January 26, 2001


Los Legados del Tratado de Guadalupe Hidalgo

Por Florencio I. Zaragoza

El Tratado de Guadalupe Hidalgo, oficializado el 2 de febrero de 1848, puso fin a la guerra que entre México y Estados Unidos se llevó a cabo a mediados del siglo antepasado. Este episodio violento entre ambos países, es conocido también como la Guerra del 47.

La Guerra del 47 se debió fundamentalmente a la ambición expansionista de Estados Unidos que aprovechó en el momento oportuno la debilidad financiera y la falta de unidad política y de madurez en las instituciones que presentaba el país del sur en el siglo XIX, para ampliar su territorio en forma considerable y fortalecer su desarrollo económico con los recursos naturales de las tierras conquistadas que abrían un mundo de posibilidades comerciales al extenderse hasta el Océano Pacífico.

Vistos los hechos en forma retrospectiva, queda claro que Estados Unidos buscó la guerra con México. Texas —bajo control de los inmigrantes estadounidenses— se había independizado de la Federación mexicana en 1836 con base en una decisión unilateral nunca reconocida por el gobierno de México. Estados Unidos decidió la anexión de esa entidad mexicana y ello generó confusión en el status jurídico y político de dicha entidad. En medio de ese estado de cosas, Estados Unidos provocó un incidente con las fuerzas armadas mexicanas que resguardaban la frontera, para declarar formalmente la guerra a su vecino.

A consecuencia de la desigual guerra México perdió la mitad de su territorio. La porción negociada incluyó a los estados de Texas, California, Nevada y Utah, la mayor parte de lo que ahora son Arizona y Nuevo México, y partes importantes de Colorado, Wyoming y Oklahoma.

Tanto la guerra como el tratado dejaron un legado de hostilidad y conflicto entre ambos países y, también, un legado de discriminación hacia los mexicanos que se quedaron en el territorio incorporado a este país, quienes a pesar de convertirse en ciudadanos estadounidenses fueron desdeñados en todos los aspectos, violando derechos básicos —como el de propiedad— que el tratado les otorgaba.

Producto de esta guerra éticamente injustificable para Estados Unidos —que dañó severamente el orgullo nacional de México y conmocionó su identidad apenas en proceso de formación— y de los legados antes mencionados, el Tratado de Guadalupe Hidalgo, a ciento cincuenta y tres años de su firma sigue siendo controversial y sometido a constante análisis por parte de historiadores y estudiosos de las ciencias sociales.

Prueban lo anterior los simposios que año tras año se realizan en universidades de ambos países y los interesantes libros y documentales que se han producido. En ellos se ve con claridad que la herida provocada a México y el trato dado a las comunidades mexicana y chicana de este país por la mayoría euroamericana, aún siguen lastimando.

El pueblo de Mexico llamó con su voto el 2 de julio de 2000 a una nueva manera de conducir el país en lo interno y a una nueva relacion con Estados Unidos en lo externo. Una relación que no pretende anular el pasado, sino construir un futuro basado en el desarrollo de ambos países y el respeto a sus ciudadanos. Para que esto suceda, habrá que transformar lo que hoy es una relación de interdependencia enfáticamente asimétrica —tanto entre países como entre poblaciones— con marcadas ventajas para Estados Unidos, en una relacion equitativa entre iguales. Ello es un enorme reto para el nuevo gobierno de México, empero, lo que se avance en este sentido, ayudará sin duda a cerrar las heridas en esta era de globalización acelerada.

(Florencio I. Zaragoza, Mtro. en Estudios Latinoamericanos, es actualmente coordinador del Proyecto México en Pima Community College y presidente de Fundación México en Tucson, Arizona. E-Mail: fzaragoza@aol.com)

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