideales democráticos. El Presidente tiene que ser más exacto con lo que dice, ¿no crees?

Humberto Caspa, Ph.D. Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos.

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