January 21, 2005

LA TERCERA OLA POLITICA EN AMERICA LATINA

Por: Manuel R. Villacorta O.

Los detallados informes de los organismos internacionales y las cada vez más reiteradas protestas populares, evidencían sin duda alguna que la calidad de vida de los latinoamericanos (tradicionalmente precaria) está degradándose vertiginosamente. Mientras tanto, la mayoría de gobiernos no dan muestras de capacidad para revertir la situación.

La pobreza, el desempleo, los altos índices de violencia (común y organizada), la corrupción política, el narcotrafico y la lesiva expansión de sus dominios, así como el incontrolable crecimiento poblacional, anticipan que a corto plazo las crisis sociales, económicas y políticas en la región habrán de exacerbarse a niveles nunca vistos.

Transformar la situación estructural de America Latina ha sido siempre un gran desafio, pero con el transcurso del tiempo se ha demostrado que todas las estrategias de desarrollo han estado limitadas por la poca efectividad. Dos han sido los efectos mas lamentables de las citadas intenciones: no se logró eliminar el sufrimiento de varias generaciones y se perdió un valioso e irrecuperable espacio temporal de reforma social. Si hoy se implementaran estrategias exitosas habría que esperar mucho tiempo para cosechar los beneficios. Según expertos esto implicaría unos 40 años (dos generaciones).

La primera ola política. Amparándose en la guerra fría los grupos de poder locales (nacionales) y los intereses geopolíticos de Estados Unidos en la región, impulsaron la institución de implacables dictaduras militares. Fue la epoca del “Estado benefactor contrainsurgente” caracterizado por favorecer instituciones públicas fuertes y la inversion social, como medios para contrarrestar el auge de los movimientos guerrilleros y la izquierda social demócrata que cobraban cada vez más protagonismo y simpatía social. Una vez concluída la guerra fría, se inició el desmantelamiento de las citadas dictaduras.

La segunda ola política. Fueron surgiendo diversos procesos de transición que permitieron la instauración de las llamadas “democracias incipientes” de clara tendencia neoliberal. Se contrajo el gasto social, se redujo el aparato gubernamental y se privatizaron las empresas públicas. Surgió el multipartidismo extremo, fragmentando rápi-damente el sistema político en la mayoría de las naciones. El error más grave fue considerar que el “mercado” era todo para la economía y que las “elecciones” eran todo para la democracia.

Los efectos fueron fatales: se exacerbó la ofensiva disparidad en el ingreso, se propagó la pobreza como nunca antes, la violencia (común y organizada) empezó a golpear a todo tipo de ciudadanos (incluyendo niños, mujeres y ancianos) y la corrupción política casi siempre ligada al ascenso de la narcoactividad, alcanzó niveles alarmantes. El intento por consolidar la democracia en la región fracasó, generándose con ello un masivo descontento social hacia el ascenso de los civiles al poder.

La tercera ola politica. Después de militares y “polí-ticos liberales”, America Latina esta inclinándose hacia los gobiernos de centro-izquierda. Estos plantean la importancia del sistema fiscal como medio para favorecer la redistribución de la riqueza. Valoran la inversión social en educación y salud, y no vacilan en externar sus reservas hacia la globalización, la internacionalización de la economía y el libre comercio. Hasta el momento no han dado muestras de confrontación hacia el capital local o transnacional (con expropiaciones, por ejemplo).

Lo evidente es que estos gobiernos poseen inmensos desafios sociales, potenciados por una creciente pobreza, promotora de insatisfacción generalizada.

Asimismo, carecen de recursos suficientes (económicos y humanos para enfrentar tan graves demandas. Aunque no imposible, se torna muy difícil el reto de transformar el angustiante cuadro que América Latina proyecta.

Si la izquierda democrática fracasa se creará un “vacio de esperanza social”, ya prác-ticamente no habrían alternativas políticas para la región.

Entonces sí, los agoreros de la “africanización de América Latina” podrían sentirse satisfechos, la historia les habría dado la razón.

Manuel R. Villacorta, doctor en Sociología Política, radicado en Texas. Manuelvillacorta@yahoo.com

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